El náhuatl se recuperará apreciando su belleza

El lingüista René Esteban Trinidad critica a quienes conscientemente se niegan a hablar en su lengua por miedo a la discriminación y se impresiona de los extranjeros que estudian estas formas de ...

Huauchinango

La necesidad de defenderse de la discriminación, de adoptar modas u otras culturas, la cercanía con Huauchinango, su centro rector, y el uso de "préstamos lingüísticos" que se han tomado del castellano y del inglés por la migración de los pobladores, han modificado el idioma náhuatl que se habla en la comunidad de Cuacuila, asegura el lingüista René Esteban Trinidad.

Para el experto en la lengua, egresado de la Universidad Veracruzana Intercultural, se requiere de un proceso de concientización y revalorización "es decir, de empezar a tomar las riendas de la lengua para apreciar las diferentes formas de la riqueza lingüística", para recuperarla y preservarla.

"No es lo mismo saludar con un poético xochinenemi 'camina sobre las flores'; que con un amargado 'buenos días' o hablar de la luna diciendo 'luz de la luna' que usar el seco castellano luna", ejemplifica.

En el caso de su comunidad de origen, indica René, hasta hace unos 30 años se hablaba una variante dialectal del náhuatl clásico, casi puro, "muy parecido al de Tenochtitlán", pero se ha ido modificando de manera consciente e inconsciente.

Inconscientemente porque algunos "no saben a ciencia cierta si hablar náhuatl es una riqueza; pero también se le ha ido dejando como una forma de defensa ante la discriminación, como lo plantea el doctor Guillermo Garrido Cruz: que lo abandonamos, conscientemente, para defendernos del mundo castellano porque sabe que si lo hablas te van a segregar y se sabe que te van a decir ahí viene el 'nahual', ahí viene el 'nahualito' ahí viene el 'macehual' que quiere decir mano de sombra", explica.

En Cuacuila, esto también ha sucedido: hay muchos, jóvenes en su mayoría, que dicen que no hablan la lengua, pero en su casa si la hablan y es otra forma consciente de estar dejando la lengua.

HOMERO, DOSTOIEVSKI Y NETZAHUALCÓYOTL

René dice que tomó su opción preferencial por la lengua, por el náhuatl, por la palabra, "porque se le clavó una espinita" y tras leer los cantares de Homero: La Ilíada y La Odisea, algunas obras de la literatura rusa, y de repente se encontró con similitudes en la literatura prehispánica, como el Canto Primaveral de Netzahualcóyotl.

Lo determinante para que René se dedique al estudio de las lenguas fue su asistencia a un evento para conmemorar el Día de las Lenguas Maternas, donde se dio cuenta que Andrés Castles habla perfectamente el náhuatl clásico y lo puso en "esa gran interrogante de saber por qué: si yo que soy nahuahablante y es mi primera lengua, no lo quiero hablar, pero investigadores de Alemania o Francia lo hablan perfectamente".

"Eso me movió el piso, esa es la espinita porque empecé a cuestionarme por qué ellos vienen y estudian nuestra cultura y a nosotros que la tenemos en nuestras narices, se nos olvida, no queremos hablarlo. Entonces la identidad cultural, el hecho de reconocerse como nahuahablante, fue un acto mucho más consciente", afirma el muchacho de enormes ojos saltones que se abren más cuando quiere imprimir más fuerza a sus dichos.

DISCRIMINACIÓN ENTRE IGUALES

Otro punto, agrega, que ha influido en la decisión de dejar de hablar la lengua náhuatl es la discriminación entre los indígenas de la misma población o de diferentes zonas. "Pasa como con el castellano, en el norte se dicen huercos o huerquillos y con el náhuatl pasa lo mismo: nos decimos nahuas, nahuales, nahuatlacas, pero también es un asunto de la fonología de la manera de hablar el náhuatl que llevan a algunos a pensar que son de la misma cultura, hablan el mismo idioma, pero son diferentes y hasta aventuran: 'pero tú estás más jodido que yo'. Entonces entre los indígenas también hay nobleza".

