CRÓNICA | POR IMELDA TORRES

El cruce hacia el sueño americano

Es hondureño, su destino es llegar hacia Monterrey o Piedras Negras y confía, dice, estar pronto pisando suelo americano.

Héctor David Enamorado llegó al alcaldía pidiendo apoyo.
Héctor David Enamorado llegó al alcaldía pidiendo apoyo. (Imelda Torres)

Ciudad Valles

Héctor David tiene 32 años de edad y se encuentra a casi dos mil kilómetros de su esposa y sus dos hijas.

Irónicamente esa distancia que hoy los separa es porque busca un mejor futuro para ellas. Salió de su país, Honduras y su destino es el "otro lado".

Cruzó por el río en Chiapas y después del aventón en carros, camiones, autobuses, llegó hasta Ciudad Valles donde relata su odisea.

HAY POCO TRABAJO, SOMOS POBRES, LA MAYORÍA SE HA IDO

"En mi país somos muy pobres y hay poco trabajo; conozco profesionistas, peritos mercantiles, que andan en rutas de autobuses, vendiendo fruta, el sistema maquilero es una opción, pero sale caro trasladarse, el ambiente minero también se mueve pero cuesta conectarse para trabajar ahí, otra opción es el café pero solo en navidad, para el corte en las montañas. En mi pueblo la mayoría se ha ido, el único lugar donde hay trabajo es San Pedro Sula, pero hay que viajar hasta allá y el alquiler, la comida, los pasajes todo es caro".

Héctor David Enamorado tiene 32 años, es de Las Vegas, un municipio en el departamento de Santa Bárbara en la república de Honduras, a dos horas y media de San Pedro Sula. Su meta es llegar a Austin, Texas, donde no conoce a nadie.

"Ya lo había intentado otra vez hace tiempo con un amigo, por el lado de Piedras Negras; ya estábamos por llegar pero nos detuvieron y deportaron, nos mandaron en avión. De eso hace cuatro años", recordó.

La falta de buenos trabajos, pero sobre todo la delincuencia es lo que ha orillado a los centroamericanos a salir de sus países, señala Héctor David.

"Es por necesidad pero también por los marejos (mara salvatruchas). Si no quiere uno meterse con maras, te meten a la fuerza, es reclutamiento obligatorio y si te niegas, te dan pa'bajo, te matan".

El salario en su nación es de 150 a 200 lempiras, algo así como 600 pesos mexicanos a la semana.

En estos días de camino desde su hogar, ha conseguido trabajos esporádicos y tiene que hacerlo con cautela, temiendo todo el tiempo que lo delaten o lo detecte la policía. Salió sin una moneda en la bolsa y ha comido donde le han ofrecido.

SÍ HAY MIEDO, PERO HAY FE

"Me he venido de raite pero no, en el tren no, ese no lo agarro, luego te agarran los...los de un grupo de la delincuencia y tienes que pagarles 50 dólares para que te dejen subir.

En Piedras Negras se encuentran majes compatriotas que también prefi rieron irse solos pero que ya conocen los caminos, se forman grupitos para no pagar al coyote ni irse solos. Mi idea es llegar y trabajar en un restaurante, mandarle dinero a mi esposa, a mis niñas de siete y ocho años.

Sí hay miedo, pero me encomiendo al señor Jesucristo, soy evangélico, confío en lograr mi sueño, primeramente Dios que dice ayúdate que yo te ayudaré; la única forma es intentar, intentar".

Con una mochila a la espalda en la que carga un gorro, guantes y una sudadera para mitigar el frío que pueda sentir en el camino, su trayecto es ahora hacia Monterrey o Piedras Negras y confía, dice, estar pronto pisando suelo americano.