Es una “vergüenza” para la sociedad que se dice civilizada

Tiene muchas formas: física, sexual, moral, psicológica o patrimonial, señala la CEM
Las humillaciones están a la orden del día.
Las humillaciones están a la orden del día. (Archivo)

Cuautitlán Izcalli

Una de las expresiones más viles de la violencia es la trata de personas, que afecta principalmente a las mujeres, y que ha sido calificada por el Papa Francisco como "vergüenza para nuestras sociedades que se dicen civilizadas", estableció la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) con motivo del "Día Internacional para la eliminación de la violencia mujeres".

Precisó que la violencia reviste muchas formas: física, sexual, psicológica, moral o patrimonial, y puede manifestarse en humillaciones, burlas, gritos, insultos, amenazas, empujones, golpes, aislar a la mujer o controlar sus salidas, acosarla, forzarla a sostener una relación sexual contra su voluntad, discriminarla laboral o salarialmente, condenarla a la pobreza, obligarla a emigrar, imponerle ciertos parámetros de belleza que la presionan a arriesgar su salud y su vida.

"¡Y qué decir de la violencia que padecen tantas mujeres provocada por el crimen organizado!", refirió en un comunicado.

Destacó las palabras del beato Juan Pablo II: "desgraciadamente el mensaje cristiano sobre la dignidad de la mujer halla oposición en la persistente mentalidad que considera al ser humano no como persona, sino como cosa, como objeto de compraventa, al servicio del interés egoísta y del solo placer".

Los efectos de la violencia son muchos: lesiones físicas, miedo, confusión, desilusión, angustia, dolor, impotencia, soledad, odio, rencor, y a veces, hasta sentimiento de culpa, lo que puede hacer pensar a la mujer que no vale y que no hay esperanza.

Además de herir a la mujer, la violencia lesiona a la familia y a toda la sociedad, ya que acrecienta la falta de respeto a la persona humana, a su vida y a sus derechos fundamentales.

Aunque puede tener diversas causas, es una conducta que se aprende en casa y en la vida social, donde muchas veces se reduce a la mujer al rango de "objeto".

Por eso, para erradicar este mal es preciso educarnos en el ámbito personal, familiar, de noviazgo, de amistades, de estudios, de trabajo y social, para valorar la dignidad de todas las mujeres, hablarles, hablar de ellas y tratarlas con respeto y justicia.

En la edificación de una cultura así, las mujeres tienen un papel protagónico. Cada una debe descubrir su grandeza y vivir conforme a su dignidad, respetándose.