Rescata colchones de la basura

El señor Julio César Zúñiga Lara, desde hace 18 años se dedica a dar nueva vida a colchones que son desechados por las personas.

Ciudad Madero

Mientras algunas personas en su afán de deshacerse de su colchón viejo lo tiran a la vía pública y los recolectores de basura no se lo quieren llevar, hay quienes aprovechan los resortes viejos, la esponja y las telas rasgadas para llevar el sustento a sus seres queridos.

El señor Julio César Zúñiga Lara, tiene 49 años de edad y desde hace 18 años, la misma edad de su hijo mayor, se dedica a arreglar los colchones viejos que la gente tira a la calle y posteriormente los vende, esa es su forma de ganarse la vida.

Se dice a sí mismo "renovador de colchones", pero en estos tiempos en las que es complicado conseguir un empleo, su labor es un respiro a la economía de la familia Zúñiga, que es originaria de Ciudad Madero.

La casa de don Julio César está ubicada en la calle 21, número 432, sector Fidel Velázquez, en la colonia Lucio Blanco. Es fácil localizar la construcción de dos niveles –ya que abajo está el taller y vive arriba-, pues en el patio hay apilados colchones viejos.

Todo se inició con la enseñanza que le dejaron un par de artesanos originarios de Puebla que visitaron la zona sur de la entidad, "fue uno el que se quedó y el que me enseñó a hacer todo esto de reparar los colchones", lo cual realiza con una pinza de electricista y un poco de creatividad.

La materia prima la obtiene de los carretoneros, que en Madero son como una plaga. Los transportadores de deshechos le venden a Julio César entre 30 o 40 pesos cada colchón viejo, él posteriormente hace magia y los transforma.

Al día logra dejar como nuevos un par de colchones y en dos días ya tiene listos tres. Explicó que los repara utilizando las varillas, las esponjosas y algunos resortes de las camas que ya no tienen remedio, que ya no se pueden arreglar.

"De tres colchones se puede hacer uno, agarramos una parte de uno y otra de otro. Quedan resistentes por la varilla", detalló el habilidoso e ingenioso personaje maderense, quien los llega a vender en 700 a 750 pesos, en el caso de los matrimoniales.

El resultado de su trabajo es de calidad, se siente y es palpable. Un colchón reparado se observa limpio, cómodo y resistente, además, envuelto en una bolsa de plástico así como te lo ofertan en cualquier mueblería o tienda de colchones, es atractivo para cualquiera.

En la cuadra y en la colonia todos conocen a Don Julio por convertir algo que nadie quiere en algo reutilizable, una forma de vida que también ayuda a la economía de las familias de escasos recursos, ya que un colchón nuevo llega a costar en las mueblerías de mil 200 a mil 500.

"Por aquí todos me conocen, me conoce la gente, hay muchas gentes que me conocen y algunas personas que se dedican a la mueblería de Tampico venden colchones de estos, de los que yo reparo", contó el artesano.

Esta es una muestra de que el desecho de algunos se puede convertir en el tesoro de otros, ya que el modus vivendi de Julio Zúñiga le está dando estudios a una jovencita que estudia la secundaria y un joven de preparatoria, además de "mi esposa que también trabaja".