La pausa de Gilberto y la creación de una reserva

Hay cuestionamientos de los moradores de Puerto Morelos porque sienten que la Conanp les arrebató el área protegida que concibieron junto a científicos de la UNAM.

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Gilberto, de 1988, es probablemente el huracán más devastador de cuantos tocaron a Quintana Roo en el siglo XX, pero tuvo el raro beneficio de darle mala reputación a Puerto Morelos –por donde pasó el ojo del meteoro-, lo que ahuyentó por casi 20 años los intereses de los empresarios inmobiliarios y hoteleros que se afanaban en destruir la línea de costa del Caribe mexicano, con complicidad de las instituciones de gobierno, todo justificado por la “urgencia económica” de un país en perpetua crisis.

Llamado por los cubanos “huracán asesino”, durante nueve días deambuló entre los países que comparten esa cuenca intertropical donde los corales han hallado espacios de luminosidad, de pobreza de nutrientes y de alcalinidad que los ha hecho prosperar, como constructores de las playas de arenas blancas y de una extraordinaria diversidad biológica.

El fenómeno meteorológico nacido frente a las costas de Venezuela, el 8 de septiembre, pasó la península y Cuba hacia el norte, devastó el área de Monterrey y penetró a Estados Unidos en Texas donde tuvo que ver con la formación de casi treinta tornados, hasta degradarse en el corazón del inmenso país norteño.

Es momento de hablar más cosas positivas de los huracanes: “es verdad, revuelven el arrecife y matan a las especies de coral que crecen rápido, pero eso permite a las especies de lento crecimiento que tengan su oportunidad y aumenten su tamaño; luego regresan las especies dañadas y se enriquece la sucesión”, señala Rosa Elisa Rodríguez Martínez, del Laboratorio de Sistema Arrecifales del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, enclavado en la aldea sobreviviente del desbordado municipio de Benito Juárez.

Y de Gilberto, el decano unamita de la investigación de estos arrecifes, Eric Jordan, no duda sobre su importancia colateral: “llegó Gilberto, un huracán categoría cinco, y pasa justo encima de nosotros, y le pone una maraquiza [sic] espantosa a todo esto, y uno de los resultados inesperados es que los inversionistas se asustan: ‘ni pasen por Puerto Morelos porque el ciclón fue terrible, y eso nos mantiene por 20 años; esa opinión de un gobernante o de un grupo de personas notables en el estado, con toda la ignorancia, tuvo ese efecto maravilloso, se les quedó metido en la cabeza, por eso se tardó tanto el desarrollo aquí”.

La veintena de años de gracia concedida por la voluble deidad caribeña ha terminado desde hace tiempo. Los desarrolladores han puesto los ojos sobre esta línea costera de unos 17 kilómetros, protegida por la barrera coralina que han cuidado los pescadores devenidos en “náuticos” (guías de naturaleza y buceo), con amplios manchones vírgenes cubiertos de manglares. Las disputas por los cambios de uso de suelo están al orden del día. Los intereses inmobiliarios buscan densidades de hasta 60 habitaciones por hectáreas, y de diez a quince mil cuartos. Los moradores del puerto, defensores del área protegida, y el cuerpo académico de la UNAM, buscan evitarlo. 

EL DESPERTAR

El instituto cubre la importante prehistoria del área natural protegida, cuando los científicos y los pescadores comenzaron a trabajar juntos ante la eventual llegada de los desarrolladores y los prestadores de servicios, debido al replanteamiento de la poligonal y de los permisos de uso del parque marino en el propio Cancún e Isla Mujeres, que arrastraban un historial de abusos que la autoridad quiso meter bajo control.

“Empezamos el proyecto de área protegida en 1995, cuando se vio la presión sobre los arrecifes en Cancún; allí había un área natural protegida desde 1973, pero estaba mal la poligonal y no había un buen manejo, así que hicieron una recategorización del parque y esto iba a implicar cerrar los permisos, ya estaba sobrepasado el uso del arrecife, y se iban a retirar embarcaciones; la gente de Cancún volteó acá […] nos enteramos y empezamos a contactar a los pescadores para hacerles ver la situación que se nos podía venir encima, porque Puerto Morelos siempre había sido usado por los pescadores locales que luego fueron cambiando al turismo en empresas pequeñas, y de repente que se vinieran empresas gigantes como Aquaworld o Aquatours, con un turismo masivo, era un riesgo”, refiere Rodríguez Martínez. Jordán apunta: “El parque fue una iniciativa de bastantes personas, por muy diferentes razones; la idea es: vamos a proteger, se hace un periodo muy largo de discusiones y broncas con los otros sectores que no entienden por qué hay que protegerlo, porque lo único que ven es el beneficio inmediato […] es el único parque marino, quizás junto a Cabo Pulmo, en donde la comunidad es la que obliga a la autoridad a proteger el medio ambiente, y ahorita están felices porque es de los que más producen de todo el Caribe, y a mí me pareció interesante la discusión en la comunidad, ¿por qué se protege?, pues para dejárselo a los hijos; no es una comunidad culta, así que es difícil comunicar estos valores ambientales y crear un espíritu de ecología, construimos eso en muchas personas que se fueron sumando poco a poco, y finalmente lo logramos cuando vimos que la pesca iba disminuyendo, generaron sus propias zonas de exclusión, protegieron la langosta y el espacio arrecifal que era visitado por el turismo de esnorquel, lo cual les demostró que proteger era lo correcto”.