Por ejemplo, se conoce una historia que alguna vez Cuacuila sometió a su vecina Xilocuautla, pero a través de la "tradición oral no se platica todavía de temas como estos".

René destaca el importante papel que la memoria oral juega en la preservación de la lengua, además de la ritualidad, de la práctica que tiene que ver más con cuestiones religiosas y de cosmovisión, que con lo que se habla cotidianamente.

TLANONOTZALISTLI (LO QUE TE PLATICAN)

Por ejemplo, refiere, el valor que tienen "las consejas" –lecciones familiares mayormente–, que se transmiten de generación en generación y que tienen que ver con lo aprendido en el pasado a través de las vivencias cotidianas que en Cuacuila se llama tlanonotzalistli (lo que te platican).

Son "saberes comunitarios que van de padres o abuelos hacia los hijos, desde el arte de la oralidad y deben considerarse un tesoro literario que se transmite de memoria a memoria".

"Pero también encontramos otra forma de clasificar la narración oral, que mencionan los tenonotzani (los que platican) al iniciar o terminar un relato, es decir cuando se refieren al Inonotechpanocihueca (Eso nos pasó antes) y tlennonenusoahmoniquiitacnonechnonotzque, (no digamos lo vi, también me lo contaron)", narra René quien se ha dedicado a rescatar y escribir varios de estos relatos.

Estas formas de iniciar una historia, precisa, "nos ayudan a identificar cuando el narrador se integra automáticamente en la historia, es decir es el principal testigo de los hechos con el 'Eso nos pasó antes'; o cuando un relato termina o empieza en 'no digamos lo vi, también me lo contaron', que sirve para que el narrador no se haga responsable de lo que está contando, es decir, también lo escuchó de otro".

A esto, dice, los especialistas le nombran "memoria colectiva", pero debe ser "complementada con otras fuentes, buscando datos precisos que no se hallan en documentos o anécdotas vivenciales que den al texto un tono íntimo".

René ha tenido el privilegio de hablar con los ancianos de su comunidad, quienes han aceptado contarle muchas historias, como doña Camila. Para él considerar a la lengua no sólo como vehículo de comunicación sino de transmisión de la cultura es fundamental.

"La lengua facilita la expresión, nos ayuda a organizar nuestros pensamientos, conocimientos, tradición y cultura y si no empezamos a revitalizarla a pasarla a las nuevas generaciones nos espera un futuro aterrador: ya no se escucharán los saludos al amanecer y al atardecer los consejos y los saberes de los ancianos. Un futuro sin otras formas de mirar al mundo, pues hemos retrocedido en lugar de avanzar", concluye.

A continuación y con el permiso de René Esteban Trinidad reproducimos dos de los relatos recatados por él.

Los hongos del dueño del monte

Hongos Negros!, exclamó la anciana Camila. Antes de que le preguntara otra cosa. Continuó la abuela Camila. Dicen que llevaba el dueño del monte hongos negros y dijo:

–Voy a calentar mis tortillas–. Sus tortillas eran unos hongos negros.

Los calentó en el fogón. Eso pasó allá, junto a aquellos dos árboles omecuhpantli, le decimos nosotros. Fue ahí donde mi papá vio al dueño del monte como si estuviera soñando. Me contó mi papá que vio su ropa, su sombrero forrado de heno, parecido al que le ponen al Niño Dios cada 25 de diciembre. Todo su sombrero cubierto con heno. Llevaba en su mano un montón de ocotes y hongos negros. Entonces el dueño del monte, le dice a mi papá:

–¿Quieres unos hongos? Te dejo algunos.

–¡No! –contestó mi papá–. No me los voy a comer ¡Llévatelos!

De veras se los llevó. Unos minutos después se escuchaba cómo el dueño del monte hacía llorar el machete; y las ramas de los árboles caían contra el suelo.

Esa noche mi papá había ido a cuidar su milpa. Sembró su maíz y lo fue a cuidar para que no se lo comieran los mapaches.

De repente escuchó que alguien se iba acercando, los perros comenzaron a ladrar. Se preguntó “¿Quién será?” Seguían ladrando los perros y escuchó cómo iba bajando alguien, era el dueño del monte. Llegó a él y lo vio bien porque la luz del fuego estaba brillando.

