CRÓNICA | POR DENIS SÁNCHEZ

“¿Será que sí nos vayan a atender? ya van a cerrar”

cita en el sat-Casi 10 horas para hacer un trámite

Los nuevos movimientos fiscales hacen que la demanda aumente.

Realizar algún trámite es perder un día laboral o faltar a clases.
Realizar algún trámite es perder un día laboral o faltar a clases. (Francisco Soto)

Tampico

Una mañana muy fría.

Son apenas las 8:00 y en las instalaciones del SAT ya se encuentran alrededor de cien personas haciendo fila.

Para realizar diferentes trámites hay 3 filas: una para dar de alta el RFC; otra para los que ya tienen cita; y los que ya no alcanzamos a agendar de manera electrónica para obtener un “númerito”.

La esperanza es que algún “citado” falte y así poder llegar antes.Esa mañana, acababa de azotar uno de los frentes fríos con temperaturas bajas antes no vistas; las caras desveladas, con sueño, frío, desesperación por no saber a qué hora y qué tiempo tardarás en realizar un pequeño trámite del que te dicen, “no son más de 15 minutos”. 

El primer paso ya se dio: formarse en la fila de los “no citados” y esperar tu turno.

La pregunta para cada uno de los contribuyentes, “¿Qué trámite va a realizar?”, para enviarte a tu sala. 

En un principio todo parece fácil, pero conforme van pasando las horas, las caras de las personas suelen verse más cansadas, con el rostro de desesperación, y mirando a cada rato la pantalla para ver si sale su turno.

Los números no avanzan, te das cuenta que una persona que llegó después de ti, y que realizará el mismo trámite, pasa primero que tú, y uno se pregunta “¿Por qué?”.

La cuestión es que los turnos no van en orden consecutivo, si no que se “brincan” continuamente, y eso es desesperante.

Cuando vez tu turno en la pantalla una sonrisa en el rostro se forma, ya que por fin “te tocó”, pero la triste realidad es que no es así, es el primer llamado de tantos, subir escalón tras escalón hasta llegar al tercer piso, reunirnos todos alrededor de la mesa y esperar otro turno para poder realizar el primer trámite: la contraseña, un par de preguntas y listo. Menos de 10 minutos ese trámite.

Apenas han pasado 3 horas en la espera. 

Ahora a descender para buscar otro turno para el siguiente trámite: la FIEL.

El olor a café y a galletas hace que a tu organismo le dé hambre.

Vas por un poco, es gratis.

Mirar a cada rato el reloj es de todo el día. Las horas avanzan y aquí sin poder concluir el trámite. Dos mujeres platicando sobre la espera tan larga, “ya no alcancé a ir a la escuela ni a trabajar”.

Ella ya tenía cita programada, y aún así, se ha pasado todo el día esperando su turno.

“¿Será que sí nos vayan a atender, que ya van a cerrar?”.

“Pues sí deben atender a todos los que estamos aquí”, contestó.

Ya son casi las 4:00 pm, hora de que el SAT se cierre, en ese momento la desesperación se vuelve más estresante: el hambre, la sed, el cansancio se apoderan de uno; la puerta es cerrada, ya nadie más entra, ahora los que terminan su trámite salen por la puerta de atrás. 

Llega el turno.

“¡Por fin!”, pero a la persona asistente le toca salir a comer, así que tendré que esperar más tiempo. Ya solo hay 6 personas.“Mi turno ya pasó, pero que la señorita salió a comer”, digo.

“Enseguida la atenderemos”, me responden. 

Al fin se encuentra una persona desocupada y me atiende.

Son las 16:45 horas.A llenar datos, otra espera, tomarse la foto, las huellas dactilares, escaneo ocular, al terminar ese trámite, una espera más.

Por fin los documentos.

“Estuve todo el día esperando”, les doy las gracias,  y me voy del SAT.

Son las 17:30 de la tarde.