Por no prevenir, México gasta 38 veces más en reconstruir por desastres

La falta de inversión en medio ambiente se refleja en el aumento de riesgos de la población y de la economía ante desastres naturales cada vez más fuertes, señala investigadora de la UNAM.
Ana Cecilia Conde Álvarez, investigadora de la UNAM.
Ana Cecilia Conde Álvarez, investigadora de la UNAM. (Cortesía)

Guadalajara

La gravedad de no hacer inversión pública y privada en la conservación de la naturaleza y los servicios que provee a la sociedad, se refleja claramente en los costos que se arrastran con los desastres naturales: “invertimos hasta 38 veces más en reparar lo que se pudo prevenir”, advierte la investigadora de la UNAM, Ana Cecilia Conde Álvarez.

Coordinadora de un panel en el IPCC Outreach event México, un encuentro de investigadores del Panel Intergubernamental de Cambio Climático realizado en agosto pasado, la científica destaca la necesidad de que haya conciencia en las esferas gubernamentales sobre la necesidad de incrementar el gasto público en la prevención: muchos de los costos de un evento extremo como sequía o huracán puede evitarse si se educa a los habitantes que lo padecen, si se dota de infraestructura adecuada, si se gestionan de forma integral las cuencas hidrográficas –muchas de las cuales han sido invadidas por asentamientos humanos irregulares- y si se mantiene la frontera de bosques y selvas, esenciales para retener suelo y evitar aludes, entre muchas medidas más.

“Seguramente la ciencia irá avanzando y tendremos modelos más certeros, pero también tenemos incertidumbre hacia el futuro, hacia el conocimiento […] las proyecciones, entre más nos alejemos en el tiempo, depende mucho de cómo será la economía, y por lo tanto cómo cambian las concentraciones [de gases de efecto invernadero]; pero también tenemos incertidumbre en las acciones y reacciones humanas ante el cambio climático, y eso es difícil, es un tema muy importante de analizar y el liderazgo del gobierno es esencial”, pondera.

“Quisiera concentrarme en la incertidumbre política, como la maneja el panel intergubernamental, y lo que alcancemos a ver de política pública en México; el IPCC es como el brazo científico y técnico de la convención, está en la interfase entre ciencia y política, saben que ahora los países condicionan sus emisiones determinadas, y esta es la interfase que me gustaría discutir, como se comunica de aquí a acá,  nutrir para tomar las mejores condiciones […] dependiendo de las decisiones políticas que se tomen, tendremos las trayectorias futuras, y que ocurre aquí, por qué se toma una decisión y no otra, eso se debe saber”, añade.

Como científicos, “necesitamos estrategas en política, hacer estrategias que comuniquen los datos que obtenemos y analizamos desde la ciencia; decir, si queremos tener un mundo de tal modo, en ese momento podemos hacer la prospectiva, aún con los problemas ambientales que se esperen, y qué requieren los tomadores de decisiones para llegar a él; esencialmente se requiere tomar decisiones, sin olvidar que no tomarlas es también una decisión; tomar una decisión en un contexto de incertidumbre, y esas decisiones nos van a dar un efecto; discutir cómo rayos ante la mejor información decido algo: es como si yo les digo, se va a caer este edificio, pero les vendo un seguro, y tres me compran el seguro pero los demás no, pues fíjate que no te creemos que en 20 minutos este edificio se va a caer, pero porque se toman decisiones distintas si la información es la misma […] creemos que se necesita una visión estratégica”.

Esto lleva a la conclusión de que la ciencia se debe comunicar bien; también determinar las responsabilidades gubernamentales a la luz de los tratados firmados por el país, y especialmente, es enriquecedor consultar la ley y el programa de Cambio Climático, “porque allí establece la tarea de cada secretaría, cuánto dinero tiene, y sus resultados; esa es una buena manera de empezar a evaluar el cambio climático, y decir, por ejemplo, con este compromiso de la Secretaría de Agricultura vamos a llegar a tal escenario, vamos a lograr tales cambios, y así en cada área de gobierno”.

Considera la académica que si bien, los recursos presupuestales asignados a estos temas siguen siendo marginales, los compromisos mexicanos ante la conferencia de partes en París, el próximo mes de diciembre, son importantes; “extrañamente, en la parte de adaptación, que no todos los países le van a entrar, tuvo mucho pegue la propuesta de México, y está siendo puesto como ejemplo entre los países de América Latina; una de las cosas en las que queremos hacer énfasis es en la sinergia de adaptación, o sea, no me digas que vas a adaptar o que vas a mitigar, dime qué se requiere para esto, para el diseño de políticas científicamente fundamentadas; tenemos que comunicar las incertidumbres asociadas, y en la toma de decisiones, generar estas sinergias, y obviamente necesitamos dinero y gente,  tenemos que evaluar estas políticas”, concluye.