CRÓNICA | POR GUSTAVO MENDOZA LEMUS

“A un pueblo que no tiene cultura no se le puede considerar ciudad”

La Virgen Chiquita. De vuelta a casa

Tras un viaje hasta Zapopan, Jalisco, para ser restaurada, la estatuilla de aproximadamente 30 centímetros de altura de la también llamada Virgen Zapatera regresó a Monterrey para alojarse en la iglesia de La Purísima.

Zapopan, Jalisco

Una ligera llovizna recibió a la Virgen Chiquita la noche de este sábado en la parroquia de La Purísima.

A la Virgen de la Purísima Concepción se le atribuye el milagro de domar al embravecido río Santa Catarina a mediados del siglo XVIII, evitando así una inundación más en la historia de Monterrey.

Tras una restauración realizada en Zapopan, Jalisco, la estatuilla de unos 30 centímetros de altura regresó anoche a Monterrey y por ello se organizó una misa a la cual asistieron 200 personas.

El ritmo de los tambores y el crujir en los huaraches de los matachines a la entrada del templo se escuchó por toda la plaza, que sin luz mercurial estaba completamente vacía a eso de las 19:00.

Por más de 300 años, la pequeña figura ha sido la patrona del barrio que hoy conocemos como La Purísima, esto gracias a la herencia de la indígena tlaxcalteca Antonia Teresa, a quien se le conoció como La Zapatera, y quien tras presenciar el milagro, mandó construir una ermita en el sector.

Para el padre Jorge Rodríguez Moya, la Virgen Chiquita, también conocida como la Virgen de Zapatera, tiene un lugar protagónico en la transformación del Monterrey que pasó “de estar poblada por casitas humildes”,  a ser hoy una metrópoli sin forma.

“Yo los invito a que veamos en esta humilde estatuilla la humildad de Monterrey, que fue un pueblo sencillo, unido, trabajador, sincero, pero que el progreso, el tiempo y la industrialización nos ha ido desdibujando nuestro rostro”, expresó el padre en misa.

CONSERVAR LA FE

La figura de la Virgen de la Purísima es una talla característica propia de entre el 1600 o 1700,  pues en aquellos tiempos eran imágenes religiosas fáciles de transportar y que se acomodaban fácilmente en las parroquias particulares de las familias.

En la ciudad ha sobrevivido poco más de 300 años, y para asegurar su permanencia durante más años, fue sometida a un proceso de restauración.

El padre Jorge Rodríguez expresó que la pieza fue llevada al canal católico María Visión, y fue en el programa El pincel de Dios donde se dio la restauración a la figura.

De vuelta a Monterrey, la figura tendrá un nuevo espacio dentro del templo lo que le permitirá lucir con mayor presencia y pueda ser admirada por los feligreses.

Además, indicó que para continuar con la preservación de la figura, así como para velar por el templo, se crearán dos cofradías: una compuesta por mujeres enfocadas a que la devoción hacia la figura continúe, mientras que otra conformada por hombres, velará por la preservación de la figura.

“Es una parte muy importante del barrio, desde que estaba chiquita sé la historia, pues mi abuela nos la contaba siempre que llovía”, expresó la señora Silvia, vecina de la calle Padre Mier.

EN LETRA DE PADRE MIER
La historia del milagro atribuido a la Virgen Chiquita ha ido cambiando con el paso de los años sin embargo, la leyenda es una de las más recordadas sobre el Monterrey Colonial.

El único relato escrito que se conserva o se ha descubierto se debe a fray Servando Teresa de Mier. En la quinta carta del padre Mier que mantiene con el historiador Juan Bautista Muñoz, fray Servando reseña que durante una lluvia de 40 días, el río Santa Catarina inundaba campos de la ciudad con “tremenda furia”.

Ante la alarma de una posible inundación, “una india zapatera” poseedora de la imagen la sacó durante la tormenta provocando que el río se dividiera en dos. A partir de este hecho, fechado por Mier en 1756, se edificó la primera ermita dedicada a la Virgen Zapatera.

La fecha exacta de la inundación sigue siendo un misterio, explica el historiador Enrique Tovar Esquivel. Esto porque en el testamento de la indígena tlaxcalteca Antonia Teresa de 1719 y cuyo esposo era zapatero, descrito por Israel Cavazos Garza, refiere contar con una imagen de la virgen así como una ermita en su propiedad. Por este dato se sitúa la fecha del milagro en 1712.

“Es una historia bastante interesante, y más importante es que la única persona que la cuenta es fray Servando. Las distintas versiones nos refieren cosas distintas, pero sitúan la historia en el mismo lugar. Creo que a pesar de lo que nos puedan decir los documentos históricos, la importancia de la leyenda no decae para nada”, comentó Tovar Esquivel.

De lo que no hay duda es que la antigüedad de la figura es de 300 años o más, a decir del investigador y arqueólogo del centro INAH Nuevo León.

“UNA CIUDAD SIN HISTORIA”

Si bien los alrededores de la iglesia de La Purísima lucían desolados, al interior del templo, los feligreses veían con atención a la figura, que una vez colocada al frente, difícilmente destacaba por la monumentalidad del altar.

Antes de ingresar al templo, la figura fue vestida por las mujeres que integrarán la cofradía; siempre bajo cantos marianos y rezos.

Frente a la alegría de los feligreses, el padre Jorge Rodríguez Moya  los convocó a no olvidar su historia ni su cultura, pues ambas dan identidad a su barrio.

“Un pueblo que no recuerda su historia es un pueblo sin cultura, y un pueblo que no tiene cultura no se le puede considerar como una ciudad. No podemos permitir sepultar la poca historia que tiene Monterrey”, sentenció el padre Rodríguez Moya.