“No hay un perro que no sea capaz de ser entrenado”

Gerardo Garza, dueño de la empresa Obediencia Urbana Canina, se dedica a entrenar caninos desobedientes o que no socializan, así como también a los que atacan a las personas.
Es necesario que los dueños de las mascotas continúen el entrenamiento.
Es necesario que los dueños de las mascotas continúen el entrenamiento. (Foto: Roberto Alanís)

San Pedro Garza García

Un grupo de 15 personas junto a sus compañeros caninos se pasean entre conos naranjas y verdes en el parque Rufino Tamayo mientras Gerardo Garza marca instrucciones.

No es un recorrido sabatino normal para estas personas y sus perros; se encuentran en un curso de comportamiento y entrenamiento canino.

Con 35 años de experiencia trabajando en el área, Gerardo Garza se reúne todos los sábados y domingos por la mañana en un pequeño rincón del parque con sus clientes y sus alumnos caninos para seguir con el entrenamiento que les ha estado dando durante las últimas semanas o meses.

"Yo tengo 35 años haciendo esto, he tenido todo tipo de perros. Y no hay un perro que no sea capaz de ser entrenado, siempre y cuando el dueño tenga toda la disposición de enseñarle y aprender con él", comentó Garza, dueño de la empresa de entrenamiento Obediencia Urbana Canina.

Perros violentos, desobedientes, con problemas de socialización o que han atacado a personas u otros perros son sólo algunos de los ejemplos de alumnos que ha tenido Garza, quien recibe ayuda de uno de sus empleados, Gustavo y sus dos hijos.

La manera de entrenarlos, asegura Garza, varía mucho dependiendo del problema que tenga el perro; en ocasiones, si el caso es muy grave, los lleva a vivir a su casa para trabajarlos con mayor precisión y tiempo. Pero lo más importante, comentó, es que el perro aprenda a socializar.

"Prácticamente el 100% de lo que hacemos aquí es que los perros logren socializar de buena manera, entre ellos y con los humanos. Porque ese es uno de los problemas más grandes que tenemos, que hay perros que son violentos con todo el mundo. Es en lo que más debemos de trabajar", señaló.

Acompañado de su familia, mientras su esposa observa la clase desde la sombra de un árbol, Garza mantiene contacto visual con todos y cada uno de sus alumnos, los conoce por nombre y sabe perfectamente porqué llegaron a él.

También recuerda el tiempo que han estado con él recibiendo las clases de entrenamiento y registra en su memoria los avances que han tenido los canes y sus mejorías.

Sin embargo, explicó que es imposible que los avances que han tenido las mascotas perduren si el dueño no trabaja y continúa impulsando el buen comportamiento de su can.

"Esto es un trabajo en equipo del dueño con su perro; tiene que ser un binomio. No importa lo bueno que sea un perro y lo bien que esté haciendo las cosas, si su dueño deja de trabajar con él habrá un retroceso y el perro volverá a ser violento o desobediente... tendrá los mismos problemas que tuvo antes".

Es a mediodía cuando finalmente los perros y sus dueños son libres de regresar a sus casas, o bien, caminar y disfrutar del parque; la clase ha terminado pero deberán de regresar al siguiente día.

"Nos juntamos todos los sábados y domingos, de 10 a.m. a mediodía", comentó Garza. "El curso, que tiene un costo de 2 mil 500 pesos, tiene una duración de 5 semanas, presencial únicamente los fines de semana a menos que haya alguna ocasión especial o algún problema. Y entre semana, les dejamos tareas que si no realizan hay un retroceso en el perro".