Un proyecto que se detuvo en el tiempo

La historia se remonta a lo que en un principio parecía un buen plan para atraer al turismo a esta zona, pero se complicó.
En estas condiciones se observa el estacionamiento subterráneo.
En estas condiciones se observa el estacionamiento subterráneo. (Jesús Jiménez)

Ciudad Madero

En el sur del estado, existe una plaza del centro de una ciudad, de esas que deberían tener árboles, bancas y un kiosco, para poder ahí pasear con la familia, pero la llamada plaza Isauro Alfaro Otero de Ciudad Madero, no solamente perdió este encanto, sino que con el paso de los años se ha venido convirtiendo en un edificio sin vida, en proceso de construcción algunas áreas y que además no puede ser aprovechada por comerciantes o por quien pudiera haber invertido en ella.

El estado en que se encuentra es motivo de reclamo de ciudadanos de todas las generaciones, no solamente de los que ahí viven, sino también de los que visitan esa parte de la zona.

La historia se remonta a lo que en primera instancia parecía un proyecto de buena intención y con futuro, para remodelar el lugar, modernizarlo y hacerlo atractivo para la propia gente de la ciudad y comerciantes, plan que inició en el año 2007 con el otorgamiento de la concesión a la empresa Materiales y Construcciones Villa de Aguayo.

Comenzaron entonces los trabajos de obra para construir debajo de la plaza principal un estacionamiento subterráneo de dos niveles, con capacidad para más de 320 vehículos.

Tendría un centro comercial que albergaría más de 53 locales, más un cine y 750 metros cuadrados en la parte superior para locales comerciales, con un teatro al aire libre, además de la operación de parquímetros en la periferia, como se acostumbra en estas concesiones, pactadas en dos periodos de 15 años cada uno.

Actualmente se encuentra al 90 por ciento de su construcción y cuenta también con dos escaleras eléctricas y dos elevadores panorámicos, así como con un complejo sistema de aire acondicionado.

Sin embargo, todo esto se quedó detenido en el tiempo, rodeado por una serie de complicaciones ligadas a la constructora de Fernando Cano, la cual a su vez era propietaria de la operadora y que consiguió el financiamiento de la banca privada Interacciones, propiedad de la familia Hank.