El camino a la paz interior desde la enseñanza Ishaya

El monje Maghavat vio morir a su padre y al jardinero en un intento de secuestro, entonces él tendría 15 años. Ahora se encuentra en Torreón para impartir pláticas y un curso.
Ishaya promueve una paz que está al interior de cada persona pero que no se descubre conscientemente.
Ishaya promueve una paz que está al interior de cada persona pero que no se descubre conscientemente. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Un joven sufrió la agresión de un intento de secuestro. El jardinero y el padre del muchacho de 15 años, murieron enfrente de él. Tras las diligencias legales, lo conducente en el caso, el joven se perdió a sí mismo.

Fue en Cuernavaca. El monje Maghavat Ishaya tiene ya 32 años de edad. Desde aquella experiencia, en algún punto determinado tras tocar fondo, buscó la forma de encontrar el espíritu, la paz.

A sus 22 años encontró a los Ishayas y estuvo seis meses en Canadá, que era donde se encontraban, donde aprendió a meditar y sobre todo, descubrir el propósito de su vida.

A todos nos duele algo. Su labor como monje de la enseñanza Ishaya, se encamina a la propia sanación para ayudar a sanar a los demás.

Maghavat visitó Torreón para impartir dos pláticas y un curso que será el fin de semana. "Todos hemos pasado, o alguien cercano, por algo duro, algo fuerte y eso se queda en nuestro interior: carcome, da miedo, duele, da incertidumbre".

Y desde luego, no es una forma bonita de vivir. El miedo sobre todo, nos puede afectar en nuestras relaciones por todo lo que por dentro nos come y estallamos con gritos, con regaños, con enojos.

La contraparte, el quedarse con todo dentro, es también malo. En el caso de Maghavat, el se guardó el dolor y la pena y su cuerpo en un momento dado, respondió.

"Me dediqué a buscar una paz interior. La paz a la que yo estaba acostumbrado dependía de cosas externas, de que se dieran circunstancias externas para que yo estuviera en paz".

Como tener cerca a sus amigos, a su familia, tener dinero. Dependiendo de que las cosas sucedan o de tener o no tener, la paz está o no está.

Ishaya promueve una paz que está al interior de cada persona pero que no se descubre conscientemente, que está siempre ahí y que no depende de nada más. "Buscamos la paz fuera de nosotros y puede no llegar y si llega es una hora y se va".

Una vida común, busca la paz posiblemente en fracciones de tiempo, como las vacaciones o la jubilación. Esto hace que haya personas que mueren sin saber sin tener una paz interna.

Y socialmente, las repercusiones las tenemos a mano en la nota roja. Robos, secuestros, la no sinceridad, pueden provenir de esta inconsciencia de buscar la paz fuera de nosotros mismos.

"La mente está buscando algo que le va a hacer sentir bien, seguro, valorado por la sociedad para que sepan dónde estoy parado y es una violencia súper drástica y así creamos nuestras circunstancias, ¿cómo no esperamos que el mundo esté así?" 

Maghavat Ishaya comentó que su preparación espiritual es esta mística. Al momento de vivir el intento de secuestro, entró en la realidad que existe. Probó alcohol y drogas, y llegó al punto de no poder más. Consideró la venganza y concluyó que la violencia no es el camino.

A sus 22 años encontró a los Ishayas y estuvo seis meses en Canadá, que era donde se encontraban, donde aprendió a meditar y sobre todo, descubrir el propósito de su vida, que se encamina a ayudar también a los demás.

"El dolor puede estar, pero el sufrimiento cada quien lo elige. La gente que sufre está eligiendo sufrir".

Ha impartido su curso de técnicas en reclusorios e incluso en grupos de drogadictos, a quienes se les puede también apoyar. "No hay experiencia tan dolorosa que no pueda ser trascendida por amor y paz".

Son varios los maestros mexicanos Ishayas. Se le pide al monje un tip para ir solventando los dolores que tenemos en la cotidianeidad.

"La mejor manera, es no tomarse las cosas personales. Si duele algo es porque queremos que sea diferente. No tenemos claridad de que hacer. Entramos en una justificación interna muy fuerte de que debería ser diferente”.

“La mejor ayuda es aceptar totalmente la situación, tal vez habrá más claridad y no será tan doloroso. Si caminas y te pegas en la puerta, no sirve de nada que maldigas a la puerta o te enjuicies a ti mismo", expresó.

En este diálogo interno, uno no alcanza a ver las soluciones que desde luego, se tienen que buscar, desde la aceptación del hecho, soltándolo para que el dolor no llegue.

"El dolor puede estar, pero el sufrimiento cada quien lo elige. La gente que sufre está eligiendo sufrir. Busquen la paz interior. Yo lo encontré en esta enseñanza, en la meditación, pero el mensaje es el mismo: no hay nadie que no tenga las cualidades de encontrar la paz interior en el camino".