Revive Panteón del Carmen en el Día de los Santos Difuntos

Cientos de personas acudieron a visitar a sus familiares y amigos que se han adelantado en el camino, en un cementerio que tenía poca afluencia de gente en días anteriores.
El Panteón del Carmen es el más antiguo de Monterrey, junto con el de Dolores.
El Panteón del Carmen es el más antiguo de Monterrey, junto con el de Dolores. (Foto: Raúl Palacios)

Monterrey

Paradójico, este miércoles el Panteón del Carmen cobró vida...

Contrario a prácticamente todos los días del año, en esta ocasión el Panteón del Carmen, tuvo vida, la vida que miles de personas le dieron con el constante movimiento durante la visita a este cementerio por ser 2 de Noviembre, Día de los Santos Difuntos.

Más de 100 puestos semifijos se apostaron a la entrada del camposanto, con venta de dulces, semillitas, churros, elotes, antojitos mexicanos, y flores, las flores que no pueden faltar, de todo tipo, pero donde predominan la de cempasúchil.

Son las 11 de la mañana, don Joaquín González carga su cubeta para acarrear agua para lavar la tumba donde yacen los restos de su querida esposa, Lucía Espinoza.

El cementerio es pequeño y fácil de recorrer, a diferencia del panteón vecino, el de Dolores, que tiene más hectáreas de terreno, sin embargo, el sol a esa hora caía a plomo, y los años a don Joaquín ya le pesan, 69, y en enero llega a los 70.

"Vengo a darle una manita de gato a la tumba de mi mujer, ella murió hace ya 15 años, pero el tiempo pasa lento, se ensañó conmigo, yo que quisiera que pasara rápido, porque sin ella, sin mi compañera ya no es lo mismo, fíjese usted que cumpliríamos 50 años de casados este año, claro que la extraño".

Pero no sólo don Joaquín está triste o nostálgico, cientos de personas, cada quien en distintos sepulcros, le llora a sus muertitos.

Claro, este día, de acuerdo a la tradición mexicana, se hace contacto con nuestros seres queridos que ya partieron, volvemos a convivir con ellos, aunque no los veamos, pero quizá percibamos su presencia en nuestros corazones.

Sin embargo, se observa poca gente, o no los miles y miles de otros años, será acaso porque las nuevas generaciones perdieron ese sentido de afecto a sus difuntos, pareciera que sólo viven el momento y no reparan en que en el mañana ellos también descansarán en un lugar similar, ya que lo único seguro para el ser humano es precisamente eso, la muerte.

A la entrada del panteón un empleado del lugar cuida celosamente las sillas de ruedas, esas que se facilitan a quienes las requieren, pero a cambio de dejar una credencial de elector para identificar a quien la solicitó, por aquello de alguien se pase de vivo en el Día de los Muertos y se la quiera robar, claro, al devolverla, una propina sería adecuada para corresponder al empleado.

Este es un panteón muy viejo, el más antiguo de Monterrey, junto con el de Dolores, hay mausoleos que datan de casi tres siglos, y puede ser que a ello se deba que hay poca presencia de músicos, de mariachis para cantarle a los difuntos.

"Lo que pasa es que ya las gentes que descansan aquí, la mayoría tienen ente 50 y 200 años que fallecieron, entonces los parientes que tienen ya son lejanos, no coincidieron con ellos, o el afecto es menor y por eso no contratan músicos. Vaya a los panteones nuevos y ahí sí para que le digo que no, porque los muertos son de hace poco y van sus hijos y sus hermanos y así, y ellos sí les llevan música", señala Margarita Garza, visitante del panteón.

Al único mariachi que se observó, le escaseaba el trabajo, sin embargo, un señor de unos 50 años de edad se animó y negociaron dos canciones de 200 pesos cada una: 'La Cruz de Palo' y 'Te vas, Ángel Mío', de las más tradicionales este día, para dedicarlas a su hija, como queriendo ilusamente invocarla con tan sensibles melodías, aunque en el fondo sabe que no la verá.

El tiempo transcurre, repentinamente, pasadas de la una de la tarde, se nubla, y unos 45 minutos después cae una lluvia que alborota, que ahuyenta a muchos y que puede significar dos cosas: Que el cielo también le llora a los muertos en su día, o que ya es hora de que los asistentes vayan a casa, luego de cumplir con visitar a quienes se nos adelantaron en el camino, y que les deseamos que descansen en paz.