“Los ando correteando para que me ayuden”

Afectados por las pasadas inundaciones señalan que se dieron despensas a personas que en realidad no las necesitaban, dejándose de ayudar a los que verdaderamente sufrieron la problemática; otros ...
Rosa fue desalojada del albergue, pero su casa aún estaba inhabitable.
Rosa fue desalojada del albergue, pero su casa aún estaba inhabitable. (YAZMÍN SÁNCHEZ)

Tampico

Rosa Irene Torres tiene 19 años, vive con su hijo de un año y su esposo que se dedica a la albañilería. Hace más de quince días dejaron su vivienda para acomodarse en el albergue del sector Moscú, de donde los echaron el miércoles porque en su calle comenzó a bajar el nivel del agua.

“Ya nos dijeron que desalojáramos ahí porque según ya estaba bajando el agua, pues ni modo, yo no quería porque aquí está lleno de humedad, el colchón se nos mojó y vamos a tener que dormir afuera”, comenta.

Su humilde casita de madera está enclavada casi al fondo de un solar con hierba bien crecida, en la parte de atrás hay un pequeño canal en el que se aún se observa agua, ella cuenta que cuando el Tamesí alcanzó su punto más alto no les quedó más que salir de casa porque el agua entró sin reserva.

Adentro hay montones de ropa tirada, un par de colchones, tres latas de comida, sopas de pasta, una bolsa con galletas de animalitos, un paquete de arroz y rollos de papel higiénico. Rosa se apena porque no puede ofrecerme un vaso de agua y es que no tiene ni para su hijo. “Voy y correteo a los de Sedesol y no me hacen caso, según iban a venir en la mañana y nunca llegaron, aquí estuve todo el día, llevé al niño para que lo vieran, les dije que no podía andar de aquí para allá porque el niño tiene tos y me dijeron `sí mija vamos a pasar’ y no han pasado. Necesitamos apoyo, la mera mera verdad se me trasmina el agua, puse trapos, aquí se encharca y gotea”, relata.

Mientras platicamos Rosa cocina en un anafre, prepara sopa por segunda vez en el día. Por un lado tiene desperdigados artículos de la única despensa que ha recibido desde que inició la contingencia y fue desde que el gobernador visitó parte del sector. “Vamos a comer del mandado, de lo poquito, hace rato hicimos sopa, no hay dinero, mi esposo se fue a trabajar, tampoco tengo luz porque tenemos que pagarla, debemos como 180 pesos y 100 del agua”, refiere. Sin importar sus condiciones y los reducidos metros de su vivienda, Rosa ofreció alojamiento a su amiga Abigail Castellanos Castillo y sus dos hijos, Angie Elizabeth y Giovanni Daniel de tres y un año.Abigail de 18 años es madre soltera, junto con su madre renta un cuarto en la Moscú, pero este mes no les alcanzó para pagar los 700 pesos que les cobran. “Si no nos ayudan qué vamos a hacer, nosotros tenemos que echarle ganas”, señala Rosa.