ENTREVISTA | POR HORACIO RODRIGO

Pedro Panadero artesanal

Su jornada empieza todos los días a las 4 de la mañana para amasar y tener listos los insumos.  A las 12 del día regresa a su casa con pocas piezas de pan que le sobraron para descansar un poco y preparar la segunda tanda que resta, meterla al horno y luego nuevamente salir a ofrecerlo.

“No le robo a nadie, yo trabajo para ofrecer mi pan”

ø Ven al ambulantaje como una desventaja más en su actividad productiva.
Ven al ambulantaje como una desventaja más en su actividad productiva. (Arturo González)

Pachuca

Pedro  desde hace 30 años se dedica a la elaboración de pan artesanal en el municipio de Tulancingo, aunque se ha enfrentado a varias crisis económicas,  eso no ha impedido que se siga dedicando a esta labor tradicional en Tulancingo.

Aunque las panificadoras de Tulancingo lo catalogan como competencia desleal, todas las mañanas y tardes sale con su canasto y bicicleta por las diferentes calles a ofrecer su producto.

Su jornada empieza todos los días a las 4 de la mañana para amasar y tener listos los insumos que requiere su pan, pues manufactura bolillo y pan dulce, para los cuales les agrega un toque especial.

“Al pan blanco le pongo centeno para que  tenga un mayor sabor y al dulce le puedo poner anís o ajonjolí o piloncillo, cada panadero le pone su toque especial a su producto, después de muchos años cada panadero tiene su toque especial y sus compradores”.

Para Pedro su trabajo es igual de importante que el de las demás panificadoras, pues refiere que sus productos nadie se los regala, pues trabaja muy duro para elaborarlo y después para venderlo.

“Yo no le robo a nadie, yo trabajo todo el día y todos los días para ofrecer mi pan,  nunca he tenido suficiente dinero para poner un local o una panificadora, por eso me he visto en la necesidad de repartirlo”.

A las 6 y media de la mañana sale de su casas con un canasto que contiene más de un centenar de panes de diferentes tipos, para acudir a calles de la colonia Paraíso y vociferar a la gente: “El pan, lleve su pan, paaaaan”.

Esos gritos provocan  que decenas de personas, principalmente madres de familia salgan de su domicilio con bolsa en mano y busquen llevar a su casa el pan que elabora Pedro.

Lo más populares es el pan blanco, los bisquets, los cocoles, las donas de chocolate y unos rollos rellenos de mermelada de fresa, muchas señoras no agigantan el antojo y antes de echar su pieza a la bolsa le dan “una probadita”.

Luego de atender a sus clientes, sin antes haber tenido dificultades para dar el cambio de algunos billetes con lo que le pagaron, continuó su camino y se detuvo en otra esquina para de nueva cuenta emitir su grito característico.

“Hay que apurarse, para que antes de las 8 pueda estar en la mayor cantidad de lugares, ya que después nadie me hace caso porque van rumbo a la escuela, ya un poco después como a las 10 de la mañana también tengo algunos clientes”.

 A las 12 del día regresa a su casa con pocas piezas de pan que le sobraron para descansar un poco y preparar la segunda tanda de pan, que resta meterla  al horno para ofrecerlo.

“Si uno no lo vende calientito y recién hecho, no lo compra la gente, por eso aunque sea cansado es necesario darle lo mejor que se pueda a la gente, es muy exigente y uno tiene que irse adaptando a lo que piden”.

A las 6 de la tarde vuelve a cargar su canasto y aborda su bicicleta para seguir distribuyendo sus creaciones por las colonias populares de Tulancingo.

Para este turno más gente sale de sus casas para comprar el pan, incluso en un par de horas cuando mucho, el canasto de Pedro se encuentra vacío y regresa a su casa para tratar de dormir lo más que pueda.

Pedro explica parte de su experiencia en este oficio que es el sustento de su familia: “Es un trabajo bonito, pero muy pesado, muchas  veces he estado tentado a dejar de vender mi propio pan para trabajar en una panificadora, pero no tendría las mismas ganancias  y libertad para hacer el pan que a mí me gusta ofrecer”.