Se documentó que 60 por ciento de la población vivía del arrecife, pero de forma indirecta, prácticamente todos. El temor de que la zona se convirtiera en una segunda Playa del Carmen suscitó acalorados debates sobre el modo de proteger. El planteamiento inicial fue generar un área protegida en el mar y en la línea de costa, pero esto segundo fue fuertemente cuestionado por el sector hotelero. El decreto salió el 2 de febrero de 1998.

“El problema es que entre el manglar y la zona de mar está la franja costera, que es la parte municipal, y habría que delimitar exactamente todo lo que era el manglar; otro problema es que tiene dueños, hay terrenos que incluyen parte de manglar, no pueden construir nada ahí porque se los prohíbe la ley pero es propiedad privada, la zona federal es hasta donde llegue el agua, a 20 metros, así que no todo el manglar es federal […] proteger eso también iba a ser un relajo, determinar la zona federal precisa, luego de ver quién es el dueño de la zona adyacente, ver los registros públicos, luego hay discrepancias en Catastro entre lo que hay en Cancún y lo que se tiene en la capital, Chetumal; básicamente lo que nos dijeron fue si quieren meter lo del manglar nunca va a salir el parque, así que en 1998 fue lo que podíamos sacar; ya después ver lo del manglar, lo hemos querido pelear, pero están estos proyectos que se han hecho en los últimos quince años, en zona de manglar, aunque la ley lo prohíbe, son intereses muy fuertes”, añade la académica Rosa Rodríguez .

17 años después del decreto, la directora del parque marino, Martha Abundes, asegura que la Comisión Nacional de áreas Naturales Protegidas (Conanp) tiene listo el expediente para ampliar la protección a la zona continental, al demostrarse plenamente que los malos manejos y la depredación son causa de deterioro de los arrecifes. “Tenemos toda la información técnica fortalecida, desgraciadamente no ha sido escuchada con la fuerza que debería”, admite. Los investigadores de la UNAM creen que mucho de esa indiferencia reside en la postura del gobernador en funciones, Roberto Borge Angulo, pues pesan más sus relaciones con los empresarios “que generan empleos y desarrollo” que su paso por la Comisión de Medio Ambiente de la cámara de diputados federal.

Los inmobiliarios se opusieron a que el parque nacional ocupara tierras secas

 

Fernando Gómez Cusi es un comerciante del poblado. Señala su decepción sobre cómo la Conanp arrebató a los habitantes la suerte de cogobierno de la reserva que habían generado desde el nacimiento del parque. Tampoco cree que la llegada de grandes cadenas hoteleras sea una respuesta a la depresión económica, sobre todo, por el problema del “all inclusing” que no genera derrama en la economía local.

“Cuando se formó este parque marino se nos dijo que iba a ser para beneficio de la población, que íbamos controlar el uso de la zona […] hoy cualquier hotel tiene una concesión de zona federal, están privatizando las zonas públicas, y hacen lo que quieren. Cómo cambiaron todo: en 1979 yo trabajaba en el arrecife, estaba virgen, comíamos pescado, langosta, una vida marina increíble…”.

Gilberto le puso, diría el investigador Roberto Iglesias, una reseteada a los arrecifes, que se recuperaron. A la región le regaló un periodo de gracia que ha terminado.

Hoy, la utopía desarrollista ya llegó a redimirlos, tras más de un siglo de espera.


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CLAVES

El área protegida

El 2 de febrero de 1998 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto en el que se declara área natural protegida con el carácter de Parque Nacional, la región denominada Arrecife de Puerto Morelos, en el estado de Quintana Roo, con una superficie total de 9,066- 63-11 hectáreas.

“El arrecife sustenta ricas comunidades biológicas que se encuentran bien conservadas y tienen valor ecológico, económico, recreativo, comercial, histórico, educativo, estético y para investigación, lo que le confiere al área una importancia singular en el contexto nacional.

Adicionalmente la economía del poblado de Puerto Morelos y su área de influencia, depende de su conservación, ya que un alto porcentaje de la población se dedica a la pesca, al turismo y a la investigación sobre el ambiente marino, las cuales están estrechamente influenciadas por la salud del ecosistema”.

Este ecosistema “se encuentra amenazado debido a la presión ejercida por el crecimiento económico, poblacional y la infraestructura urbana de la ciudad de Cancún, donde las actividades de turismo masivo y aprovechamiento intensivo de los recursos naturales han ocasionado deterioro en la parte del sistema arrecifal adyacente a sus costas”.