De rival a maestro

Aunque fue en 2011 cuando Antonio Villalpando se dedicó por completo a ser entrenador, fue desde el 2006 cuando tuvo su primera experiencia como instructor de las categorías menores
Antonio Villalpando ama su profesión y se dice satisfecho
Antonio Villalpando ama su profesión y se dice satisfecho (Diego Reos)

Guadalajara

El mundo del deporte los llevó de ser rivales a ser alumno y maestro. Este es el caso de Antonio Villalpando, quien dejó de competir contra Alfonso Leyva para convertirse en su coach y llevarlo hasta los Juegos Olímpicos de Río 2016.

La lucha grecorromana es su deporte y su historia juntos comenzó a escribirse desde que Alfonso, o Larry, como lo conocen apenas era un adolescente con problemas de actitud y bastantes ganas de pelear.

“Yo conozco a Alfonso desde sus orígenes, en ese momento yo también era atleta activo, éramos compañeros. Él siempre aspiraba a pelear con nosotros queriendo ganar, tanto así que comenzó a crecer en tamaño y edad y llegó a ser mi rival en la división de los 84 kilogramos. Duramos alrededor de tres años compitiendo como rivales, pero también como compañeros, al final de cuentas éramos del mismo equipo.

“Por este vínculo que tenemos fue que ni siquiera podía creer cuando clasificó a Juegos Olímpicos. Da mucho sentimiento porque a veces uno que fue atleta, pues no logró conseguir ese sueño y se nos dio muy rápido con Alfonso. Fuimos compañeros y hoy soy su entrenador, por eso es una doble satisfacción”.

Fue después de su participación en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 cuando Antonio Villalpando decidió terminar su etapa competitiva para dedicarse de lleno a formar a los nuevos valores de la lucha grecorromana jalisciense y mexicana.

Aunque Villalpando asegura que ama su profesión, la cual lo ha llevado a entrenar atletas de la talla de Alfonso Leyva, también reconoce que no todo ha sido dulce desde que consiguieron el pase olímpico de su pupilo, ya que los nuevos directivos de la Federación Mexicana de Luchas Asociadas les impidieron acompañar a Larry en su travesía en Río.

“Por cuestiones federativas yo no pude acudir con él y acompañarlo a Juegos Olímpicos, por el cambio este de federaciones. Hubo un momento en el cual quisimos proponer un plan de trabajo en la selección porque Alfonso quería trabajar con nosotros, pero la federación  no nos lo permitió. Por esto es que decidimos no insistir y dejar que Alfonso siguiera su proceso solo, aunque sí creemos que uno de nosotros debió acompañar a Larry a Río”.

Otra de las “dolencias” de ser entrenador es la ingratitud con la que a veces se manejan algunos atletas que después de un tiempo buscan nuevos horizontes, compañeros y entrenadores para seguir su carrera deportiva.

“Esta carrera a veces es un poco ingrata porque uno da sin esperar, pero sí da tristeza que a veces sacas a un muchacho de la drogadicción, agarra nivel y ni adiós te dice. Es duro porque uno a veces hasta les compra lo necesario para que entrenen. Desde ese punto de vista sí es un poco ingrata esta profesión”, finalizó.

Aunque fue en 2011 cuando Antonio se dedicó por completo a ser entrenador, fue desde el 2006 cuando tuvo su primera experiencia como instructor de las categorías menores de la lucha del Code Jalisco. Hoy, sólo una década después de haber iniciado el sueño, el coach ya puede presumir un atleta olímpico en su currículum.