REPORTAJE | POR JOAQUÍN LÓPEZ

“A mis 91 años, el frío me hace los mandados”

Es reconocido por sus vecinos como “el señor de las empanadas”

Llueva, truene o relampaguee, don Antonio Morán tiene que salir temprano a vender el único medio para que su esposa y él puedan comer.

A sus 91 años de edad, dice tener las fuerzas suficientes para tratar de salir adelante.
A sus 91 años de edad, dice tener las fuerzas suficientes para tratar de salir adelante. (Joaquín López)

Tampico

Don Antonio Morán es conocido como el "abuelo" entre los comercios y despachadores de gasolina en la zona norte de Tampico. Él se mueve a paso lento, como si fuera un niño aprendiendo a caminar, y es que sus 91 años de edad lo han obligado a cuidarse ya que una caída puede ser fatal, pero no se raja a pesar del fuerte frío, él dice que no se enferma.

Todos los días desde hace seis años sale desde las 9 de la mañana de la casa número 16 de la calle Montes de Oca y Encino, de la colonia Niños Héroes, una zona donde los vecinos lo reconocen como "el señor de las empanadas".

Y es que sale tan temprano para poder vender el único medio para que su esposa y él puedan comer, comerciando pequeñas empanadas horneadas de piña y cajeta, producto al que le invierten 150 pesos y recuperan 50 pesos, ya que en un buen día don Antonio vende hasta 200 pesos; cuando alguien se le acerca don Antonio de inmediato les dice el precio, "son tres pesitos cada una".

"Mi señora me dijo vamos a vender empanadas y de ahí sacamos para comer, llueva, truene o relampaguee", cuenta don Antonio mientras acomoda su gorro para mitigar el frío que alcanzó los cuatro grados en el sur de Tamaulipas.

"Yo no me enfermo, esta ropa me la da la gente que me ve", señala mientras muestra su chamarra tipo militar y sus tres playeras debajo; explica que aunque el frío se siente fuerte él tiene que salir para poder vender sus productos, ya que carece de apoyos gubernamentales como el 65 y Más.

Difícilmente puede escuchar con su oído derecho, por eso don Antonio acerca su oído izquierdo para entender lo que le dicen, "mi esposa ya no quiere que salga a la calle por los carros, anda pensando cómo hacerle para vender otras cosas, yo lo que quiero es poner mi taller".

Pues don Antonio tiene los conocimientos de hojalatería, oficio que desde joven aprendió y profesó durante casi toda su vida, pero tras la muerte de su hermano hace 15 años se perdió el taller y se tuvo que dedicar a ser velador para llevar comida a su hogar.

"Ahí sí quisiera que me apoyaran, a poner mi taller, tengo la herramienta y me están animando a que ponga mi taller y busque a jóvenes para enseñarles, yo ya no puedo pero tengo los conocimientos, desde joven le trabajaba a las aseguradoras".

Cuenta que él era hojalatero cuando no había pasta, "había puro estaño, se trabaja bonito a pura lima todo enderezado, ahora no, es más fácil, con pasta, las aseguradoras ya no las arreglan bien, ahorita lo tienen como pérdidas pero antes lo arreglábamos, quisiera poner mi taller, tengo dónde ponerme, mi familia tiene una parte de material donde puedo trabajar porque las aseguradoras no quieren que se hagan los trabajos en sus patios".

Calcula que con 20 mil pesos podría empezar a revivir su sueño con el taller pues cuenta con alguna herramienta, "hace años fui al Ayuntamiento pero no me hicieron caso", dice el "abuelo" mientras camina muy despacio a seguir la venta de empanadas en las gasolineras de la divisoria, para más tarde dirigirse a la gasolinera de la Curva Texas, donde también ofrece sus alimentos.

Dice que para que haya trabajo en Tampico hace falta que el gobierno traiga trabajo de otras partes, tanto comercial como industrial y apoyo a la tercera edad, "yo quisiera apoyo para mi taller", sostiene.

Don Antonio sigue su andar, lento pero consciente de que algún día regresará al oficio que le apasiona. Mientras, con 91 años de edad, dice tener las fuerzas suficientes para tratar de salir adelante.