“Me despertaba y abajo veía como andaban los peces”

En la inundación, subieron sus colchones sobre dos blocks y apenas la libraron.
Adentro de la casa corría el agua como río, dijo  Gregorio Barragán.
Adentro de la casa corría el agua como río, dijo Gregorio Barragán. (Anabel Manzano)

Tampico

La casa de madera y lámina de Gregorio Barragán y Elia Sánchez en La Isleta se inundó “adentro corría el agua como río”, pero no tuvieron dinero para salirse, “nos quedamos en nuestra pecera”. Ellos dicen que los turistas los hicieron fuertes con dos despensas.

“Con este negocio (pesca) no alcanza para pagar renta, la mínima es de unos 800 ó mil pesos en un cuarto pequeño, como para pagarla no hay… por parte de los turistas que vienen a pasear nos han apoyado dos veces con despensas, es gente de Tampico… del gobierno no, hasta ahorita nadie”, señala Gregorio.

Este matrimonio es una de las dos familias que no abandonaron la Isleta aunque para dormir tuvieron que ingeniárselas.

Cuenta Elia que subieron sus colchones sobre dos blocks y apenas la libraron.

“Me despertaba y abajo veía cómo andaban los peces, comíamos con ellos, teníamos la pecera adentro de la casa”, afirma Elia, “mientras sea pura agua no pasa nada, los vientos sí nos daban miedo… ese ciclón que venía con esta casita allá hubiera quedado en el manglar. Aquí no hay peligro mientras no haya un mal tiempo de esos de aire, estamos tranquilos, pero si viene un huracán tenemos que salirnos”, sostuvo Gregorio.

El domingo pasado, integrantes de una hermandad los visitaron para obsequiarles despensas y la Cruz Roja lo hizo cuando tenían la contingencia encima, sólo que tuvieron que ir por ella hasta el atracadero de Tancol.

“Pues aquí casi no viene el gobierno, vienen reporteros a visitarnos…Aquí llevo toda mi vida, tengo 54 año, nunca he pensado en irme, ésta es mi vida”.

Gregorio se fue hace algunos años a perseguir el sueño en Estados Unidos, pero con la misma se regresó, “aquí es donde me gusta estar”, confiesa.

Ahora comparte un espacio de su parcela con su hijo que ya se casó y tiene un bebé. Ellos son sus vecinos más cercanos.

“Somos felices gracias a Dios, los 54 años que he vivido aquí…siempre han existido dificultades, cada año hay días que a uno le va mal, pero hay días que se acompleta, cada años pagamos 200 pesos de predial, somos puntuales, pero de repente sí se olvidan de nosotros”, refiere Gregorio.

Elia Sánchez y Gregorio Barragán agregaron que se sienten marginados y olvidados por las autoridades de los tres niveles de gobierno, ya que en la pasada contingencia por “Ingrid” ni siquiera se les avisó del riesgo que corrieron, aunque afortunadamente no hubo un impacto directo. Dijeron que esta incertidumbre y olvido los hace pensar en lo injusto que es tener que pagar impuestos, pero no ser apoyados por el gobierno.