“La Jefa era muy mala, decía a los guardias qué hacer”

Consciente de que salió del albergue sin estudios y ni siquiera copias de sus papeles, Erick no era ni consentido ni bien visto por Mamá Rosa, por lo que él sí desearía que estuviera en la cárcel.
La suerte de Erick no fue igual a la de Issac, lo que le dejó cicatrices.
La suerte de Erick no fue igual a la de Issac, lo que le dejó cicatrices. (Alejandro Alvarez)

Gómez Palacio, Durango

Amenazados para no denunciar la realidad, Issac cuenta que sólo les permitían tres visitas por año, una cada cuatro meses y únicamente eran tres horas de visita.

Antes de ingresar a un apartado donde los aguardaba su familiar, eran sentenciados por uno de los guardias, quien los amenazaba para que no dijeran la situación en la que se encontraban porque les iba peor.

A unos les retiraban las visitas de por vida y los maltrataban.

“Mi mamá me visitaba, me preguntaba cómo estaba, le decía que bien. Ella me decía que estaba muy callado, pero no podía decirle nada, sólo comíamos juntos y luego se iba”, comentó.

Issac, salió al cumplir los 18 años de edad, gracias a un convenio que firmó su madre al momento de ingresar al albergue, en el que se establecía la edad en la que podía ir por él para llevárselo.

Recuerda su último día, “Mamá Rosa” lo mandó llamar, lloró por su salida, le dijo que se cuidara y que se portara bien, se creyó sus lágrimas “Ella se portaba bien conmigo”. Luego le dio unos papeles que a decir de la misma Rosa Verduzco, avalaban los estudios del joven, sin percatarse de que sólo eran copias sin valor.

“No las revisé, lo único que quería era salir de ese lugar”, concluyó diciendo Issac.

CICATRICES DE SU ESTANCIA

La historia de Erick “N”, quien en agosto cumple su mayoría de edad, fue distinta de la de Issac, ni él ni su hermano de nombre José Santiago, quien pronto cumple 20 años, eran consentidos ni bien vistos por 'La Jefa', como se refirió Erick en todo momento a la directora del citado albergue.

Él ingresó cuando tenía once años y salió a los 16, lleva una cicatriz en su párpado derecho, misma que le fue hecha con  azotes y tras aventarlo a unos barrotes. Su hermano cuenta, también lleva cicatrices y hasta le faltan dientes, las golpizas que les daban los guardias, así los dejaron.

“Se portaban bañados”, dice Erick , refiriéndose a Miguel Ángel Ibarra Valenzuela, alias “El Michael” o “El Orejón” y a David Rogelio Álvarez Murillo, “El Royo”, quienes además eran considerados como los “guarros” de la llamada Mamá Rosa.

Ellos eran los encargados de golpear a todo el que se portara mal o no hiciera alguna cosa que ellos quisieran.

Los hermanos, también visitaron muchas ocasiones el cuarto del Pinocho. Los dejaban ahí hasta que “La Jefa”, decía.

“La Jefa era muy mala, estaba a cargo de todo y les decía a los que guardias qué hacer” recordó.

El menor lleva una cicatriz en su párpado derecho, la cual le fue hecha al azotarlo

Muchos la defienden porque al ser sus consentidos, no los maltrataban tanto, les decía que los quería como a sus hijos. “Pero a nosotros la verdad no”.

Cuenta que su hermano se hizo de los grandes, ya no dejaba que le pegara y se hizo así por tanta 'chinga' que le ponían.

“Se curtió con tanto golpe que le daban y no permitía que nos pegaran, nos defendía”, aseveró.

Nunca figuraron en la lista de consentidos de Mamá Rosa, debido a que José mató a un perro de “La Jefa”, eso le valió para una golpiza inolvidable, pero a partir de ahí se hizo 'grande'.

José salió antes del convenio acordado, el mismo día en que su hermano cumplió los 16, ya que lo corrieron del albergue, no lo querían más ahí. Ahora está en Saltillo, Coahuila, buscando la manera de sobrevivir.

“Yo no me despedí de la señora”, no lo mandó llamar y lo único que quería era salir a la calle. Si con otros lloraba, eran lágrimas de cocodrilo”, jugó en tono burlesco Erick.

“Sí quisiera que la metieran a la cárcel porque por ella hoy estamos así”, sin estudios, haciendo referencia a que a él y a su hermano ni siquiera copias de papeles de sus estudios recibieron, sin trabajo y con ese feo recuerdo.

El único día del año que refiere es distinto a los demás, es el 6 de enero, Día de Reyes, porque les daban de comer tamales, al menos era algo diferente y les regalaban lo que ellos habían pedido, aunque nada que tuviera que ver con comunicarse al exterior, con los suyos.

Su mejor regalo en esa estancia, un violín “el mejor”-dice Erick, “pero me lo quitaron cuando salí del albergue, ya que me dijeron que sólo se podían quedar con las cosas quienes se quedaban ahí encerrados” -lo declaró en tono triste-.

Saliendo de la “guarida” de la Gran Familia, Erick, ha trabajado con su padre, quien es trailero, él lo enseñó a manejar y a veces trabaja en ello.

Al cuestionarle a Erick “N” de alguna depresión por ello, sólo suspiró y dijo que a él le gustaba la libertad, nunca le gustó estar encerrado.