“Los mexicanos no nos dejan solos, aunque hablen mal de ellos”

“Yo nunca he pensado quedarme a trabajar en México, me gusta México, es hermoso, pero para venir a hacer el mal este lugar no es para mí".
El recorrido de Godofredo por México inicia desde Chiapas, lugar que permite el paso de los indocumentados.
El recorrido de Godofredo por México inicia desde Chiapas, lugar que permite el paso de los indocumentados. (especial google maps)

Tampico

Godofredo Antonio Caballero describe su vida de inmigrante salvadoreño como una travesía, “para mi es divertido andar en lugares que uno no conoce, pero para otros no es divertido, es una cosa que podemos llegar y no podemos llegar al destino que uno se propone, pero con la fe en Dios y que Dios nos venga cuidando pues se puede lograr”.El indocumentado salió de su natal El Salvador un 4 de junio, junto con su esposa y tres personas más, todos con un mismo destino y un solo propósito, llegar a suelo norteamericano o canadiense para poder encontrar una mejor vida, la cual no tienen en su tierra.Para el indocumentado México es su camino, no su destino, pues dice que lo suyo no es pedir limosna incluso es algo que condena de los compatriotas que buscan en la miseria una forma de subsistir, él quiere trabajar.

“Yo nunca he pensado quedarme a trabajar en México, me gusta México, es hermoso, pero para venir a hacer el mal este lugar no es para mí, nomás para cruzar para Estados Unidos con todo gusto, lo veo bien, sé que muchos centroamericanos venimos a pedir dinero, cosa que impugno, andar pidiendo dinero a la gente para seguir adelante, no, si aquí también está dura la vida, pero que pida unas tortillas o unos frijolitos creo que no es pecado”, dice Godofredo mientras acomoda su cachucha para taparse del sol.Godofredo agradeció a los mexicanos por el hecho de apoyarlos en su camino, ya sea en comidas o medicinas, sin embargo dice que son los mismos centroamericanos quienes en territorio mexicano abusan de ellos.“Siempre estaré agradecido con toda la gente mexicana, a pesar del mal que algunos nos hacen siempre se quitan la tortilla de la boca por dársela a uno, pero la mayoría en el aspecto del sur los que friegan más somos nosotros mismos, los centroamericanos, nos estamos matando entre nosotros por medio de otras organizaciones que hay para que ellos trabajen y nos asalten, nos secuestren, por ejemplo estas personas que son de la “mara”.El salvadoreño no se compara con un suicida al cruzar México, más en las condiciones de inseguridad que actualmente prevalecen, pues dice que la mayoría de los indocumentados van a Estados Unidos a buscar lo que en sus países no hay, estar en paz, aunque los conflictos internos y el racismo sea un factor negativo.

“Incluso ya no a Estados Unidos sino a Canadá, porque Estados Unidos tiene un racismo tremendo y en Canadá no hay esa clase de racismo. Sé que en Canadá se le da muchas oportunidades a la gente sin pedir nada a cambio, por otro lado en Estados Unidos si uno llega y lo agarra migración tiene que pagar 6 mil o 7 mil dólares si es que los tiene la familia, ya va costando, es un comercio el gobierno de Estados Unidos para nosotros los indocumentados los toma como un sistema de que les damos cada año, tenemos que renovar los permisos de migración, son 300 o 400 dólares”.Aunque para el migrante lo más duro de su trayecto en busca de una vida mejor es la enfermedad, pero dijo que la humanidad sí existe aún en México pese a que los centroamericanos hablen mal del pueblo azteca.

“Sí nos enfermamos, México tiene mucha gente que buena que no lo desamparan, sea como sea muchos centroamericanos hablamos mal, nos comunicamos y expresamos mal de nuestros hermanos mexicanos, pero es porque muchos no saben la realidad, ellos nos echan la mano en las clínicas, en las farmacias, si yo he tenido algún problema Dios es tan grande que siempre han estado abiertos y nos han dado medicinas, en las casas de migrantes están los medicamentos, la Cruz Roja ahí nos dan paquete personal de medicinas, incluso preservativos, chequeos de muelas, todo gratis”, cuenta Godofredo.El oriundo de El Salvador agregó que México a todo el mundo le abre las puertas, no por ser salvadoreño, nicaragüense, guatemalteco, en México no hay esa discriminación, “los esperan con los brazos abiertos, claro que si uno se porta mal en estos lugares tienen que pagar lo que dice la ley”.Antonio Caballero es realista, dice del peligro que existe hoy para los migrantes, sobre todo cuando existe corrupción en las instituciones de seguridad.

“Sí hay corrupción aunque no lo quieran ver, sí hay, claro no son todos los agentes, son contados los agentes que están con la ley, hay unos cuantos, México y aquí en Tamaulipas necesita hacer una depuración, urge, no solo por nosotros los indocumentados sino por la gente mexicana”.En este aspecto, en el del apoyo a los migrantes, Godofredo acepta que dependencias como el Instituto Tamaulipeco para el Migrante funcionan, aunque deben de darse a conocer más ya que muchos indocumentados no tienen idea de su existencia.

“No conocemos, yo nunca supe que aquí había casa del migrante, sí sé que en San Luis Potosí y en Monterrey hay, pero aquí en Tampico hasta ahorita es como me han atendido y pues las veces que yo he ido me han atendido bien”.En el migrante vive un respeto por los elementos federales de seguridad, el Ejército Mexicano y la Marina Armada de México, aunque no dijo lo mismo por el resto de las dependencias.“Mis respetos para el Ejército y la Marina, la Marina más que todo, nunca me han pedido dinero, nunca me han chantajeado ni bajado de autobús, si nos bajan pero no solo a mí, a todos los que venimos, sí me revisan pero a todos también, pero las demás autoridades nos bajan solo a nosotros, platican solo con nosotros separados, nos piden dinero y si no tenemos nos chantajean de que nos van a llevar con la migración o nos van a dejar ahí para que el bus se vaya y nos quedemos con ellos, claro, aquí en Tamaulipas no me ha pasado esto, pero allá en el sur (en Chiapas) eso es lo que nos toca”.Godofredo no desiste, él seguirá adelante para poder sacar adelante a su familia allá en El Salvador, solo se encomienda a Dios para llegar con bien a su trayecto.