Las pastorelas han ido de lo sacro al albur

El decano del teatro regiomontano describe los cambios que estas populares puestas en escena han tenido a lo largo del tiempo.
A lo largo de los años, el personaje del diablo ha ganado protagonismo en estas obras.
A lo largo de los años, el personaje del diablo ha ganado protagonismo en estas obras. (Jesús Quintanar/Archivo)

Monterrey

Hoy sería difícil pensar en una posada que no cite un chiste, un albur o se abstenga de criticar al político del momento.

Si bien se puede considerar una puesta en escena de libre representación, las pastorelas fueron durante siglos el vehículo por excelencia de evangelización utilizado por los misiones a su llegada a México.

El decano del teatro en Nuevo León, Rubén González Garza, ha sido un testigo de la evolución: de ser pastorelas populares celebradas con un gran respeto pasaron a presentar montajes en teatros de variedades con albures incluidos, así como la crítica política.

Actor y director, González Garza recuerda con detalle su primera pastorela siendo un montaje celebrado en una vecindad de Monterrey, cuyo respeto por los ejecutantes era el máximo y donde la celebración se extendía durante toda la noche.

“Yo tenía unos siete años de edad y era una pastorela que duraba toda la noche. Ahí existían personajes como el ermitaño, el diablo, los ángeles, y no había un orden preciso a la hora de presentarse. Ahí actuaba gente muy sencilla con textos muy tradicionales”, comenta.

Con los años el decano del teatro ha ido rescatando escritos sobre pastorelas –“que van llegando solas con los años”- que datan de 50 o 60 años hacia atrás.

Señala que es grato encontrar en ellos frases de Calderón de la Barca o de Lope de Vega, ambos escritores del llamado siglo de oro español.

“Es digno de estudiarse, ¿de dónde vienen estos aspectos, estos ritmos de la palabra?”, agrega González Garza.

Anteriormente las pastorelas no tenían una estructura como la que tienen hoy. Se recordaban pasajes religiosos y el narrador iba dando pie a la entrada o salida de los personajes.

EL BIEN CONTRA EL MAL

En un sentido metafórico, la pastorela es una representación de la lucha entre el bien y el mal, donde la historia siempre culmina con el triunfo del primero sobre el segundo.

Aquí en México tomó un especial arraigo entre la población a partir del siglo XVI, pues al igual que las fiestas de posadas o el canto de villancicos se promovía para evangelizar a los naturales de estas tierras.

Pero la comicidad e ingenio del mexicano ha llevado a las pastorelas por otros senderos, advierte Rubén González Garza.

Con los años a la pastorela se le agregó un mayor protagonismo al personaje del diablo –en las versiones más antiguas poco se le mencionaba–, empezaron a intercalarse chistes y bromas en los diálogos para llegar al terreno de los albures.

“El humor mexicano las ha ido transformando porque pastorelas hay en toda América Latina pero aquí en México primero se agregó al personaje del demonio, luego fue el chiste y después el chiste político convirtiéndose ahora en una crítica social”, expone el actor y director.

En opinión del actor, las pastorelas de barrio ofrecían una oportunidad para mantener la cohesión social de los vecinos pues entre todos se buscaba ofrecer la mejor representación posible.

“Conservar una pastorela como eran sería un esfuerzo digno se realizarse”, apuntó.