"Buda Guanyin", una exposición milenaria, sensorial y del recuerdo

Uno de los objetivos era despertar sensaciones entre los visitantes. Esto se logró gracias a recursos como multimedia, sonidos e incluso fragancias de sándalo, dijo Sergio Rodríguez.
Marcó precedente en materia de exhibiciones en la ciudad.
Marcó precedente en materia de exhibiciones en la ciudad. (Cortesía: Mune/ Roberto Ortiz)

Monterrey

La exposición Buda Guanyin. Tesoros de la Compasión tenía diversos motivos para ser recordada por los visitantes del entonces recién inaugurado Museo del Noreste.

En primer lugar, se congregó una selección de 200 piezas de las cuales un importante número no habían salido de los templos budistas en China.

Y segundo, se trató de una exhibición que buscaba despertar “sensaciones” en los visitantes, un objetivo que se trazó desde el comienzo, señala el museógrafo de la muestra Sergio Rodríguez.

Buda Guanyin fue la primera exhibición temporal que tuvo el Museo del Noreste (Mune) en su apertura del 2007, la cual le valdría recibir el premio nacional Miguel Covarrubias, que otorga el INAH, por su museografía al año siguiente.

“Se juntaron muchas cosas para lograr esa exposición, muchas voluntades para que esas piezas llegarán”, recuerda Sergio Rodríguez en entrevista.

Los retos

La museografía para la exposición se fue trabajando a la par que terminaban los detalles del Mune.

Esto significó diversos retos pues había que “imaginar” la exhibición de las piezas para un espacio que todavía no estaba listo.

Aunado a ello, había que tener las salas equipadas con todas las medidas de seguridad posible, pues se trataba de una colección muy valiosa, que incluso requirió de representación diplomática entre México y China para que llegara.

“Tenía un grado de dificultad pues el edificio no lo conocíamos y, aunque es un inmueble bello no es muy funcional por la forma en que se diseñaron las salas”, apunta el museógrafo y también escultor.

Una experiencia sensorial

Uno de los objetivos que se buscaban con la muestra era generar “experiencias” al visitante.

Por ello se hicieron valer de todos los recursos posibles: multimedia, sonido e incluso fragancias de sándalo para dar contexto a ciertas piezas.

Rodríguez señala que hubo “mucha oportunidad” para generar estas “sensaciones” para los visitantes a la exposición, pero las piezas seguían siendo lo importante.

“Eran objetos que jamás habían salido, incluso de sus templos y se consiguió que vinieran, gracias a que se hizo un viaje diplomático a China”, relata.

La exposición ha sido una de las más recordadas del Museo del Noreste. Después de su exhibición en Monterrey se trasladó al Castillo de Chapultepec, en la Ciudad de México.

A 10 años de esa exposición, el trabajo que se realizó ahí sigue marcando un precedente en materia de exposiciones para la ciudad.

Para Sergio Rodríguez fue un trabajo que marcó su faceta como museógrafo, por todo lo que demandó cristalizar el proyecto.

“Es una exposición que la gente recuerda y siguen mencionando. Eso a mí es lo que me genera mayor gusto”, menciona Rodríguez.