CRÓNICA | POR PILAR DORANTES

“Mi mamá me amarraba a un árbol para castigarme”

De pequeña fue víctima de violencia intrafamiliar pues su madre la azotaba; ya casada fue golpeada por su esposo.

Un niño maltratado tiende a ser un adulto en igual circunstancia.
Un niño maltratado tiende a ser un adulto en igual circunstancia. (Especial)

Tampico

Yo quiero mucho a mi madre, pero no tengo el mejor recuerdo de ella pues lo primero que me viene a la mente de mi infancia es cuando me amarraba con un mecate a la pata de la mesa o a un árbol del patio de la vecindad donde vivíamos para que no me saliera a la calle, no sin antes azotarme con lo que tenía a la mano por mis travesuras"

Ella es Lucrecia N., una mujer de casi 60 años que vivió una infancia de maltrato por parte de su ya fallecida progenitora que la golpeaba a la menor provocación, por lo que ella consideraba que era una grave falta o tan solo por no hacer caso a sus recomendaciones "yo apenas tenía 5 ó 6 años, ¿qué iba a saber de maldades?"

Lo primero que se me viene a la mente de mi infancia, es cuando me amarraban con un mecate a la mesa o a un árbol".

Reconoce que cuando era pequeña era muy inquieta, lo mismo que uno o dos de sus hermanos –conforme iban creciendo aumentaba la familia- el resto prefería abstenerse de desobedecer para no ser víctimas de la furia de mamá cuando regresaba de trabajar.

"Para mamá éramos cuatro bocas que mantener ella sola, hasta que conoció al hombre con el que desde entonces compartió su vida y en el que también cada que sentía la necesidad, descargaba su coraje; supongo que su frustración no la dejaba vivir en paz, pero a esa edad y con tantos hijos ¿qué sueldo de empleado o de obrero te da para comprar comida, ropa y un poco de diversión?" Su padre adoptivo era el que la defendía de los severos castigos; recuerda que "mamá" recibía infinidad de duras críticas de quienes eran sus vecinos y testigos de los maltratos que propinaba a sus pequeños hijos.

Asegura que algunas veces la insultaron a sus espaldas y estuvieron a punto de denunciarla por su violento proceder contra la familia ante las autoridades, sin embargo nunca lo hicieron, se concretaban a mostrar su desdén cuando la veían llegar, cosa que su madre no tomaba en cuenta pues consideraba que su manera de llevar la educación y cuidado de su familia era sólo de su incumbencia.

La mayor frustración de Lucrecia fue haber sido alejada de sus estudios cuando cursaba el segundo año de secundaria porque su madre la puso a trabajar como empleada doméstica "para quedar bien con sus patrones".

Mi mamá lo hacía para que no me saliera a la calle, no sin antes azotarme con lo que tenía a la mano por mis travesuras".

Siendo de las mayores de 10 hermanos, además tuvo que hacerse cargo de ellos para apoyar a los dos más grandes. Así que ellos tres fueron prácticamente los padres del resto de los vástagos mientras los papás trabajaban.

Considera que tal vez por eso salió "huyendo" de la casa materna a los 17 años cuando ya presentaba un embarazo de varios meses de su primer hijo. Se "refugió" en un sujeto casi 5 años mayor que ella, mujeriego, borracho, parrandero, lo cual no tomó en cuenta a su tierna edad, pues se sentía "la elegida" entre el resto de sus amigas que adoraban a su pareja. Grave error.

Fueron más de 20 años de aguantar abandono, represión, golpes, engaños disfrazados de muestras de amor cuando el individuo volvía al seno familiar pues además, la mayor parte del tiempo trabajaba fuera de la ciudad, aunque la falta de apego lo sufría más cuando al regresar éste a casa prefería irse de borracho con los amigos que atender a su familia.

Cuando se dio cuenta de que ese matrimonio no era lo que quería, también de manera violenta arrancó ese lastre de su vida y se dedicó a trabajar. Hubo un tiempo en que tuvo que soportar el acoso de su ex esposo que no aceptaba la separación y mucho menos la manera en que se dio; ella lo ignoró, lo superó y siguió adelante.

Con el fruto de su trabajo como obrera en una maquiladora, compró una casa. La compartió por un tiempo con el menor de sus hijos quien actualmente vive por su cuenta. Lucrecia es madre de cuatro muchachos.

Dos hombres y dos mujeres por quienes asegura, soportó muchos de los desaires en su matrimonio y optó por no usar la violencia sobre ellos. Todos ya han hecho su propia familia y vive cada uno a su manera.

Tiene ocho nietos a los que adora y cada que puede y se lo permiten el tiempo y la distancia, les dedica cuidado, cariño y atención.

Actualmente vive felizmente divorciada, disfruta de una vida plena, terminó de estudiar, hizo la preparatoria y cursó una carrera técnica en contabilidad; tiene novio, le gusta bailar, cantar, divertirse y por supuesto que se ama por sobre de todas las cosas.