“Si nos van a fichar, que mínimo nos den seguro”

Yolanda Hernández llegó a la ciudad hace más de 24 años, ha trabajado con varias “patronas” y sabe en que consiste el trabajo.

Monterrey

Cuando llegó a Monterrey en 1992 poco sabía hablar español y menos sobre cómo sería trabajar como empleada doméstica.

A Yolanda Hernández unas amigas le recomendaron que buscara a una “patrona” que la empleara en su domicilio de San Pedro. Se gana bien y a veces “son buenas personas”, le dijeron cuando era apenas una jovencita.

Han pasado 24 años desde que llegó de Tamazunchale, San Luis Potosí, para trabajar como trabajadora doméstica. Su testimonio da cuenta de cómo el trabajo no es tan sencillo y que las esperanzas no siempre llegan en el reconocido municipio más rico de América Latina.

“Es difícil, recuerdo que tuve trabajos donde empezaba a las seis de la mañana y terminaba a las dos de la mañana del día siguiente ¡y que no hubiera fiesta porque peor!”, relata Yolanda Hernández, hoy madre de familia de una chica y un chico.

“A veces no había tiempo ni de comer”, recalca Yolanda evocando su pasado laboral en algunas mansiones de San Pedro en donde era contratada.

Al comienzo, siendo muy joven, no se tiene conciencia de los derechos que como trabajador se tienen, agrega en entrevista en Casa del Árbol, sede de agrupaciones de defensa a las comunidades indígenas del estado.

Ejemplos y anécdotas le sobran. Y cita: “al principio nos pagaban 500 pesos, de aquellos”.

“Había semanas que no me permitían salir de la casa, no había descanso”, “Si andaba de buenas la jefa pues bien pero si se enojaba, para qué quieres”.

Recientemente el alcalde de San Pedro Garza García, Mauricio Fernández, ha retomado su propuesta de empadronar a las trabajadoras domésticas del municipio.

Las jornadas, recuerda Yolanda, incluían la limpieza de hasta siete habitaciones, más los baños y áreas comunes de los domicilios. A la hora de comer –si había oportunidad- se degusta lo que dejó la familia o, bien, había que preparárselo ella misma.

No en todos los casos el panorama es difícil. En su último empleo en el aseo del hogar la “patrona” (como se refiere siempre a la empleadora) le llegó a pagar dos mil 400 pesos por semana.

“Hay gente que te trata bien, la verdad, pero también son muchas las que no porque siempre nos tachan de rateras”, acusa.

Yolanda es hablante de náhuatl de la Huasteca Potosina, aunque sus dos hijos ya no lo practican pues le dicen “que eso para qué”. En Monterrey y su área metropolitana se hablan 56 variantes lingüísticas de las 62 que se hablan en todo el país.

Cuando hay un abuso hacia el trabajador, particularmente perteneciente a una étnica, en San Pedro es difícil encontrar ayuda.

“No puedes ir a la policía, nadie nos hace caso. En una ocasión una señora me aventó mis cosas pa’ fuera y pos’ yo también le aventé las de ella. Antes no sabía mis derechos, hoy no me dejo”, apunta.

La idea de generar un padrón de trabajadores externos a San Pedro, en particular de trabajadoras domésticas, no le parece mala idea. Claro, si este procedimiento viene acompañado de una jornada de trabajo no mayor a ocho horas, un trato digno y un sueldo decoroso.

 “Si nos van a fichar, está bien, pero que nos den seguro, que las muchachas ya puedan tener un horario y un día de descanso obligatorio. Creo que sería lo más justo”, refirió.