REPORTAJE | POR LUIS CONTRERAS

“A los servicios 'pesados' llega primero la policía”

Guadalupe, bombero de Toluca

Ahora el temor no es al fuego, dadas las actuales circunstancias temen que los confundan y sin más, los acribillen

Los servicios por la noche son de más cuidado, señaló.
Los servicios por la noche son de más cuidado, señaló. (Tania Contreras)

Toluca

Es el primer día del año. Un cuarto-casa de San Lorenzo Tepaltitlán arde con todo lo que hay adentro. Allí sólo vive una persona. Una que ve como sus pocas cosas salen por la ventana y por la puerta, en forma de humo.

Así han estado estas últimas semanas. El Departamento de Bomberos de Toluca estima hasta cuatro eventos diarios. De diferente magnitud, de distinto alcance. El fuego, lo mismo quema las gargantas de la industria que un complejo de oficinas o una zona comercial.

Sin embargo, son las áreas habitacionales populares las más susceptibles. Sobre todo por sus magras instalaciones eléctricas y por el estado de sus tanques de gas que regularmente circulan con fugas, con deficiencias en las válvulas o perforados en la base.

Guadalupe Izquierdo Franco es bombero y dice que esos tanques son bombas de tiempo. Son un reloj de arena al que ya no pueden dar una vuelta más. Eso y las malas instalaciones eléctricas son la principal causa de la mayoría de los desastres, como este último, de San Lorenzo.

Guadalupe es bombero desde los 26 años. Lleva 17 de servicio. Dice que le gusta su trabajo más que ninguna otra cosa. Sobre todo por la oportunidad de hacer algo por otros, ayudar cuando más lo necesitan, resolver, cuando se puede, lo que parece imposible de arreglar.

Afirma que a diferencia de entonces, cuando inicio, ahora la situación es mucho más compleja: hay otros materiales, más gente y construcciones, otros riesgos asociados al trabajo y tráfico, un tráfico que aletarga las respuestas hasta un punto insoportable.

Allí, apenas unos minutos después del servicio de San Lorenzo, recuerda que su primer trabajo fue abatir el incendio de un auto que se había volcado y luego había caído a un canal de aguas negras. Entonces, le tocó sacar siete cuerpos sin vida de una misma familia.

Ese fue su primer contacto con la muerte. No lo olvida. A lo largo de estos 17 años muchos otros casos se han sucedido. Unos más graves que otros. Como aquellos que tienen la capacidad de generar una tensión eléctrica y siniestra.

Recuerda que hace como diez años realizaron un servicio en una zona densamente poblada del municipio de Lerma. Allí un tanque estacionario de 300 litros había botado sus válvulas. El gas, más pesado que el aire, se había acumulado en forma de nube y allí estaba, visible, suspenso, como una guillotina sobre la cabeza.

La gente se acercaba a la zona. Se acumulaban los curiosos, como feligreses ciegos que buscan a tientas, tocar el manto de su santo. Los bomberos, conscientes más que nadie, lograron controlar la válvula y luego dispersaron con agua el gas acumulado.

"Podía pasar una desgracia", dice Guadalupe. También afirma que hay otros casos en los que ya no se puede hacer nada. En los que parece no importar cuán rápido se vaya, siempre se llega tarde. En esos casos, admite, solo queda la impotencia y el horror.

Un día llegaron a una vecindad. Eran como las seis de la tarde. La gente gritaba. Manoteaba. Les decía que había niños adentro. Derribaron la puerta y los buscaron. El fuego se había extendido y consumido prácticamente todo.

Encontraron una cama y en ella a tres niños bajo los cobertores; uno de cinco años, uno de tres y una niña de uno. El más grande tenía quemaduras en casi todo el cuerpo y había muerto. El segundo estaba desmayado y la niña estaba despierta y bien.

Pero hoy lo que pasa a diario parece de otro tiempo. Guadalupe dice que ahora el temor no es al fuego. Los bomberos de la ciudad, intactos por su servicio público, temen que los confundan y así, sin más, los acribillen.

Guadalupe dice que desde hace tres años a la fecha ya no es lo mismo. Hay ejecutados, calcinados, "ajustes", como se les dice. El bombero, con 17 años de servicio dice que ahora mismo, el problema es la inseguridad, sobre todo por las noches.

Dice también que en el colmo de los colmos, incluso los han seguido. Hasta ahora no ha pasado nada, pero allí está todo esto, como una sombra. Entonces, señala: "a los servicios pesados preferimos que llegue primero la policía. Solo ellos nos pueden dar luz verde".