¿Gastas la misma energía que consumes?

Para lograr un peso saludable debes tener un balance energético adecuado, es decir, comer la misma energía que gastas en tus actividades.
La energía es el combustible de la vida, pero si se consume en exceso se acumula en el cuerpo haciéndonos subir de peso.
La energía es el combustible de la vida, pero si se consume en exceso se acumula en el cuerpo haciéndonos subir de peso. (Foto: Shutterstock)

Para poder funcionar de manera adecuada, el cuerpo necesita energía la cual obtiene de los alimentos y bebidas que se consumen diariamente. Esta energía es gastada en las actividades que se hacen cada día como ejercicio, caminar, respirar, pensar e incluso dormir.

La energía es el combustible de la vida, pero si se consume en exceso se acumula en el cuerpo haciéndonos subir de peso, por ello debe existir un balance entre lo que se ingiere y lo que se gasta para mantener un peso saludable.

El funcionamiento normal de los órganos vitales representa del 60 al 70 por ciento del requerimiento diario de energía. Alrededor del 10 por ciento de la energía se usa para digerir, absorber y almacenar los alimentos. La energía restante se usa para mover nuestro cuerpo.

En promedio, una mujer necesita 2 mil Calorías y un hombre 2 mil 500 Calorías, pero estás son sólo indicaciones. La energía real que el cuerpo necesita depende del sexo, estatura, peso, estilo de vida y el nivel de la actividad física de cada persona.

Lo importante es mantener un balance energético en que las calorías que ingiere una persona sean las mismas que las que gasta y así mantener su peso.

Ten en cuenta que si se lleva una vida muy activa y se queman más calorías que las que consumen, entonces se perderá peso.

Por otro lado, si se lleva una vida sedentaria y se comen demasiadas calorías, es muy probable que la persona suba de peso con el tiempo o padezca enfermedades cardiovasculares, ataque al corazón, derrame cerebral o diabetes.

Para lograr un balance de energía correcto, la nutrióloga de Alimetría,

Ana Mari González recomienda:

• Comer según nuestras señales de hambre y saciedad.

• No comer por razones como tristeza, ansiedad, alegría, etc. Y sobre todo, parar de comer cuando estamos satisfechos.

• Tener cuidado con las porciones, si es necesario comer en platos más pequeños.

• Realizar actividad física diario.

Por ejemplo, subir escaleras en vez de tomar el elevador o caminar 10 minutos después de cada comida.