No tenemos la ‘suite’, pero sí hay un sillón kamasutra

No hubo que darle muchas vueltas: 100 pesos son muy buenos como para entrar a un hotel cercano a la Alameda, en el centro de Monterrey.

Monterrey

Se quita la chamarra, el suéter y se desabotona la camisa para que nadie sospeche si alguien lo ve, dice.

La idea es que no noten a un fotógrafo y una reportera en una habitación de motel en Rangel Frías haciendo un trabajo sobre el Día de San Valentín; a Leo le preocupa que alguien nos descubra al fotografiar el lugar, pues la lona azul no tapa por completo la cochera donde dejamos estacionado el carro.

Una persona cobra desde el interior de una caseta con vidrio oscuro y entrega un ticket con el número de la habitación. Junto con el recibo va también una botella de agua purificada, una pequeña bolsa con un sobre de champú y dos paletas de caramelo. Habrá quien le tenga miedo al sabor de boca.

Fueron 250 pesos por la habitación sencilla. Por 100 más hubiéramos tenido acceso a un cuarto más grande con baño de vapor y jacuzzi, y aunque tenemos derecho a permanecer seis horas para hacer lo que se hace en estos lugares, digamos que por esta ocasión no sería necesario.

Un hombre señaló la cochera con el número 270, la que nos tocaba, y se acercó a pedir el boleto. Por alguna razón incomprensible, el fotógrafo decidió que era buena idea estacionarse de reversa, por lo que el personal del motel pudo ver perfectamente la cara de un hombre de unos cuarenta y tantos años y una joven de 23 antes de entrar a la habitación de seis horas, con su botella de agua, el sobre de champú y sus dos paletas de caramelo macizo.

Son alrededor de las 11:00, el hangar tiene varios pasillos llenos de cuartos, la mayor parte de ellos están desocupados. Esto no ocurrirá el Día del Amor y la Amistad. Un guardia de seguridad dice que tradicionalmente los días 14 de febrero hay fila de autos para entrar, por toda la gente que decide festejar la fecha en un lugar como éste.

El miércoles, la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y de Alimentos Condimentados (Canirac) estimó un incremento del 16 por ciento en sus ventas para el Día de San Valentín respecto a las del año pasado. Dudo mucho que hayan contado los consumos en lugares como éste, aunque según el guardia, no son pocas las parejas que tomarán la fecha para escaparse a un lugar de estos.

Se puede decir que el olor entre chicle y body de frutas va bien con las paredes color rojo y los motivos orientales pintados en ellas.

No tenemos la suite, pero sí hay un sillón kamasutra y junto a él, un cuadro colgado en la pared que exhibe múltiples imágenes de un hombre y una mujer desnudos dando una cátedra sobre cómo utilizar el artefacto.

"Si prendemos la tele habrá un canal porno", dice Leo. La expectativa no duró mucho: lo primero que aparece en la pantalla al encender el aparato es un hombre de baja estatura disfrazado de Robin hablando sobre espectáculos en cierto canal local.

El lugar parece limpio: la alfombra se ve limpia, las paredes se ven limpias, los espejos, la sábana y almohadas, los burós, el sillón. Todo luce impecable... hasta que con una capacidad de visión que de momento encuentro sobrehumana, noto desde el otro lado de la habitación un pelo color negro en el lavabo blanco. No, no es un cabello, es un pelo. La diferencia es clara. Al menos no era en un plato de sopa, piensa la optimista.

A Leo le lleva poco más de 15 minutos tomar todo tipo de fotografías de la habitación: generales y detalles, desde la panorámica de la cama queen size con sus dos espejos, uno sobre la cabecera y otro al frente, hasta el diminuto jabón en el baño, que me remite directamente al chiste de "hueles a jabón chiquito".

Cuando termina, mi compañero guarda su equipo, carga su mochila, se echa una mirada en el espejo, se acomoda la camisa y se alista para salir. Después, así nomás, destiende la cama. Que la mucama no vaya a pensar que vinimos sólo a pintarnos las uñas de los pies.

Los precios varían en cada uno de estos sitios, claro está: en la carretera Nacional rondan los 350 pesos según el sitio, mientras que hacia la caseta de Cadereyta son bastante más caros... según me contaron.

Ya entrados en gastos, quisimos ir a otro motel, pero habiendo salido con 500 pesos en la cartera, las alternativas no eran muchas.

No hubo que darle muchas vueltas: 100 pesos son muy buenos como para entrar a un hotel cercano a la Alameda, en el centro de Monterrey, qué bueno... aunque lleva "hotel" el nombre, no es posible entrar en auto. No hay cocheras.

Ni modo, a tratar de entrar lo más rápido posible sin que las encargadas del lugar vean mi cara. El sonido de mis tacones que retumban en las losetas no me ayuda mucho.

