Una monedita para lograr su sueño americano

Sergio Alexander es un migrante hondureño que pedía dinero en Torreón, pero tuvo que moverse a "Chávez" debido a que la policía municipal le robaba todo su dinero.
Sergio Alexander, migrante hondureño
Sergio Alexander, migrante hondureño (Efren Maldonado)

Francisco I. Madero, Coahuila

Sergio Alexander, un joven migrante hondureño que meses antes pedía dinero a conductores en Torreón, ahora se moviliza todas las mañanas desde Gómez Palacio hasta el municipio de Francisco I. Madero para evitar que lo sigan asaltando los policías preventivos de "la ciudad que vence", según su eslogan.

Con sus treinta años en declive, de semblante cansado y con una enfermedad pulmonar que lo dejó hospitalizado por quince días, este muchacho de apellidos Izaguirre Castillo ha sufrido casi todas las vejaciones posibles.

Y no solo él. También sus dos hermanas, una de las cuales fue violada tumultuariamente por integrantes de un grupo criminal, en tanto que la otra fue azotada casi hasta perder la vida.

"Me fui a pedir a Chávez para que no me quitaran el dinero los policías de Torreón", revela el migrante.

"Yo me vine a México por problemas en mi país, las pandillas y todo eso, de plano ya no se puede vivir allá. Vivo en Gómez Palacio, allí me ayuda el gobierno y el DIF porque tengo un problema pulmonar".

"Aquí he encontrado gente buena que me ayuda. Todos los días me vengo a Chávez (Francisco I. Madero), el chofer del autobús número cuatro me trae gratis y otros me cobran, pero no mucho, quince pesos nomás".

Aunque se muestra agradecido desde su llegada a México, las muestras de inhumanidad lo han perseguido. Montado en el lomo de la Bestia, tren mítico donde cruzan de sur a norte el territorio nacional, él y sus compatriotas migrantes fueron literalmente secuestrados por integrantes de un cártel.

"Tuvimos un asalto en el tren y hubieron como veinte muertos. A mí me dieron asilo de 20 días, venía con mis dos hermanas y a una me la violan y a la otra casi me la matan, eran Zetas. En Las Choapas, Veracruz, los estaban esperando a ellos los (policías) estatales porque hubo una llamada anónima y pos ahí nos rescataron".

Tras el trauma, las mujeres regresaron a la colonia Palermo de El Progreso, Yoro, al norte de Honduras; ellas pudieron entrar aunque en ese sitio no puede pasar ningún "particular desconocido" sin correr el riesgo de no salir nunca más, dice Sergio Alexander.

Su objetivo sigue siendo llegar a los Estados Unidos y dice que su fe es hacerle una casa a su madre.

"Hay gente buena y mala aquí pero les pedimos a quienes lean esto que nos apoyen porque sí se gasta bastante. Cuando venimos para acá corremos muchos peligros. Muchas veces dicen que nos caemos del tren y eso es mentira, a veces asaltan y entre dos personas los agarran de los pies y de las manos y los avientan a las vías".

La maldad no respeta uniformes. Y aunque Torreón queda a la vuelta de la esquina de donde vive, prefiere recorrerla entera hasta llegar a Francisco Madero para evitar ser robado por los policías municipales.

"En Torreón ya no se puede pedir porque la misma policía nos quita el dinero. Podemos estar en un crucero pidiendo ayuda, una monedita para pagar nuestra renta. Yo pago 60 pesos diarios. A veces nos quedamos todo un día y ellos ya hasta saben cuando llegar. Cuando por fin juntamos unos 200 pesos llegan y nos quitan todo".

Pese a todas las humillaciones y actos criminales a que ha sido sometido, incluso por policías, Sergio Alexander no se desanima. Su objetivo sigue siendo llegar a los Estados Unidos y dice que su fe es hacerle una casa a su madre, pues no puede pensar en vivir cómodamente mientras ella continúa pagando renta en un barrio que parece un infierno.