Del miedo al mito de los alimentos transgénicos

Junto al debate sobre los perjuicios que causa su consumo se pierde la oportunidad de alcanzar la suficiencia alimentaria, sostiene Luis Herrera.
Existen muchos mitos alrededor de la producción y consumo de alimentos transgénicos
Existen muchos mitos alrededor de la producción y consumo de alimentos transgénicos (Miguel Castellanos)

Guadalajara

Junto a la franca confrontación que desde hace casi dos décadas se mantiene en torno a los perjuicios que puede ocasionar el consumo de alimentos transgénicos a la salud, sin nada concluyente, se pierde la oportunidad de países pobres y en desarrollo de alcanzar la suficiencia alimentaria y dejar de depender de las naciones que encabezan la industria alimenticia y “paradójicamente se beneficia a un monopolio.

Esto sostiene el doctor Luis Herrera Estrella, director del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad del Instituto Politécnico Nacional, quien en entrevista con MILENIO JALISCO responde contundente, una postura que los científicos —incluidos miembros de organismos internacionales como la FAO y la OMS— eluden: “No hay evidencia de que los alimentos transgénicos causen alguna enfermedad. […] Es un gran mito”.

De visita en esta ciudad, donde encabezó una charla dentro del Café Scientifique que organiza el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) sobre los transgénicos, organismos genéticamente modificados (OGM), y en concreto para la agricultura, donde se centra el debate, pues su uso farmacéutico ha sido muy exitoso, como es el caso de la insulina, el interferon y varias vacunas, explicó el porqué de este temor generalizado que ha llegado a paralizar la comercialización de cosechas enteras causando graves pérdidas económicas.

Los OGM surgen a partir de la introducción de genes que provienen de otro organismo. En la agricultura se da a través de las cruzas de dos plantas, una práctica que el investigador asegura se dio de manera natural “desde hace diez mil años”, cuando los indígenas cultivaban sus alimentos y desarrollaban este cruzamiento de especies sin saberlo, cambiando el color, textura y tamaño de cereales y frutos. La otra vía es modificar a un organismo por medio de la manipulación de las semillas en laboratorio, a partir de técnicas de biología molecular a lo cual se oponen agrupaciones de la talla de Greenpeace, entre otros movimientos ambientalistas, mundiales, nacionales y aún locales. “El objeto de esta modificación genética es crear mayor resistencia de las plantas, flores, frutos, etcétera, a enfermedades e insectos; obtener variedades más productivas en una menor superficie y que reduzcan el costo de producción, con una ventaja para el agricultor y el consumidor”, detalló el entrevistado.

Sin embargo, los detractores argumentan que al producir OGM privilegia el interés económico en menoscabo de la salud de los humanos y los animales que los comen. Entre los principales daños a la salud que estas agrupaciones aseguran causan los alimentos transgénicos se cuentan alergias, resistencia a antibióticos y mayor incidencia de enfermedades crónicas, como el cáncer.

“Todo eso está muy lejano de la verdad. […] No hay ninguna razón para pensar que un alimento transgénico, que tiene una proteína distinta a los demás, pueda causar alguna enfermedad. […] Es un solo gen que produce una proteína que confiere una nueva característica a esa variedad transgénica”, señala Herrera Estrella, tras agregar que tal característica es la mayor resistencia a insectos o virus. Esta proteína suele agregarse en insecticidas rociados en cultivos tradicionales, “¿por qué va a hacer daño en un caso y no en el otro?”, inquiere.

Ejemplifica con el caso del primer alimento transgénico que se comercializó en el mundo: la papaya hawaiana, que no sólo salvó la economía agrícola de esa isla, sino que a 18 años de distancia se sigue consumiendo y exportando.

“Los OGM representan una de las herramientas, no la única, para lograr incrementar la producción de alimentos en el mundo, sin aumentar la superficie cultivada y disminuyendo el uso de insumos”, puntualizó. Herrera Estrella afirma que los mitos y miedos en la población han favorecido a un monopolio de la industria de semillas —Monsanto— el único que hoy puede financiar estudios para avalar técnicas y desarrollar transgénicos. Así, centros de investigación como el del Politécnico quedan imposibilitados de aplicar sus conocimientos, perpetuando que la insuficiencia alimentaria —México no produce todo el maíz que come— y la obligación de importar a esas grandes trasnacionales. Una paradoja que, a su juicio, no puede ser gratuita, y que sostenida en mitos y miedos, mantiene a países como el nuestro dependientes.

Claves

*En la actualidad casi cualquier alimento puede ser genéticamente modificado

*30 países producen cultivos transgénicos, ya sea para investigación, producción comercial o ambas

*17 países no tienen ningún tipo de regulación sobre inocuidad de los alimentos en relación a los cultivos transgénicos

*55 países tienen una política de tolerancia cero para los cultivos transgénicos no autorizados

*Trazas de cultivos modificados genéticamente pueden mezclarse con alimentos no transgénicos por accidente durante la producción sobre el terreno

*Entre 2002 y 2012 se presentaron 198 incidentes de niveles bajos de cultivos transgénicos mezclados con cultivos no modificados genéticamente en todo el mundo, lo que propició la destrucción o devolución del producto a su país de origen

*El mayor número de incidentes afectó a la linaza, arroz, maíz y papaya

Fuente: Informe Mundial FAO 2014