¿Qué haces aquí? –interrogó el dueño del monte–. Mi padre contestó: vine a cuidar mi maíz para que no se lo coman los mapaches.

¡Pobrecito!, respondió el dueño del monte y preguntó: ¿Estás solo?

Mi papá contestó: sí.

El dueño del monte le preguntó a mi papá: Dame permiso quiero calentar mis tortillas.

¡Caliéntalos! –exclamó mi papá–.

Cuenta la abuela Camila: “mi papá vio que no era cristiano. Vio su morral, su pantalón cubierto de hierbas y heno. El dueño del monte puso sus hongos en un tronco grueso. Después los metió al fogón y los metió a su morral.

El dueño del monte volvió a preguntar: ¿Quieres unos hongos?

Mi padre respondió: No.

Mi papá no quiso comer los hongos porque dicen algunas personas del pueblo que los hongos del dueño del monte te hacen ver cosas y te hacen hablar sin sentido. Bueno eso “no digamos lo vi, también me lo contaron”.

INANACATL CUHTLACATL

¡Tlilticnanacatl! Oquiitotenan Camila queman nictlatlanianiocsetlamantli. Tosihtzin Camila quiitohua. Mach quihuicayacuhtlacatltlilticnanacatlhuanquiitohua:

–Nictotonisnotlaxcal, itlaxcalinontlilticnanacatl.

Oquitotoniipantletl. Inonopanocnepacanintehhuanticpantiyaomecuhpantli. Ompacaninnotatahtzinoquiitaquecuhtlacatl,

quimatiquicochtetemihticatenechnonotznotata. Quiitacitlaquen, quiitacicuasehualnochipachtli,

inontlequitlaliliyatlasoconetlipansempoallihuanmacuillitonalliDiciembre. Icuasehualsentetlpachtli.  Ipanimanquipilohua san tepitzinocotlhuantlilticnanacatl.

Oncancuhtlacatl, quiliyanotatahtzin:

–¿Ticnequinanacatl? Nimitzcahuilitehuasequi.

–¡Ahmo! –Tlananquilinotatahtzin–. –¡Ahmonicuas! Xihuica.

Nelioquihuicac. San huelchitomocaquiayaipancuhtlatliquentzahtziaya machete huanhualuetztehuacohuitlipantlalli.

Inonyehualinotatahtzin, ohuiyaquiitaimil. Oquitocacitlaolhuanoyaquiitatlahmoquicuasmapach.

San tlama, itatahtzintenan Camila oquicacaquiininonmotoquitayainac, chichimeopehquetlacuacua. Mach motlatoltiya “¿Ahquininon?”

Tlacuacuaticatcachichimehuanoquicacquentemotayacuhtlacatloahsiccaninnalehticatletlompaoquiyequitac.

Itatahtzintenan Camila oquinonotz mach oquita sentetlpachtliicuasehualhuanoquinotz:

–¿Tlenticchihua? –Quitohuanotatahtzin:

–Onihualaniquiitanotlaoltlahmoquicuasmapach.

–¡Prohue! –tlananquilicuhtlacatl– ¿San moselotihuala?

Notatahtzinoquiito:

–Queme.

Cuhtlacatlquitlatoltinotatahtzin:

–Nechmaca permiso nictotonisnotlaxcal

–¡Xictotoni! –tlananquilinotatahtzin.

Tlanonotzatosihtzin Camila: “Notatahtzinoquiitacahmoneli cristiano. Quiitacimorral, ipantalonsentetlpachtlihuantlasoli. Cuhtlacatloquitlalinanacatlipan se hueyicohuitl”.

Lima oquiicxitiipantletlhuanoquitlaliipanimorral. Cuhtlacatlocsepaotlahtlan:         

–¿Ticnequinanacatl?

Notatahtzinquiito:       

–Ahmo.

Notatahtzinahmooquinecquicuasnanacatl, sequiquiitohuainanacacuhtlacatlteiixpatlahuanteistlacachihuiya. “tlennonenusoahmoniquiitacnonechnonotzque”.