Arturo dio el primer campanazo

El tapatío de Alba cortó una oreja en la novillada inaugural.

Guadalajara

No podía ser una tarde cualquiera, en la atmósfera se respiraban todavía los acontecimientos de días pasados. Los pasillos de la entrada servían también para recolectar ayuda para los afectados de los sismos. Después de partir plaza se pidió un minuto de silencio que unió a todos los asistentes como pocas veces se había vivido en ese recinto. De chiqueros salieron Mexicano, Solidario, Voluntario, Rescatista, Héroe y Viva México, los nombres de los novillos que en esta ocasión servían de pequeño homenaje a lo ocurrido.

Pero tampoco se esperaba una tarde cualquiera en virtud de que la temporada se inauguraba con un cartel de novilleros jaliscienses, lo que en buena medida explica la aceptable entrada que tuvieron los tendidos de la Nuevo Progreso.

El primero en salir al ruedo fue el valiente Román Martínez, quien tuvo la fortuna de encarar a dos buenos astados de Los Cués, sin embargo, ante ninguno logró cosechar el triunfo ansiado. Y es que Román intenta todo, algunas cosas le salen, otras atropelladas y algunas deslucidas, pero nunca claudica, siempre va hacia delante. En esa vorágine de ambición deja poco tiempo para la reflexión de la mejor estrategia a seguir en la cara del toro. Román, intentó, intentó y volvió a intentar, pero cosechó muy poco.

En tanto Arturo de Alba, con otro estilo diferente y más pausado, dio constancia de sus avances y buenas maneras. Al segundo novillo, que mostró clase en la embestida, logró cuajarle varias tandas ligadas y bien construidas, toreo del bueno. Hasta con una réplica de una serie de poncinas que le salieron pintadas. Estuvo mal con la espada, al igual que todos sus alternantes y sólo pudo cosechar una oreja. Para colmo, se le fue vivo su segundo del lote ante su incapacidad con la toledana.

Con muy mala suerte en el sorteo, Alejandro Fernández completó la tercia de tapatíos. Ninguno de los dos novillos que le correspondieron a Fernández dieron la más mínima posibilidad de lucimiento. Por el contrario, el novillero mostró actitud, cabeza y técnica, pero se topó con un par de piedras. Lo más destacado de su quehacer fueron las verónicas en su segundo novillo. 

GPE