REPORTAJE | POR ADRIANA REYES

No piensa regresar, pero “tal vez cuando sea viejito”

Historia de vida. Alfonso, migrante

Egresado de la UAEM, deportista, serio, pensaba en perfeccionar su inglés en Estados Unidos y volver en tres años, pero tiene allá más de 20. Luego de una etapa de duro trabajo y algunas privaciones, ahora tiene un exitoso negocio.

“Sí extraño a mi familia, a Toluca”.
“Sí extraño a mi familia, a Toluca”. (Montserrat Peñaloza)

Toluca

Alfonso viajó hace más de dos décadas a Estados Unidos con la idea de permanecer solo tres años y regresar a México. Uno de sus sueños era perfeccionar su inglés. Ya cumplió allá más de 20 años. Vive cerca de la Gran Manzana, Nueva York, y no tiene intención alguna de regresar a su tierra natal, por lo menos no ahora.

Egresado de la UAEM, deportista, inquieto, serio, salió de Toluca sin saber qué le deparaba el destino. Hijo de una familia numerosa, un buen día hizo maletas y se marchó con Marianela, su compañera de toda la vida, de la que sigue enamorado.

Ambos llegaron a New Jersey. Ella estaba embarazada y ante esa circunstancia el estudio quedó en el olvido por tres años. Había que trabajar.

Se unió a uno de sus cuñados en el negocio de la jardinería. Sus jornadas eran de lunes a sábado e iniciaban a las 7 u 8 de la mañana para concluir a las 5 de la tarde. En verano se ampliaban hasta las 8 de la noche. Durante el invierno, y ante la baja de actividad laboral, aprovechó para tomar clases de inglés de manera informal.

"Era muy doloroso estar sin mi mujer y mi hija. Me regresé a New Jersey y hablé con mi cuñado".


En ese momento tanto él como su esposa seguían viviendo en casa de su cuñado, pero la relación comenzó a dificultarse por la convivencia con la familia política y, tras meditarlo, dejó a Marianela y la bebé para buscar otro empleo. Se trasladó a Long Island, Nueva York, donde ganaba 10 dólares la hora, el doble de lo que obtenía con su cuñado.

"Era muy doloroso para mí estar sin mi mujer y mi hija. Me regresé a New Jersey y hablé con mi cuñado para que otra vez me diera empleo. Trabajé de lunes a domingo, eran jornadas pesadas. Un día decidimos irnos definitivamente a Long Island.

"Encontré trabajo en la jardinería, lo hacía de lunes a domingo, cargaba árboles muy pesados pero así es este trabajo. Comencé a pintar casas, me especialicé en el manejo de los materiales, en colocar papel. Me acomodé con un hombre que me empezó a pagar 12 dólares la hora.

Empezó a estudiar. "Hice un curso de Economía Política en Manhattan, estudié inglés a nivel universitario y me empecé a mover más porque en la zona donde estaba nadie habla español".

"Vivía no con privaciones pero sí con algunas limitaciones. Con mi mujer rentaba un departamento pero todo lo que ganaba se iba en pagarlo, en la alimentación".

Marianela se embarazó otra vez y se contrataba en tareas de limpieza mientras él intentaba convencer a su jefe de aumentarle el sueldo, ya que se había convertido en un pintor capacitado, pero no tuvo respuesta positiva.

Cambio

Un golpe de suerte o el destino le permitieron conocer a un estadounidense artista en Broadway y amigo del ex presidente George Bush. "Trabajaba los domingos para él, empezó a tomarme estimación porque veía mis ganas de trabajar. Conoció también a mi esposa y nos tomó cariño como familia".

Para enfrentar los gastos de la renta encontró trabajo con otro constructor.

Venía en camino Alfonso Jr. y en ese tiempo, otro de sus cuñados de New Jersey se mudó a Long Island para poner una tienda de artesanía mexicana. Al lado había una pizzería. "En realidad había varios locales, una lavandería, una estética, un restaurante de chinos, un salón de baile y la pizzería, a cuyo dueño le iba muy mal. y ofreció al negocio a mi cuñado.

"Siente nostalgia de México, de no poder estar cerca de su familia, sus hermanos y hermanas"


"Habló conmigo para que nos asociáramos y mi cuñado de New Jersey con el que trabajé primero; él me quería mucho porque le ayudé a hacer crecer su negocio y me dijo que tomara la oportunidad. La pizzería la vendían en 30 mil dólares, que él me los prestaba.

Mi cliente, el artista de Broadway, supo lo que estaba a punto de hacer y me ofreció un préstamo.

El negocio

"Empecé a arreglar el local, lo dejé bonito. Mi esposa se metió desde un inicio a la cocina. Los primeros días fueron pesadísimos, había cucarachas por todos lados, estaba hecho una porquería. Nos llevamos una eternidad para fumigar.

"Abrimos un sábado a las 11 horas. Pusimos un anuncio que decía 'comida gratis de 11 a la una de la tarde'. Vino la familia para ayudarnos, íbamos a vender tacos. Éramos casi 10 personas y no nos dábamos abasto".

Con la puesta en marcha del negocio hubo algunas dificultades porque sus hijos estaban desatendidos. "Cerrábamos a las 9 de la noche pero había que limpiar hasta la una de la mañana. Abríamos viernes, sábado, domingo y lunes, con ventas de casi 18 mil dólares. Fue algo inesperado".

El cansancio físico comenzó a hacerse presente, al grado que recuerda que un día tenían durmiendo a una de sus hijas en las sillas del negocio. "Estábamos tan cansados que tomamos el carro y nos fuimos a la casa y la dejamos, no nos acordamos hasta que estábamos en casa. Nos regresamos lo más rápido que pudimos por ella".

Los clientes de la taquería eran guatemaltecos, salvadoreños y mexicanos principalmente. Sin saberlo, el New York Times les dio publicidad gratis al considerar al negocio como uno de los mejores de la zona en comida mexicana. La fama se extendió hasta Queens, de donde también llegan comensales.

"Pasó el tiempo de privaciones en cuestión económica y todo empezó a mejorar".

Entre semana, cuatro personas atienden el negocio. En fin de semana y verano llegan a ser hasta nueve porque no se dan abasto. Alfonso continúa además con su negocio de pintura.

Sin embargo, no han estado exentos de los vaivenes de la economía estadounidense. En 2008 "la recesión nos pegó duro, bajó todo a una tercera parte de los ingresos. Hubo que recortar personal, gastos y reacomodarse".

"Cuando sea viejito"

"Donde vivo actualmente conozco toda el área, podemos darnos el lujo de viajar a muchos lados, la comida a la que estamos acostumbrados la disfruto, esto es muy adictivo".

Hace más de seis años falleció su mamá en Toluca. Vino al sepelio y se regresó a Estados Unidos con un pollero. Pese a esto, afirma que "todo ha valido la pena, todo por la familia, por mis hijos".

La cosa no para ahí. Con su esposa preparan otro objetivo. "Estamos pensando en un proyecto: un restaurante mexicano en forma, es nuestro sueño, sobre todo de mi ella."

Alfonso siente nostalgia de México, de no poder estar cerca de su familia, sus hermanos y hermanas, su padre, pero...

"Hace 10 años regresé a México con una de mis hijas, pero la pobreza que vi me hizo recordar las privaciones que pasé cuando niño. Me regresé a Estados Unidos. Sí extraño a mi familia, a Toluca, pero no voy a regresar. Tal vez cuando sea viejito".