CRÓNICA | POR ARISTEO ABUNDIS

“Es un hospital sin medicina ni especialistas ni médicos”

No hay clínicas -dice la enferma-, y la única carece de servicio: queda la opción de perder horas en trasladarse a Tampico.

El tiempo de espera en urgencias rebasa hasta las tres horas.
El tiempo de espera en urgencias rebasa hasta las tres horas. (Aristeo Abundis)

Pánuco

A poco menos de las tres de la mañana el dolor insoportable en el abdomen, parecía presagiar un estallido de vísceras, sin que existiera un motivo aparente, sin que previamente tuviera indicios o señales de estar enfermo.

Supo que era real, no se trataba de algún sueño; el malestar laceraba, desgarraba y le impedía, casi la cordura.

Su decisión inmediata de irse al nosocomio, fue acertada, sin reclamos, Alejandrina –quien realmente desconocía de las vicisitudes que iba a pasar, las inclemencias que habría de padecer- descubrió de la peor manera que Pánuco, es una tierra sin una atención médica ni un servicio hospitalario especializado, Carece de medicamentos, de una plantilla especializada o de médicos generales y el tiempo de espera en urgencias, es hasta de tres horas; una presunción de hospital, atendido por defeños, dentro de una millonaria nómina mensual: "que no sirve para nada", dijo.

En medio de toda esa experiencia, vino a su mente una sentencia recién aprendidita, "no es necesario tener todos los números telefónicos, basta con que se tenga a los que saben imprescindibles".

Pero en esta ocasión, no lo aplicó, las cuatro de la mañana y no podía localizar a un médico, y la única clínica que se ostenta como tal, carece de personal de guardia, figura modesta contra la estructura del Hospital General de Pánuco, asoma una mujer por la recepción y somnolienta, informa que no hay médicos.

Para esa hora su dolencia ya era insoportable. Querer regresar al Hospital general, era solo una vaga idea que se disipaba como por arte de magia ante el suplicio que sentía en el vientre tan solo por moverse; intuía, que el ir y venir no le ayudaría en nada. La sentencia ahora sonó más implacable como su dolor.

El reloj avanzaba marcando las cinco de la mañana, sin ser atendida. Escucho decir a sus reclamos "No hay más médico que yo, tengo dos pacientes y uno más ingresará en unos momentos, no es posible mayor rapidez", mientras a un costado de la pequeña reja que conforma la puerta, en el área de urgencias médicas, se hallaba la leyenda: "tiempo de atención de urgencias, máximo 15minutos", mientras el reloj, inexorable se burlaba marcando casi las seis de la mañana.

Los acompañantes de la fila de pacientes a la expectativa, escucharon a una enfermera entregándoles una receta que debían surtir a esa hora en cualquier farmacia abierta: "no hay medicamentos" dijo. Fue la señal, la clave final, para que Alejandrina y su familia buscarán a cualquier costo, la salida, para enfilarse en busca de un médico particular.

Por fortuna puedo narrar lo que para ella, es la muestra de la nula garantía de salud y atención, situación que la orilló a trasladarse a Tampico, a pesar del riesgo en la carretera, a pesar de las historias de inseguridad, del dolor, la enfermedad y la pasividad del Sector Salud, escalofriante hecho y olvido de los norveracruzanos.

"No hay quien nos acorte la espera para una atención médica urgente, no hay quien garantice medicamento –que nos se regala, se compra-, ojalá, no lo tengan que padecer quienes están encargados de esto y nada hacen, por humanidad, por su compromiso, por su obligación, y están así por su poca madr...", terminó diciendo, aún con el enojo ante el viacrucis padecido.