El milagro de un regio en el DF

Ni los dos disparos, ni los daños a sus órganos, múltiples cirugías y mucho menos cinco sismos que experimentó en los meses que permaneció en el hospital, acabaron con su aliento de vida.
Abraham Alcalá Blanco vivió algo inesperado; dos disparos con arma de fuego en el abdomen trataron de arrebatar su vida.
Abraham Alcalá Blanco vivió algo inesperado; dos disparos con arma de fuego en el abdomen trataron de arrebatar su vida. (Syndy García)

Monterrey

A horas de un casi regreso a Monterrey desde el Distrito Federal por motivos de trabajo, Abraham Alcalá Blanco vivió algo inesperado. Dos disparos con arma de fuego en el abdomen trataron de arrebatar su estadía en este mundo. Ahora es llamado "el hombre milagro".

Abraham Alcalá es un empresario regiomontano. Sus labores se combinan entre predicar la palabra de Dios y comercializar producciones de material educativo-musical.

Tras dos semanas de trabajar en la capital del país, un 27 de marzo de 2014 ansioso de llegar con su esposa y sus tres hijos tomó un rumbo desconocido y se detuvo a bordo de su vehículo en Ecatepec para verificar su GPS. A los segundos, el golpe de una pistola en su nuca lo sorprendió.

Un delincuente nervioso, con un arma de fuego, se enfrentó a Abraham para bajarlo de su coche. Sin entender lo que sucedía, le pidió tranquilizarse pero el hombre con la pistola no detuvo sus impulsos.

Abraham estaba en medio de una persecución y la persona que lo agredió -sin decir una sola palabra- buscaba quitarle su auto para intentar perderse de la policía.

A los segundos, se dio un primer disparo. Poco después, otro justo en el abdomen. Abraham dice que en ese momento no sintió dolor, pero admite que tenía miedo y comenzó a orar a Dios.

Según el diagnóstico del Hospital Magdalena de la Salinas, el paciente Abraham ingresó por asalto con herida por proyectil de arma de fuego, el cual ocasionó lesiones en bazo, cola de páncreas y riñón izquierdo.

Otro disparo, dice, pasó a centímetros de su columna.

"Cuando llego a urgencias gritando y hablándole a la gente que me iba bajando de la ambulancia, llego clamando a Dios por vida. La gente que me vio dice que venía pálido", relata Abraham.

Ante todos los pronósticos a su llegada al hospital, su esposa Liliana Martínez, quien viajó de Monterrey al DF, no desistió.

"La primera cirugía nos habían dicho que habían quitado el riñón izquierdo, el bazo y parte del páncreas", cuenta Liliana.

Agrega que primero le comentaron que su esposo no pasaría las 24 horas de vida, después que tendría daño neurológico. Al paso del tiempo le advierten que él viviría con diabetes al afectarse su páncreas, finalmente, tras varios meses, está ahora de pie y con su familia.

Ni los dos disparos, ni los daños a sus órganos, múltiples cirugías y mucho menos cinco sismos que experimentó en los meses que permaneció en el hospital en el DF, acabaron con su aliento de vida.

A la salida del centro médico, Eduardo, uno de los enfermeros que lo atendió desde su llegada, calificó a Abraham como "el hombre milagro", aunque en un principio se pensó que moriría.

"Cuando ya nos íbamos del hospital, se corrió la voz en terapia intensiva de que se iba 'el machaca con huevo', 'el arrachera', 'el hombre milagro'. Eduardo, el enfermero, con lágrimas en los ojos me declara que era un hombre ateo y me dio testimonio de todo lo que Dios hizo en mi vida. Me dice que venía a morir realmente, después dijo, 'me dejas sin palabras'", refiere Abraham.