Bautistas expulsados, y sus casas destruidas

Representante de esa iglesia narra cómo fueron los hechos en que se expulsó a 50 jehovistas y 25 bautistas de la aldea wixárika
Tuxpan de Bolaños
Tuxpan de Bolaños (Agustín del Castillo)

Guadalajara

Martín Vázquez Mendoza, ministro de la iglesia Evangélica Bautista en la región Huichola, regresó ayer desde Puente de Camotlán a Tuxpan de Bolaños, el caserío donde habitaban sus correligionarios wixaritaris, expulsados en la víspera por el celo de los comuneros que ven en la presencia de la semilla cristiana pentecostal que representa esa iglesia, un desafío a sus “usos y costumbres” y un quiebre para su sociedad, celosa y largamente preservada de los extraños.

“Están destruyendo las casas”, comenta con serenidad al reportero que lo entrevista, por vía telefónica. Es un mensaje claro: no fueron expulsados por un tiempo. Ya no los quieren allí, aunque hayan nacido huicholes.

“El problema fue con dos grupos, los Testigos de Jehová, que son como 15 familias, unas 50 gentes, que expulsaron y se los llevaron por el rumbo de Bolaños, y nosotros de la iglesia evangélica bautista, o cristiana, que nos movimos a Puente de Camotlán; voy a ir ahorita por unos que se quedaron en Tuxpan, pero también a unos de nuestro grupo nos los llevaron a Bolaños, yo calculo en total de 20 a 25 gentes con todo y chiquillos”, refiere.

- ¿La asamblea se reunió y decidió su expulsión?
- No, esto no se tomó en la asamblea, ya lo habían decidido desde el año pasado en asamblea; dijeron que se trataba de tomar medidas de lo que había quedado pendiente, la otra vez que expulsaron a la otra parte de bautistas.

- ¿Y quién tomó ayer esa decisión?
- Yo creo que se tomó entre las autoridades agrarias y tradicionales […] es un buen grupo que se reúne, entre el presidente, el comisariado, el equipo agrario, el consejo de vigilancia, los gobernadores, en fin, toda la autoridad, y ya nomás llegaron y dijeron: saben que, pues ya, desalojen, y para evitar un brote de violencia nosotros obedecemos; en Tuxpan vivíamos en casas dispersas, y generalmente tienden a cierto barrio, tanto testigos como la iglesia evangelica, pero dispersos, no toda la gente vive cerquita.

- ¿Les dijeron que era porque no siguen su costumbre?
- Pues ya ni siquiera nos dijeron, nomás hagan el favor de salir.

- ¿Intimidadores, armados, o todo pacífico?
- Fue pacífico, pero con 100 o 150 gentes, por ahí es fácil que se intimide uno. Y de hecho la fiscalía, la policía, no quiso hacer nada por lo mismo; nosotros les pedimos apoyo, pero tuvieron miedo, creo […] que en un ratito iban, y nunca llegaron.

Vázquez Mendoza vio un patrón distinto en la medida de expulsión, a lo que había sucedido desde hace más de una década. “La otra vez fue nomás expulsar a las personas, váyanse y ya, pero todas sus pertenencias se quedaban y les respetaban las casas; ahora sacaron a la gente, sacaron sus cosas a la calle, y después se fueron contra las casas”.

Desconoce el representante cómo fue que se decidió mover al crucero Del Miguelón, al este, a los jehovistas, para bajarlo a Bolaños y que finalmente fueran recibidos por la comunidad de Testigos de Jehován de Villa Guerrero. Pero explica que ellos pidieron que los dejaran integrarse a la célula comunitaria que –fruto de otros desplazamientos- mantienen en el poblado nayarita de Puente de Camotlán, en el llamado “barrio Chino”. Entonces se movieron a la frontera estatal en sus trocas. Ayer sacaban sus últimos enseres domésticos y veían cómo se derrumbaban las fincas, que apenas dos días atrás, estaban inmersas en el bullicio de la cotidianidad.

“No nos dejan tomar fotos de los restos de las casas, nos prohíben todo eso, es muy difícil; tal vez personas ajenas tomaron fotos, pero nosotros no, nos tienen bien vigilados”.

Los bautistas, hasta la tarde de ayer, no habían recibido la visita de algún enviado de la Comisión Estatal de Derechos Humanos o del gobierno del estado. Saben que están en medio de un conflicto complejo, porque la comunidad wixárika goza de una imagen y una influencia política notable en Jalisco, e incluso, en todo el país. Aunque, reflexionan con cierta perplejidad, ellos son aborígenes huicholes también, que pagan por haber decidido adorar a un Dios distinto al de sus ancestros.

Guardan silencio

Ni la Comisión Estatal de Derechos Humanos, ni la Subsecretaría de Asuntos del Interior del gobierno de Jalisco, ni la Fiscalía General del estado, decidieron ayer algún comunicado oficial sobre la crisis religiosa-social que revive en la parte sur de la comunidad de Wuaut+a (San Sebastián Teponahuaxtlán). Se espera que hoy se dé algún mensaje sobre el delicado conflicto entre los usos y costumbres y los derechos humanos básicos, que persiste en la zona.

SRN