La vida se encargará de reprobarlo

Los chamacos ya se frotan las manos de gusto, con dificultad apaciguan el ansia que les invade ante la proximidad de las vacaciones. Aunque extrañarán a los amigos de la escuela, se reencontrarán ...
La vida se encargará de reprobarlo.
La vida se encargará de reprobarlo. (Moisés Butze)

México

Del 30 de marzo al 10 de abril de 2015 bienaventurados los padres que cuenten con una feriecilla extra para cuando menos ir a los balnearios de Morelos o a los de Hidalgo, como premio para los vástagos que se esforzaron ya no digamos en aprender, sino en no reprobar.

Y los padres que no tengan la fortuna de pasar un rato en compañía de los suyos, chacualeando como patitos cuaracuacuá, buscarán la manera de mantenerlos ocupados y lejos de la vagancia. Ya si bien les va, por la tarde se irán a cascarear a la cancha de fut rápido, esperando a que el grupo de malandros les dé chance, porque es centro de operaciones para darle a cada quien lo que pida: su piedrita, su crack, su chubi de Etiqueta Verde o su línea para que el consumidor se reconcilie con la vida y sienta el paraíso.

Para la madre del Sugus las vacaciones son la oportunidad para que se ponga al corriente en las tareas escolares. Esta semana la maestra de historia la citó a las 9 de la mañana para darle a conocer los cargos que en la secundaria se han acumulado contra su larguirucho bodoque treceañero: la plena edad de la cosquilla, la weva, el aburrimiento en el salón de clase, la necesidad de estar donde sea, menos ahí, escuchando a los maestros perorar y encargando resumir el libro de texto, de la página tal a tal otra.

—No es malo su hijo, señora, pero no cumple con las tareas; el primer bimestre aprobó con 6 de calificación; el segundo le di dos puntos porque medio participó con un tema y apenas logró un 6 nuevamente. Pero cada vez es más rebelde y distrae a sus compañeros. Procure que resuelva el cuaderno de ejercicios, que se regularice con las visitas a los museos que les solicité, y que me entregue el cuaderno de apuntes o no tendrá derecho a examen de regularización y puede perder el semestre.

—Ay, maestra, qué le digo: diario madrugamos para que llegue a tiempo a la escuela, y diario llegamos con retraso. El transporte está infame; los embotellamientos, ni se diga. Y le juro que el chamaco estudia, le encanta todo lo que tiene qué ver con los griegos y los romanos, con los dioses y semidioses de la antigüedad; me pidió, y con sacrificios pude comprarle, un diccionario de etimologías griegas y latinas, y casi termina de leer La Odisea. Pero dice que la escuela le aburre, y ya no quiere venir. Dígame, ¿qué haré con él en casa, solo, con tanto vago en el vecindario? Le digo que cumpla con la escuela, que papelito habla y que si no logra buen promedio no podrá entrar a un bachillerato en la UNAM.

—Pues insístale, señora, y oriéntelo. Lo que el país necesita son ingenieros, técnicos capacitados. No historiadores como yo, que tienen como futuro lidiar en las escuelas con muchachitos rebeldes, hambreados, pésimos estudiantes. ¿Para qué seguir egresando gente que no tiene futuro? Yo preparo mi clase lo mejor que puedo, ¿para qué? Puede ser que no tengan para comer algo en el descanso, pero ahí los verá como zombis en el patio de la escuela, celular en mano buscando el wi-fi de la dirección para bajar juegos de internet, canciones de sonsonete rapero, videos que echan abajo los valores que intentamos inculcarles…

—Pero maestra, ¿qué hacer para que se interesen por las materias, por las tareas? Apenas empiezan y los muchachos ya están hartos de órdenes a las que no le hallan sentido. El maestro de inglés con trabajos rebuzna el español, el de física por las tardes es taxista y de las leyes de Newton no pasan; el de matemáticas medio les explica y solo les atiborra ejercicios que los muchachos no vinculan con la vida diaria. Y así, hasta el infinito.

—Así estamos, señora, y yo no puedo reprobar a todo el que lo merezca, porque entonces la culpable soy yo: que si mala maestra, que si carente de aptitudes didácticas, pedagógicas; el sistema educativo requiere estadísticas que siempre avalen logros, logros, logros, aunque nomás sean en el papel. Si los muchachos llegan tarde, tolerancia y que se incorporen a la siguiente clase. Y la vida se pasa así, en un suspiro, y los muchachos ya descansaron las fiestas patrias, el aniversario de la Revolución mexicana, el de la Constitución, el de la Expropiación Petrolera, y vienen los aniversarios del Día del Trabajo, de la Batalla de Puebla, del Día de las Madres, del Día del Maestro, y descansan el último viernes de cada mes, y las vacaciones de fin de año, de Semana Santa y de verano y se acabó el año escolar. Así que mueva a su chamaco o reprueba.

—Pues me lo traeré cortito en las vacaciones para que consiga los apuntes y se prepare para el examen de recuperación… Ai se lo encargo, para que no repruebe.

—Pues conmigo puede aprobar, pero le juro que si sigue así la vida se encargará de reprobarlo. Por cierto, le entregué el examen, para que usted me lo devuelva hoy, firmado…

—¿Va usted a creer que no me dijo nada el recabresto escuincle, maestra?

—Sacó 2 de calificación. Por eso no se lo muestra. Y el que esté usted aquí habla bien de su hijo: otros traen al hermano mayor para que sirva de alcahuete, o de plano a la pandilla de su colonia para que nos amenacen o ponchen las llantas del coche.

—Pero él sabe, maestra, y sabe más de lo que aquí aprende…

—Le creo, porque no es el único. Pero lo que él sabe aquí no se evalúa. Y créame que yo no decidí esto. Es el sistema educativo vigente. Y de pilón, los muchachos y muchachas están en la edad en que ya quieren andar de novios. Y si así no se concentran en los estudios, mucho menos con cupido enmedio.

—Dicen que en las escuela particulares de los jesuitas desaparecerán las aulas, y que le hallarán sentido a lo que aprenden. Y ya ve, maestra: aquí llevan formación cívica y ética, pero a diario escuchan que alguien robó, pero tantito; que existen los moches en municipios y delegaciones; que del Presidente para abajo las empresas les hacen costosísimos regalos; que gana más un sicario que un policía, que a las grandes empresas les perdonan impuestos y a los contribuyentes cautivos el fisco los trae de un ala, que para cualquier trámite hay que dar “propina”…

—Pues ojalá logren algo los jesuítas, madrecita. Y que luego se aplique a escala nacional. Pero mientras eso suceda, Sugus no se librará de prepararse para los exámenes de recuperación. Y más vale que se apure, porque no habrá vacaciones que le alcancen para ponerse al corriente.

—Pues le apretaré la correa, maestra, aunque los muchachos no son tontos: saben bien que no reprobarán porque eso va contra usted, del director, de la escuela, de la secretaría, de los informes presidenciales. ¡Ya sabe que somos casi el paraíso, ticher, y que hasta el Agente 007 recibe mochada con tal de poner bien al país en su película!

—Pues un gusto saludarla, señora. Y bien, que su hijo lea de griegos y romanos, pero que aterrice su saber entre los mexicanos.

*Escritor. Cronista de "Neza"