A paso veloz cruzamos un lago pasillo de paredes amarillas para buscar la habitación número 9, cosa difícil, pues todas las puertas de los cuartos están abiertas hacia adentro y con la luz apagada de los cuartos. Quiero suponer que todos estaban vacíos.

La pequeña habitación tiene cama, una televisión que en unos meses será inservible por el apagón analógico, una mesa y una silla. El jabón está partido por la mitad sobre la cama, que de hecho, es sobre una base de piedra y está tendida con un cobertor que me recuerda a la recámara de mis tías... Las que viven en Los Naranjos.

Pasa del mediodía. Al prender la luz del cuarto se enciende también el ventilador, lo que sería irrelevante si no estuviéramos a 9 grados de temperatura ni el techo fuera tan alto y el cordón tan corto para poder alcanzarlo. Ya qué.

En el muro hay un clima –bueno, aire lavado– con un letrero que dice "clima". Puntos extras para el decorador.

Me pregunto qué habrán pensado de nosotros las encargadas del Hotel, pues ahí no estuvimos ni 10 minutos.

Sí, también aquí por la Alameda –aunque usté' no lo crea– love is in the air. Hay cientos de negocios, tiendas de regalo, florerías, comercios y restaurantes de todo tipo que el Día del Amor harán su agosto con la venta de peluches, flores, adornos, joyería, tarjetas de felicitación, entre otras curiosidades para hombres y mujeres que necesitan un boleto –por no decir una excusa– para terminar en lugares como éste.

Como decía Phillip Seymour Hoffman en Almost Famous: "Sexo disfrazado de amor y amor disfrazado de sexo".

Antes de que decidiéramos mandar al diablo a las tiendas de regalos, por ser muy cursis, las tiendas de regalos decidieron mandarnos al diablo a nosotros. Los dependientes se excusan de hablar, de precisar expectativas sobre ventas para el Día del Amor, y si acaso, permitían que tomáramos fotos de sus productos. Nada más.

Pero no todas. Luego de que me explicara detalladamente que sólo sabía su dirección porque usualmente pasa por ahí, Leo se encaminó hacia una sex shop cercana.

Las paredes son color rosa fosfo, y el peluche en muchos de los artículos matizan la impresión que ciertos productos dejarían en algunas conciencias.

La mayor parte de la gente que acude a Eros, antes Erótica, detalla el encargado, son homosexuales, sin embargo, este tipo de tiendas son visitadas tanto por hombres como por mujeres.

La tienda pertenece a los mismos dueños de Venus Sex Shop & Video, dice el encargado de la tienda que está casi en la esquina de avenida Revolución y Chapultepec, y detalla que aunque en esa sucursal la venta no se eleva mucho por la fecha, lo que más se han llevado en estos días son baby dolls color rojo.

Si acaso, las cifras varían en función de las sucursales: la tienda Venus de Calzada del Valle recibe generalmente a chavas sampetrinas que compran regalos de broma para despedidas de solteras.

Ahí pueden surtirse de sombreros fiesteros con órganos sexuales masculinos de plástico, coronas de princesa, lencería y disfraces. También pueden ordenar pasteles en forma de pene para compartir en una reunión.

Donde San Valentín sí dejó caer su bendición es en la tienda de lencería y artículos sexuales dentro de Plaza Fiesta San Agustín. La encargada dice que todos los kits del Día del Amor volaron, sólo le queda el de muestra. El paquete incluye una tanga unitalla y una varita con la leyenda spank me. Azótame, en inglés.

Para quienes creen que voltear a San Antonio de cabeza es la única alternativa para conseguir pareja, resulta que también es posible utilizar una crema de feromonas, que según presume el empaque del producto, se vale de sus propiedades químicas para atraer a los hombres. Hay otra especial para que los hombres atraigan a mujeres. Como dato.

La joven es agradable y platicadora, aunque parece tener macheteado su discurso, pues explica de manera clara, rápida y detallada las características de varios productos de su inventario.

Con un plumero pone en mi muñeca un polvo brilloso con sabor a quién-sabe-qué, pues la verdad no me sabe a nada; a lo que sí le saqué sabor fue al "chocolate sabor chocolate" con el que, dijo, se pueden escribir frases sobre la piel de la pareja y hasta dibujar un caminito... No dijo hacia dónde.

No deja de ser curioso que en estas tiendas accedan a dar una versión mientras que los vendedores de globos y ositos de felpa inventen mil excusas con tal de no opinar.

Al final me quedé con ganas de comprar una paleta en Venus. Costaba 20 pesos pero me pareció que pudiera resultar un tanto perturbador para algunos ver cómo introduzco un pene en mi boca a media redacción... así fuera de chocolate. Fijados ellos.