CRÓNICA | POR ESMERALDA ROMÁN

El último café

El joven esperaba todos los días con ansias a su amada en la puerta de la escuela para verla de nuevo.

El último café
El último café (Especial)

Tampico

Una tarde de 1991, un día como cualquiera para Antonio, estudiante de segundo semestre de preparatoria, tras salir del Instituto se dirigió hacia el centro de Tampico para ir a "Las chispas", como solía llamar aquella generación a los videojuegos.

Ahí cruzó su mirada con una jovencita de tez blanca como la nieve, grandes ojos, risos de un claro brillante. Ella era Alia, hija de un matrimonio árabe y de familia acomodada.

Ella realizaba sus estudios en otra preparatoria, pero eso no impidió que aquellos dos jóvenes se dieran la oportunidad de conocerse mejor. Cada día Antonio esperaba con ansias el timbre de salida para dirigirse a la escuela de Alia y esperarla a la puerta del instituto para así poderla encaminar a la parada -terminal- del autobús, donde sus padres la recogían para trasladarse a su casa.

Alia no tenía la autorización de sus padres para tener una relación amorosa con ningún hombre, el control de los padres de la joven era excesivo que hasta incluso tenia restringido el teléfono.

"Ella de posición acomodada era casi imposible que sus papas aceptaran a una persona como yo".

Ella procuraba salir temprano del instituto para estar juntos; la salida a una papelería para comprar material de tarea era una oportunidad única para poder verse. Luego las vacaciones llegaban, lo que significaba meses de no poder verse y la pareja ideó alternativas para estar en comunicación continua.

Cuando caía la noche, Alia y Antonio sintonizaban una estación de radio local, en un programa que comenzaba a las doce de la noche y terminaba a las dos de la mañana, por medio de él, la pareja se dedicaba canciones románticas y en las intervenciones se comunicaban a la estación en donde por fin podían platicar.

"Nos dedicábamos canciones por un programa de radio, nos escuchábamos por la radio, ella me dedicó una canción, ´todo lo que hago lo hago por ti´, rememorando la popular canción de Bryan Adams.

Se acercaba la graduación de la preparatoria, la mejor oportunidad que tendría Antonio de jugar su mejor carta para poder obtener la aprobación de los padres de Alia.El evento se llevó a cabo en el Hotel Montecarlo. Ella se lo presentaría a sus padres; la fiesta siguió de manera normal, después de la cena el padre de la joven se levantó de la mesa donde se encontraban para bailar una pieza musical con su hija, quedando Antonio y la madre de Alia en la mesa, él se acercó a ella para comentarle de los sentimientos que tenía hacia su hija, ella con una mirada amarga lo escuchó y lo cuestionó sobre el origen de su familia.

El joven respondió a las preguntas y ella con una voz ácida le dijo que ese noviazgo no lo aprobaba y no podría ser, ya que había un vínculo familiar entre ellos. De ahí le prohibió de manera rotunda seguir viendo a su hija.

Los padres de Alia también le prohibieron cualquier contacto con Antonio. Una semana después de la graduación les permitieron verse para despedirse, ahí acordaron citarse en ese lugar después de seis meses a la misma hora, como una prueba para su amor, Alia se despidió de Antonio, de pronto un sentimiento sofocante la inundó y una lágrima de su ojo deslizó por su mejilla, tras eso lo abrazo y le dio un beso de despedida.

Antonio se dirigió con la mamá de Alia y le dijo que no importaba las circunstancias que tendría que pasar, el seguiría luchando por ella.

Antonio se marchó, de camino a la terminal de autobús, cuando un carro se orilló cerca de él, era el padre de la joven quién le reclamó por las declaraciones que él le había hecho a su esposa.

Meses después, Antonio hizo amistad con la mejor amiga de Alia, Jimena, quien fungió como intermediaria entre ellos llevándole de manera oculta cartas de amor. Así se mantuvieron durante unos meses cuando la madre de la joven le descubrió las cartas de Antonio, enfureció y quemó las fotos, cintas donde le grabó canciones y todo lo que él le había regalado.

Las acciones para su distanciamiento fueron más severas, los jóvenes enamorados no se vieron durante algún tiempo, Antonio cada 14 de febrero salía a tomarse un café, después se iba a caminar al parque como lo había hecho en una ocasión con Alia.

"Era un noviazgo muy sufrido, por las dificultades para estar juntos", relata.

Después de un tiempo una tía de Ali al conocer la historia de ellos, se decidió a ayudarlos ya que se enteró que la joven quiso suicidarse.

Los cito a los dos en su casa donde habló con ellos y les dijo que ya estaban grandes y les prestaría la casa para que se pudieran ver y consumar su amor, pero faltando pocos días la señora fallece quedando inconcluso ese encuentro.

Antonio ya no supo nada de Alia.

"En un 14 de febrero, era desde temprano estar esperando la tarde para irnos a tomar un café y después salir e ir al parque metropolitano a caminar y tomados de la mano compartir un helado, un amor de verdad, un amor puro y limpio"; "Después eso yo lo hacía sin ella caminando en la laguna yo solo... eso para mí era el 14 de febrero".

"Recuerdo que fui a ver la película de Titanic yo solo, yo imaginando, yo simulando, yo alimentando mi mente de que estaba con ella, pero no era así, fue algo muy duro, puedo decir que ella fue algo muy especial, me atrevo a decir que fue el amor de mi vida".

Antonio a causa de ese complicado amor cayó en las drogas y alcohol, después de un tiempo él se acercó a dios logrando su recuperación.

"Yo conocí al seños Jesús en una etapa de mi vida y fue woooow quien me cambio la vida. Fue una etapa en la que el señor me levantó cuando más lo necesitaba".

Los años pasaron y el conoció a la mujer quien la haría su esposa después.

Ocho años más tarde la mamá de Alia buscó a Antonio para pedirle disculpas por los malos tratos que le dieron en su juventud, y le contaron que en dos ocasiones la joven intentó suicidarse.

Primero por redes sociales, y luego por suerte, Antonio la encontró. En un viaje laboral a la Ciudad de México, coincidió con ella en un café, estaba ella sentada sola en aquella cafetería, quedando impresionado nuevamente por su belleza y por la emoción de volverla a ver, se sentó a su lado; él le contó que se había casado y que tenía dos preciosos hijos, ella le dijo que estaba saliendo con una persona, pero que no era nada formal.

Aquel encuentro fue el último que tuvieron, ese fue su última taza de café que pudieron compartir. Después de eso, ellos perdieron contacto alguno por todos los medios. La última noticia que pudo saber de Alia es que su vida giraba en dormir y tomar pastillas excesivamente.

"Ella no siguió viviendo su vida"