“Que las ruedas giren a todo lo que puedan”

A la punta de la carrera van los de mejor condición, seguidos de los ciclistas ocasionales y al final los funcionarios.
Acompañado de su perro, una persona con debilidad visual.
Acompañado de su perro, una persona con debilidad visual. (Arturo González)

Pachuca

El tránsito parado, la mañana fresca y música de Bon Jovi de fondo ¿qué más se necesita para darle una vuelta a la ciclopista del Río de las Avenidas? Nada, al menos eso piensan los más de 300 ciclistas que asistieron a “Bici-tando tu ciudad dominical”.

Es la primera edición de este programa en una ciudad que ya conoce la cultura de la bicicleta por medio de programas como “Pachuca sobre ruedas”; tal vez por eso la mayoría de los asistentes son parte de la avanzada de esa tradición que a últimas fechas ya no es tan mediática.


Mientras los participantes realizan el calentamiento para aguantar la vuelta de tres kilómetros, los organizadores terminan de de instalar los anuncios de los patrocinadores, incluido un escenario para instructores, pero el tiempo apremia y no hay para ese tipo de cosas, mejor que cada quién lo haga cómo pueda.

Listo, ya todos los ciclistas están alineándose, pero antes, un espectáculo recreativo: una tabla gimnástica con el grupo de animación del Colegio de Bachilleres. Porritas de ambos sexos despliegan sus habilidades elásticas en medio del Río de las Avenidas, que por fortuna para ellos todavía no está muy caliente.

Saltos, agitación de brazos y pirámides humanas hechas con gracia y estilo llenan la pupila de ciclistas, que por un momento olvidan que saldrán a toda velocidad en un par de minutos. Todo va bien hasta que se dividen en tres las porristas.

No es que hayan hecho algo malo, sino cómo lo evitaron. Al momento de elevar a sus compañeras, los chicos ponen su mayor esfuerzo para agarrarla; mientras tanto una de ellas pierde el equilibrio pero antes de caerse apoya su pie izquierdo en la cabeza de un joven sirviéndole de escalón.


Es un pequeño instante pero lo suficiente para generar molestia en él, pena en ella y sonrisas en sus compañeros; el profesionalismo queda de manifiesto cuando baja de un salto la chica para hacer en los brazos de sus ayudantes sin mayor problema.

Despejado el Río de las Avenidas, ahora sí, que las ruedas giren a todo lo que puedan. Pero antes, el acto protocolario, donde las autoridades estatales, municipales y legisladores recuerdan lo importante que es usar la bicicleta como medio de transporte para no contaminar y de paso hacer ejercicio. Listo, ahora sí, el banderazo de salida y el pelotón sale a todo lo que puede. Despegándose los de mejor condición, seguidos de los ciclistas ocasionales y al final los funcionarios, que en lo que se bajaron del templete, les llevaron las bicis y decidieron rodar pues ya se retrasaron 300 metros.

La salida, que también funge como meta, queda casi vacía, panorama que dura unos 15 minutos con una llegada a cuenta gotas. Se ve quién le da a la bicicleta y quien no, no sólo por el tiempo, sino por la cara al cruzar el arco inflable. Todos llegan, toman su bebida rehidratante; no falta quien se quiere lucir pidiendo que le avienten su bolsita para atraparla de aire: el hombre la recibe, pero pierde el equilibrio y cae, no sin antes cruzar la meta.