Lavatorio de Pies honra actos de amor de Jesucristo

"No le sabemos nosotros bien a esto. Por eso las enseñanzas de Cristo nos son raras", explicó el Obispo de Torreón, Luis Martín Barraza, durante 
Este acto representa la humildad de Jesucristo en la creencia católica.
Este acto representa la humildad de Jesucristo en la creencia católica. (Arturo Salazar)

Torreón, Coahuila

En el marco de las tradiciones de Semana Mayor, este jueves por la tarde la Diócesis de Torreón llevó a cabo la ceremonia de Lavatorio de Pies, que conmemora la humildad de Jesucristo al servir a sus doce apóstoles, en algo que en los tiempos de Jesús, era un signo de completa humildad. 

Este año fueron designados doce varones de distintas edades. 

Cabe recordar que el año antepasado, la Iglesia de Torreón abrió las puertas para ofrecer un generoso gesto, en el que la mitad de las personas a las que se les lavaron los pies, fueron mujeres.

Ha sido la única ocasión. 

La Catedral lució llena y los feligreses quedaron listos para la conmemoración plena de los días que aún quedan pendientes de esta conmemoración católica. 

El Obispo Luis Martín Barraza presidió la ceremonia, acompañado por sacerdotes de la Diócesis. Los signos eucarísticos, manifestó, son reales y son la actualización del amor de Cristo y de su sacrificio.

Enfatizó que la vida cristiana consiste más en que nosotros amemos a Dios, en que el nos ha amado primero. 

"No acabamos de convencernos, no le sabemos nosotros bien a esto del amor. Por eso las enseñanzas de Jesucristo nos son raras".

"Cuando habla de perdonar por ejemplo, 70 veces siete, supone la experiencia de sentirnos amados por Dios nuestro Padre, que no estamos criados con hambre de amor".

"El que está criado con hambre de amor es un rencoroso. Quiere venganza. Es muy difícil que se sustraiga de la dinámica de la violencia". 

Habló sobre el amor de los esposos y como no debe desunirse.

Sobre la Semana Santa que nos adentra en el amor de Dios, presupuesto fundamental para entender las enseñanzas de Jesús y la radicalidad que pide en su seguimiento, en la entrega de todo, antes que sus propiedades, su familia o a sí mismo. 

"Se nos funden las neuronas, no hay inteligencia que soporte o capte esto. Es un don. Por eso, esta Semana Santa estamos invitados a entrar en el misterio del amor de Dios", concluyó.

rcm