REPORTAJE | POR FANNY MIRANDA

“Me la paso más aquí que en mi casa”

El plantel, ubicado en la calle Jiménez, colonia Doctores, es una institución en la que se imparte la educación primaria y los menores de escasos recursos encuentran un segundo hogar, debido al modelo de asistencia social con el que se rige.

La entrada es a las 6:45 horas y el desayuno lo sirven a las 7:00.
La entrada es a las 6:45 horas y el desayuno lo sirven a las 7:00. (Héctor Téllez)

Ciudad de México

Desde hace 120 años, una vieja casona azul en la calle Jiménez, colonia Doctores, alberga una escuela de educación primaria en la que niños de escasos recursos encuentran un segundo hogar debido al modelo de asistencia social bajo el que se rige.

“Son hijos de mamás y papás que trabajan pero que tienen un salario muy bajo que correspondería a menos de tres salarios mínimos, y no tienen las condiciones para darles la manutención correspondiente y requieren de atención y seguimiento durante todo el ciclo escolar”, explicó Daría Chacón, responsable de las Escuelas de Participación Social de la Administración Federal de Servicios Educativos en el Distrito Federal.

El modelo de atención surgió en la época de Porfirio Díaz, cuando su esposa doña Carmelita Romero Rubio donó su casa de descanso
—que había sido un regalo de bodas—, para que las madres trabajadoras no dejaran solos a sus hijos durante la jornada laboral.

“Hubo un incidente en la casa de una obrera, se quemaron los niños porque dejó veladoras. Cuando regresó, sus hijos estaban calcinados; por eso, ella (Carmelita) donó esta escuela como protección para los niños donde se les brinda desayuno y comida”.

Al principio fueron conocidas como “Escuela Amiga de la Obrera” y
recibían apoyos del DIF, con el paso del tiempo se transformaron en Escuelas de Participación Social. En el Distrito Federal son siete y dependen de la Secretaría de Educación local.

“Aquí es como mi casa, me la paso más aquí que en mi casa. Aquí no estoy solo y allá sí porque mi mamá y mi papá están separados”, platica el niño David Ojeda en su salón de inglés.

En este tipo de escuela los alumnos pasan 10 horas, de lunes a viernes. Reciben desayuno y comida caliente, que a diferencia de las Escuelas de Tiempo Completo, no es proporcionado por sus padres, sino por la propia institución.

La entrada es a las 6:45; a las 7:00 desayunan. Su horario de clases se extiende de las 8:00 a las 12:30 horas; después vuelven al comedor y a partir de las 14:00 reciben talleres, como danza y artes plásticas, hasta las 17:00, cuando termina la jornada escolar.

A pesar de que aquí pasan la mayor parte del día, los alumnos gustan de la escuela porque aquí reciben lo que quizá en casa hace falta.

—Aquí ofrecen comida y en mi otra escuela no daban nada.

—¿Está rica?

—Sí.

—¿Qué es lo que más te gusta?

—Las salchichas con espagueti y la zanahoria picada —comenta Estefany Pérez Herrera, alumna de primer grado.

La menuda niña tiene manchas blancas en la piel, signos de desnutrición. Cuenta que sus papás se dedican a vender hamburguesas en la calle durante todo el día, por lo que esta escuela es mejor lugar que estar en la vía pública.

—Empiezan desde las seis de la mañana y a la salida viene mi mamá por mí.

—Cuando sales, ¿qué hacen?

—Hay una paletería enfrente (del puesto), donde podemos ver la tele porque el señor nos deja y nos da paletas gratis.

A la Escuela de Participación Social número 1 asisten 318 alumnos; cada uno recibe su uniforme que incluye zapatos y tenis, así como útiles escolares, que son parte de una beca. La atención diaria se estima en 250 pesos, según cálculos de la directora del plantel, Concepción Bonilla.

Aunque está conciente de que el objetivo de la escuela es la asistencia, exige a los padres de familia más interés por sus hijos.

“Aquí lo que más les interesa es que uno los cuide, creen que nuestras escuelas son guarderías, pero ellos tienen que involucrarse con sus hijos”, expresó.