Modernidad inhibe las vocaciones religiosas

La Orden De La Visitación de Santa María, sostiene el monasterio de Matamoros, Coahuila, con respeto a los votos de pobreza, castidad y obediencia en oración. 
Las vocaciones han sido olvidadas por las distracciones de la vida diaria.
Las vocaciones han sido olvidadas por las distracciones de la vida diaria. (Francisco Rocha)

Matamoros, Coahuila

Firmes en su fe y consagradas a una vida de oración y claustro, siete religiosas de la Orden de la Visitación de Santa María atienden el monasterio ubicado sobre la carretera Torreón-Matamoros.

Viven de acuerdo a los votos de pobreza, castidad y obediencia, con lo que a voluntad, se alejan de la cotidianeidad del exterior.

 La orden en la Laguna llegó en 1987 a Torreón, para formar una comunidad de caridad que salvara al prójimo a través de la oración y entrega a las reglas de la orden.

Al igual que en otras órdenes religiosas, las vocaciones son pocas y en este sentido, el tiempo de formación es de seis años, tiempo suficiente para que una persona se dé cuenta si es su camino o no.

La persona misma y la comunidad deciden si una hermana es apta para vivir en claustro o no

La vida religiosa es una consagración, esta última palabra quiere decir “separados”, separados del mundo para vivir una vida con Dios.

“Al estar separados del mundo, no es porque el mundo nos estorbe, nos desagrade o nos haya herido como muchas personas piensan, no somos personas decepcionadas del mundo, es un llamado de Dios, de inspiración misteriosa" aclaró.  

La vocación religiosa es escaza porque el mundo le ha ofrecido a los jóvenes tantas cosas que "su mente está embotada", dice la hermana Celia. Ahora ya no pueden vivir sin distractores de su realidad.

Afirma que la modernidad es el factor más determinante para la ausencia de vocaciones religiosas.

“Hace décadas, la forma de vivir de las personas era similar a la de un convento, los jóvenes vivían bajo el amparo de los padres hasta que se hacían hombre y mujer y tomaban una decisión de vida, las familias eran numerosas y unidas, en un grupo numeroso es donde se practican mucho más virtudes y se sabe convivir y compartir mejor".

Las familias de hoy son de dos o tres integrantes, que no conviven y no se fomentan el servicio a Dios y la comunidad

La mayoría de las personas, sobre todo los jóvenes, lo que quieren es acumular posesiones, tener por tener y esos pensamientos los distraen.

"Puede haber la semilla de la vocación dentro de ellos pero ellos no trabajan para construirla, ya no hay ese trabajo que antes hacían las familias”.

Antes, era en la familia donde se gestaban las vocaciones religiosas, en parte porque se fomentaban los valores cristianos.  

La misión como religiosas considera la hermana Celia  que es algo místico, que no se puede definir, ni ver, su dedicación a una vida de contemplación deriva más en logros espirituales.

“Oración y trabajo son la clave de esta vida consagrada contemplativa, de ahí que sea necesario el claustro, ya que es en la soledad donde podemos encontrar a Dios, no en el bullicio, ni en la distracción del mundo" reconoce la hermana.

MANTENER UN CONVENTO  

Las hermanas realizan las labores necesarias para el sostenimiento del monasterio, tales como limpieza general de las instalaciones y de sus celdas, el cuidado de la huerta y de los animales que ahí tienen.

Además de trabajar en la elaboración de hostias, que hacen sobre pedido, en el taller construido para tal fin.

También realizan labores de costura y bordado de vestimentas y accesorios religiosos.