“Ya no quiere vivir, se está dejando morir”

Luis Antonio no solo tiene que sobrellevar que le queda un par de semanas de vida, sino la pobreza de su familia, que no reciben apoyos oficiales en CdMx.

México

Mientras miles de niños pensaron en los festivales por el Día de las Madres y en los regalos que les llevaron, Luis Antonio, de 12 años, solo espera el día para morir.

Al perder a su madre, prácticamente también ha perdido su vida; desde enero, cuando falleció su progenitora, dejó de luchar contra una enfermedad cardiovascular y contra una insuficiencia renal y solo espera el momento de morir para estar al lado de su mamá.

Atrás quedaron los regalos de chocolates y rosas para su madre, ahora ni siquiera pudo ir al Panteón Civil de Iztapalapa a llevarle flores, ya que le dan un par de semanas de vida y no puede salir del hospital pediátrico de Iztacalco, donde lleva mes y medio internado.

Incluso, no se enteró que falleció su madre, sino nueve días después, cuando levantaron la cruz.

“Ella murió en el cuarto y me costó trabajo decírselo a mi hijo; nunca supo. Se enteró hasta el día que fue levantada de cruz, y se puso muy triste, lloró mucho. No quería que supiera, pero fue mejor avisarle, pues con el tiempo se hubiera sentido peor”, señaló Bulmaro José, padre de Luis Antonio.

Su madre era todo para Luis Antonio y le queda prácticamente poco más de un mes de vida, ya que ahora la enfermedad cardiovascular tiene destruidos sus pulmones y sufre de insuficiencia renal crónica; es dializado día y noche.

Ya no puede bañarse por sí solo y necesita que alguien lo cambie.

Además, su padre, sin trabajo y sin acceso al seguro de desempleo, donde lo han rechazado, tiene que conseguir dinero para los pasajes y para poder cuidarlo.

“Lo que pasa es que dicen los doctores que tiene sus órganos ya dañados, tanto el riñón, como los pulmones. He platicado con él, ya no quiere vivir, se está dejando morir; él se da cuenta de todo, que no esté trabajando o que no tengamos para los pasajes lo pone mal. Cuando me vine para acá les dije a mis compañeros ‘no sean malos, préstenme 50 pesos”, indicó Bulmaro.

“Me pongo muy triste cada 10 de mayo. Antonio le llevaba regalos a su mamá, la abrazaba, pero conmigo casi no jalaba; ella era su adoración”.

Aunado a su enfermedad, el gobierno capitalino, a través de las secretarías de Salud y de Desarrollo Social, ha dejado solos a Luis Antonio, a su padre y a una hermana de tres años; no les han dado apoyos necesarios por su condición de marginalidad.

En más de tres ocasiones rechazaron a Luis Antonio del centro de salud y a su papá le ha ocurrido lo mismo para obtener la tarjeta de transporte, así como el acceso gratuito a comedores comunitarios.

“Cuando iba en el Metro Constitución de 1917 se desmayó mi hijo, se estaba muriendo ahí; la segunda vez, en la estación Escuadrón 201, de la misma Línea 8, estaba ocurriendo lo mismo. Tardaron como dos horas en recibirnos, iba grave y estuvo a punto de fallecer, tenía 30 por ciento de pulso”, comentó Bulmaro.

La casa de Luis Antonio está ubicada en la Sierra de Santa Catarina y desde ahí tienen que bajar hasta el Metro Constitución, y después buscar los servicios de salud que en un principio le fueron negados por no estar dentro de la red.

“Nos falta un documento, que es mi acta nacimiento, la cual no la tengo porque soy de un pueblito de Oaxaca donde todavía las hacían a mano; actualmente el Registro Civil prácticamente está a tres horas de camino, y desde donde estoy, prácticamente son 11 horas, lo que implicaría dejar a mi hijo todo un día, y eso no lo haré. Eso me ha atrasado y nos falta la tarjeta de transporte del gobierno capitalino porque no tengo un certificado de discapacidad y en el centro de salud nos dicen que no los hay”, señaló.

“A ver si nos pueden dar becas o la tarjeta para no pagar pasajes, que me atiendan y apoyen con la guardería para mi hija; es lo que le pedí al gobierno”, dice.

Bulmaro tiene que cuidar a su hijo 16 horas diarias y eso fue motivo para que lo despidieran de su trabajo como barrendero en la Central de Abasto de Ciudad de México, donde ganaba 100 pesos por día.

Otro problema que tiene Bulmaro es que no se ha atendido un tumor en la pierna y está cerca de que se la amputen.

“Me dijeron que me iban a cortar el pie. Es la primera vez que voy a pasar el 10 de mayo sin mi esposa y pienso que es algo muy triste que no esté tu mujer, la madre de tus hijos”, dijo.