Solo buenas intenciones en la Nuevo Progreso

El juego de los toros y los fallos con la espada malograron la corrida de mayor expectación. 
El resultado fue una tarde en la cual los triunfos estuvieron ausentes.
El resultado fue una tarde en la cual los triunfos estuvieron ausentes. (Cortesía)

Guadalajara

En la taquilla y en el ambiente se nota cuando está anunciado el nombre de Pablo Hermoso de Mendoza. Los tendidos reflejaron una entrada inusual en Guadalajara, con los numerados colmados y con las localidades de general con una población que pocas veces se aprecia. Un público que no siempre acude a los toros y que en esta ocasión lo hizo motivada por el prestigio del llamado mejor rejoneador del planeta. El resultado fue una tarde en la cual los triunfos estuvieron ausentes. La tarde no terminó de romper, aunque hubo varios amagos. Los más esperados fueron los del caballista navarro, pero quien se quedó al filo de abismo. Primero porque el que abrió plaza mostró una desesperante parsimonia, aún así Hermoso de Mendoza logró emocionar a los tendidos, pero el gozo terminó en el pozo cuando el rejoneador ofició con el rejón de castigo. Misma historia, aunque con mayor nivel de intensidad con su segundo. Una cuadra renovada y una actitud de entrega se vieron frenadas con la mala ejecución de la suerte de matar. Fermín Rivera llegó con la etiqueta del mérito de otros cosos, pero no pudo ratificar lo que de él se decía. El peor lote de la corrida se interpuso en su voluntad. Mucho torero para tan poco ganado. A Diego Silveti se le esfumó la tarde que tanta falta le hace en Guadalajara. Con voluntad y reposo lidió a su primero, lo metió en la muleta y cuando olía a orejas se topó con el enemigo de la espada, para conformarse con una vuelta al ruedo que supo a insípido. La historia se repitió en su segundo, aunque con menos emoción, la toledana le volvió a jugar una mala pasada.