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Tíbet en México
Vida
después de la muerte
por Verónica Maza Bustamante
Con la idea
de que es necesario renacer para mejorar como individuos y así obtener la paz
mundial, un grupo de monjes tibetanos del monasterio Loseling ha llegado a México
para difundir la cultura de su tierra, ocupada por China desde hace 41 años. Aquí,
una charla sobre la vida y la muerte con el lama Shedrup Gyaltsen, director del
instituto Loseling de México y presentador de la Gira de música y danza sagrada
para la paz del mundo.
Platícame
sobre las cuatro realidades que maneja el budismo tibetano: la vida, la muerte,
el espacio después de la muerte y la reencarnación.
Creemos en la
reencarnación y hay pruebas claras, de investigadores serios, de que ésta existe.
Antes de morir, los grandes maestros nos dicen en dónde van a reencarnar, en qué
ciudad, quiénes van a ser sus padres y cuál va a ser su nuevo nombre, para que
los reencuentren. En otras ocasiones, el niño conoce su vida anterior y dice quién
era antes. El cuerpo es sólo un vehículo que se desgasta con el tiempo; el alma
necesita cambiar de receptáculo para seguir haciendo las tareas que le corresponden.
Después de morir y antes de nacer hay un estado intermedio, llamado Samsara, que
dura 49 días, aunque cada siete existe la posibilidad de renacer. Nadie queda
por ahí, flotando. Cuando la gente tiene energía negativa al morir, ésta permanece
y toma forma. Muchos piensan que es la persona muerta, pero en realidad es la
energía que todavía no se ha diluido.
¿Qué pasa en
esos 49 días?
En ese intervalo
la persona se prepara para llegar a su nueva forma, que se le asigna según su
karma. En cada reencarnación el espíritu aprende determinadas cosas hasta que
llega a ese ser maravilloso que es uno en nosotros y nosotros uno en él, pero
hay que irse perfeccionando. Es como si todos fuéramos una gota del mar que se
evapora, sube a las nubes, se convierte en lluvia y después de pasar por piedras
y cascadas llega a un tranquilo río. Todos tenemos que responder por nuestras
acciones, regresar una y otra vez hasta encontrar la luz.
¿Y qué es
dharma?
Es el sostén,
la base, lo que nos mantiene gravitando y evita que nos vayamos por el lado negativo.
Es un término en sánscrito que significa espiritualidad.
Mucha gente
le teme a la muerte. ¿Qué hacen ustedes para ayudar al moribundo a dar ese paso?
Generalmente
hay un maestro que lo guía a un estado de paz. Es importante la meditación para
realizarse y tener un buen renacer. El pensamiento y las emociones a la hora de
la muerte son tan fuertes que se debe ser positivo y estar muy alerta para reconocer
por cuál etapa se está pasando. Esta preparación te puede llevar a saber quién
eras antes luego de la reencarnación. Quien no está preparado comienza a oler
mal después de unas horas, pero aquellos que murieron dentro del dharma o la espiritualidad,
pueden durar hasta un mes sin entrar en estado de descomposición.
}¿Qué hacen
los tibetanos con los cadáveres?
En la India
los quemamos, pero en el Tíbet se llevan a una montaña muy elevada y se ofrecen
a los zopilotes como regalo.
¿Cómo ha
sido tu educación para llegar a ser un lama?
Para la familia
es un gran honor el mandar a un hijo al monasterio para que se convierta en monje.
A los 17 años decidí dejar todo, la escuela preparatoria y a mi familia, para
convertirme en monje. El nombre que tenía al nacer era otro. Yo todavía estoy
estudiando, porque me falta un largo camino: tenemos que estudiar filosofía durante
20 años para convertirnos en geshi, que es como un doctorado. Después puedes ser
geshi-la y, por último, rimpoché (qué significa "el precioso"), que son la reencarnación
de grandes maestros.
¿Cuántas
reencarnaciones lleva el Dalai Lama?
Lleva 14 reencarnaciones
siendo él mismo. Es la manifestación viviente del Buda de la compasión. Lo cuidamos
y veneramos muchísimo.
¿Sabes quién
fuiste en tu anterior vida?
Todavía no.
¿Cuál es
el panorama actual del Tíbet?
La gente es
muy optimista y cree que la situación va a cambiar, tanto en Tíbet como en China.
Estamos seguros de que algun día volveremos a nuestra patria.
¿Cómo es
la vida de los tibetanos que viven en la India?
No nos va bien
ni económica ni políticamente, pero somos un pueblo muy rico espiritualmente.
Creemos en la relación causa-efecto y en lo que nos dice nuestro líder espiritual,
el Dalai Lama. Nuestra espiritualidad nos hace aceptar los problemas con calma
y serenidad.
¿Las mujeres
pueden ser lamas?
Sí. Hay muchas
en India. Cuando le preguntan al Dalai Lama si él podría reencarnar en una mujer,
contesta que no habría ningún problema, que si es más beneficioso para el Tíbet
que riegue su luz a través de un cuerpo femenino, adelante.
¿Cómo le
hacen para sobrevivir en ciudades tan caóticas como México?
La gente ha
sido muy buena con nosotros, nos trata muy bien y hemos llegado a conformar lazos
fuertes.
¿Cómo es
un día común para ti?
Yo y los demás
lamas tenemos diversas actividades en el Instituto Loseling, como enseñar filosofía
budista y meditación. El budismo no sólo es una religión, sino una forma de vida.
No se trata de cambiar a nadie, sino de expander nuestra filosofía en el mundo.
Loseling es uno de los monasterios más importantes que existen en la India y tiene
un instituto central en Atlanta. En febrero pasado se abrió el de México, ubicado
en Palmas. Todas las actividades son gratuitas (aunque recibimos donativos). Queremos
dar un mensaje de paz porque a fin de cuentas así hemos sobrevivido, gracias a
nuestra cultura y nuestros cantos, que son rituales. Ése es también el porqué
de las presentaciones de las Artes místicas del Tíbet y la Gira mundial de música
y danza sagrada para la paz del mundo.
¿Qué es lo
que más te gusta de México?
Que la gente
está muy abierta a nuevas culturas y lista para aprender. Les encanta sonreír.
Me gusta mucho el chile; la primera vez que fui a un restaurante me serví de tres
salsas en el mismo alimento. Además, soy el primer fan tibetano de Jaime Camil,
que es uno de los mexicanos que más nos apoyan.
¿Ves cercano
el día en que regresen al Tíbet?
Como nuestra
política es la no violencia, no podemos hacer nada para regresar a nuestra tierra,
pero sabemos que todo es posible. En lo particular me gustaría no tener la necesidad
de dormir, porque durante esas horas no se puede ser feliz ni estar luchando por
la causa.
Foto:
Luz Montero
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