Mujeres participan en lavatorio de pies en Torreón

El Obispo, José Guadalupe Galván Galindo ofició la misa de la Última Cena en la Catedral del Carmen, para terminar con esta analogía de servicio, humildad y cercanía con los seis hombres.
Con esta misa de Jueves Santo se conmemoró la Institución de la Eucaristía.
Con esta misa de Jueves Santo se conmemoró la Institución de la Eucaristía. (Aldo Cháirez)

Torreón, Coahuila

Por primera vez en la Diócesis de Torreón, el lavatorio de pies tuvo participación femenina. Esto luego de que, a principios de este año, el Papa Francisco anunciara la modificación de las ordenaciones litúrgicas para incluir a mujeres en el ritual.

"Van a ser seis hombres y seis mujeres. Buscamos a mujeres que representaran a la sociedad: una Tarahumara de las que piden limosna en la banqueta de la catedral, una enanita porque aquí cerca está el grupo de los enanos toreros, a alguien representando a los medios de comunicación, una religiosa, una catequista y a una jovencita que representa a los grupos juveniles", puntualizó José Guadalupe Galván Galindo, Obispo de la Diócesis de Torreón.

La misa de la "in coena domini" (la Última Cena) fue oficiada esta tarde en la Catedral del Carmen, con el prelado de la ciudad al frente.

Año tras año el rito se repite, 12 personas (que antes eran sólo hombres) se sientan al frente y al centro del templo y una a una, el prelado lava y besa sus pies.

Los devotos recibieron de pie al Obispo, quien llegó tras el golpe de humo y perfume del incienso. Recorrió el pasillo del templo sin que nadie despegara los ojos de él, con cánticos celebrando su entrada.

Con esta misa de Jueves Santo se conmemoró la Institución de la Eucaristía, es decir la consagración del pan como el cuerpo y el vino como la sangre de Cristo.

"Nos preparamos al triduo pascual que será viernes, sábado y domingo (muerte, sepultura y resurrección) con esta misa en donde Jesús instituyó la eucaristía, rodeado de sus apóstoles diciéndoles que este es su cuerpo que se entrega por nosotros y su sangre que se derrama para el perdón de los pecados", resaltó.

En este marco, el hijo pródigo de Dios se levantó de la mesa en la que cenaba con sus discípulos y para dar un ejemplo de servicio y cercanía le lavó los pies a cada uno, precisamente la finalidad de esta ceremonia es eso: dar ejemplo sobre el servicio a los demás.

Año tras año el rito se repite, 12 personas (que antes eran sólo hombres) se sientan al frente y al centro del templo y una a una, el prelado lava y besa sus pies.

Esta ocasión las primeras fueron las mujeres, las seis representantes de su sexo en la sociedad, para terminar con esta analogía de servicio, humildad y cercanía con los seis hombres.