Cirugía Taurina: la ciencia médica en la fiesta brava

Especialistas en esta rama deben resolver las lesiones causadas por las astas del toro. Las cornadas pueden dejar varias trayectorias de más de 30 centímetros, lesiones y traumatismos diversos.
La incidencia de lesiones es alta. En Guadalajara se dan ocho novilladas y diez corridas de toros al año en promedio.
La incidencia de lesiones es alta. En Guadalajara se dan ocho novilladas y diez corridas de toros al año en promedio. (Patricia Ramírez)

Guadalajara

Los ojos de decenas –pueden ser cientos- están puestos en los toros de lidia, el cartel, las faenas, los trajes de luces. No en ellos que, discretos, observan detrás del ruedo. Son los médicos. Un equipo  a cargo de atender las eventualidades de corridas y novilladas, cuyo número varía pero infaltables en las grandes plazas. Y no son cualquier médico, sino especialistas de diversas áreas que se han formado tarde tras tarde en la atención de urgencias de esta fiesta, que le llaman brava.

El título lo da la práctica, pues no existe en el mundo entero una escuela que expide constancia como especialista en cirugía taurina o taurotraumatología, señala Francisco Preciado Figueroa, actual encargado médico de la plaza de toros Nuevo Progreso, en Guadalajara, quien suple al doctor Víctor González Camarena, jefe médico oficial. Esta rama de la cirugía traumatológica está enfocada a atender lesiones causadas por las astas del toro, ya sea un torero lesionado, un aficionado, un empleado de las plazas o las ganaderías, e incluso alguien ajeno que accidentalmente se tope con un toro que ha escapado y sea cornado.

El primer requisito de quien aspira a ser médico de plaza “es ser aficionado a los toros”, opina Preciado en entrevista con MILENIO Jalisco. Su especialidad es otorrino-laringólogo, pero además tiene entrenamiento en Urgencias Médico-Quirúrgicas, trauma facial y en cuello. 

Los cirujanos taurinos se agremian en el Capítulo Mexicano de la Sociedad Internacional de Cirugía Taurina –que preside  Jorge Uribe Camacho- y que en la actualidad cuenta con setenta miembros. “No somos muchos, pero tampoco pocos. Las principales plazas del país tienen un equipo médico bien constituido”, apunta Preciado Figueroa. Hay interés también de formación y actualización, por lo que anualmente celebran un congreso, cuya edición XXVIII tuvo lugar a mediados de este mes en Pachuca, Hidalgo. 

El entrevistado, con diez años de ser jefe médico de la Unión de Picadores y Banderilleros y cuatro en el equipo de la Nuevo Progreso, narra que ha visto un número incontable de cornadas. De toda índole. Él es la cabeza de un equipo conformado por quince personas entre urgenciólogo, cirujanos generales, traumatólogo, cirujanos cardiovasculares, anestesiólogos y enfermeros, quienes se dividen en dos grupos en el callejón tras el ruedo, y un tercer grupo que permanece en la enfermería, todos listos a dar la primera atención en minutos críticos. 

A falta de quirófano en las plazas de México –como en España- otros especialistas, desde gastroenterólogos a urólogos según la lesión, se integran en los hospitales sede a donde se refiere al paciente cornado  tan pronto se estabiliza. 

En temporada grande el equipo médico está en la plaza cinco horas antes de la corrida. Supervisa instalaciones y equipo en la enfermería así como a los participantes (deben estar en condiciones aptas y no bajo influjo de alcohol y drogas). Luego quedan al pendiente de incidencias mientras haya movimiento en la ganadería. Tras el sorteo de toros –turno y torero- hay un espacio libre antes de que empiece el festejo. A las 16:30 horas los médicos están ya en el callejón. Hay momento de tensión, que aumentan en tanto más reflectores se tienen en el ruedo, por la figura misma que torea. Si se presenta una cornada, los monosabios son quienes levantan y sacan al torero.

Los médicos le inmovilizan, lo colocan en camilla rígida, se evalúan y contienen lesiones en el mismo callejón. 

“Hay toreros que piden seguir”, narra. Se permite o se disuade, no en función de la cornada que es engañosa. “He visto toreros con heridas de 30 centímetros que siguen toreando y no les pasa nada. Y toreros que con una voltereta no pueden continuar, porque quedan conmocionados, o con una rodilla, un tobillo lastimado y ya no pueden caminar”, ejemplifica.

Tratar una cornada, no es igual que tratar cualquier lesión. Las astas del toro pueden dejar varias trayectorias no visibles y de diverso tamaño 15, 20, 30, 40 centímetros, lesiones y traumatismos diversos; pero incluso una cornada no profunda requiere de técnica quirúrgica que se aprende y perfecciona con la práctica, compete el entrevistado. 

La incidencia de lesiones es alta. En Guadalajara se dan ocho novilladas y diez corridas de toros al año en promedio. Francisco Preciado admite que es una plaza sui generis con alta casuística de lesiones por el tamaño de los toros que se lidian, con más presencia y más trapío. El público tapatío, dice el entrevistado, es exigente. Recuerda que en las novilladas del 2012, en nueve festejos hubo once heridos… la sobrada presencia de los toros, el que no se manipulen los cuernos da prestigio, y ánimos a inexpertos e intrépidos novilleros a saltar al ruedo, con consecuencias, explica.

¿Es la cirugía taurina una rama en extinción?

Francisco Preciado admite que en tanto se prohíba o limiten las corridas de toros y las novilladas, habrá una drástica disminución de la taurotraumatología, cuya práctica se reduciría a las incidencias en ganaderías o corrales. Algo que el encargado médico de la plaza Nuevo Progreso ni como doctor ni como novillero, ni como aficionado a esta fiesta desea, pero sabe del avance que han tenido las críticas enconadas de los defensores de animales. Por lo pronto, la afición  y los médicos taurinos esperan este domingo la primera corrida (una semana después de lo previsto debido al huracán Patricia) con grandes expectativas.


La cirugía taurina


La taurotraumatología o cirugía taurina es una rama de la cirugía traumatológica que se ocupa de las lesiones producidas por el asta de toro en el cuerpo del torero. 

Su evolución está basada en la experiencia acumulada en la resolución de las graves lesiones producidas en el ruedo.

El cirujano Juan Creus y Manso (1828 — 1897) está considerado uno de los precursores de esta disciplina.

Las lesiones que se producen con mayor frecuencia son los desgarros del tejido muscular, rompimiento de nervios, venas o arterias;  traumatismos óseos en grado diverso y las lesiones de la columna cervical a causa de la caída del torero después de la cogida.

La cornada tradicionalmente considerada como más peligrosa es la que se produce en el triángulo de Scarpa, ya que puede afectar a la arteria femoral y a la vena safena, ambas de grosor considerable.

Con los avances en fármacos, traumatología y cirugía vascular, ha disminuido el número de toreros fallecidos en el ruedo, así como los dolores sufridos y el tiempo de recuperación.


Fuente: "Cirugía taurina", Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2007
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