Un malecón cada vez menos familiar

Música y bebidas alcohólicas atraen solo a un sector.

Guadalajara

Un nuevo problema parece estar en puerta para el malecón de Cajititlán. El turismo familiar parece alejarse poco a poco mientras crece la presencia de quienes acuden a este lugar para ingerir bebidas alcohólicas y escuchar música de banda.

Es sábado en Cajititlán, en las calles del poblado no cabe un solo automóvil y los visitantes tienen que buscar espacio en los estacionamientos que se habilitaron hace algunos años al ingreso.

Una pareja, que al parecer gusta de guardar ciertas tradiciones, platica sentada en una banca, algunos niños corren alrededor de la fuente y otras personas compran fruta, elotes y nieves raspadas, pero ahí no es donde se conglomera la masa.

En donde sí hay movimiento multitudinario es en el malecón, un espacio inaugurado en 2011 y que cada fin de semana recibe de entre 4 mil y 5 mil visitantes, una cantidad que se redujo de manera considerable cuando se presentó la muerte masiva de Popochas en 2014.

“Ahí va ya recuperándose poco a poco. De pronto la gente nos pregunta si el pescado que se vende lo sacamos de aquí, porque como que sienten un poco de desconfianza”, explicó uno de los comerciantes establecidos en el malecón.

La mayoría de las personas que visitan Cajititlán a lo largo de la semana son jóvenes, algo que los residentes explican de manera muy sencilla: “Se ha convertido en pura bebedera aquí”, contrario a ello, la cantidad de familias que acuden a disfrutar del ribereño poblado ha ido a la baja.

“Ahorita si te das la vuelta vas a ver que las familias que vienen son muy pocas, yo por ejemplo me doy cuenta porque doy paseos en lancha, y sigo viendo la misma cantidad de personas pero vienen menos a pasearse, los chavos no se suben porque no los dejamos tomar arriba del bote”, explicó Juan, lanchero de la zona.

La misma percepción tiene Mario, comerciante de Cajititlán, quien dice que “pasa que si te das la vuelta por el malecón están las bandas a todo lo que dan, y no una, hay muchas, todas tocando al mismo tiempo. Los chavos andan tomando y luego hasta ya los ves abrazados metiéndose mano el uno al otro, eso obviamente no es un ambiente familiar”, señaló.

La presencia de tantos jóvenes no ha significado un incremento en derrama económica, pues aunque consumen bebidas alcohólicas, que suelen ser muy costeables para quienes las venden, estas no las adquieren en el malecón, sino que las compran en tiendas de conveniencia donde las pueden conseguir a bajo costo. 

“No vendemos más, ellos (los visitantes) más bien compran sus cervezas o lo que vayan a tomar en otro lado y aquí se las toman, para ellos bien a gusto, tienen un lugar con música”, agregó.

Los comerciantes consideran necesario que se establezcan reglas para el malecón o que se hagan valer las que ya existe, ya que consideran que hay riesgo de que este decaiga o se convierta en un espacio que ya no sea atractivo para las familias.