REPORTAJE | POR LUIS ALBERTO LÓPEZ

Ingeniero con una pasión por el clown y la pizza

"No es para reírte y que sea bonito, sino para sacar el miedo, la soledad y las emociones fuertes".

Elías Alejandro García Hernández de 32 años estudió Mecatrónica hace una década, sin embargo no la ejerce porque las humanidades tocaron su puerta y su corazón.

Elías presume que ofrece una variada combinación de ingredientes que no tienen las pizzerías convencionales.
Elías presume que ofrece una variada combinación de ingredientes que no tienen las pizzerías convencionales. (Manuel Guadarrama)

Torreón, Coahuila

Para Elías Alejandro García Hernández, el clown y la cocina tienen algo en común: son dos cosas que ama y en las que busca dejar un sello único.

Tiene 32 años, egresó de la Ingeniería en Mecatrónica hace 10 años, sin embargo, no la ejerce porque las humanidades tocaron su puerta con la oportunidad de laborar como maestro de idiomas.

Eso lo llevó a conocer e interesarse por manifestaciones culturales y tomar un taller de clown en el extinto ICOCULT Laguna, donde conoció a más jóvenes enamorados del arte como él.

"Yo de niño veía Cocinando con Chapina. Siempre me ha gustado cocinar y la pizza desde que vi las Tortugas Ninja fue mi comida favorita como para muchos de mi generación”.

Cuatro de ellos comenzaron hace casi ocho años la 'Tropa Cachivaches', una compañía que practica el clown y trabaja en el fomento a la lectura para los niños.

"Hay muchas cosas que se quedan a lo largo de casi ocho años que llevamos, pero que la banda te reconozca es mucho. Un padre me dijo: 'por ti le gusta leer a mi hija'", comparte.

Hasta hoy la agrupación da de qué hablar en diversos foros laguneros y nacionales donde se presentan, entre ellos La Feria de San Marcos en Aguascalientes, la Semana Cultural en Zacatecas y el Festival Internacional Julio Torri.

"El clown no es para reírte y que sea bonito, sino para sacar el miedo, la soledad y las emociones fuertes. Es ser honesto consigo mismo y quitarse la máscara social".

Elías cree lo mismo de la cocina. Hace tres años cuando iba nacer su hija supo que su labor como maestro de idiomas no bastaría para cubrir las necesidades económicas y eso lo llevó a tomar riesgos con la cocina.

"La respuesta era obvia: haz lo que siempre quisiste, lánzate de lleno. Ha funcionado hacer rentable una pasión que siempre he tenido".

En un comienzo ofreció la preparación de pizzas por pedidos a través de sus redes sociales y luego hizo degustaciones con diversas recetas con las que experimentaba.

"El clown no es para reírte y que sea bonito, sino para sacar el miedo, la soledad y las emociones fuertes".

Un año y medio después estableció formalmente su negocio y del que presume ofrece una variada combinación de ingredientes que no tienen las pizzerías convencionales.

“En cuestión de una pizza procuro hacerlas cercanas a mi ideal y como clown trabajar en un ejercicio escénico que me gustaría ver. Cosas que tengan un discurso, no hacer por hacer o porque se vea bonito”.

Hay perfiles que como tú vencen el mito de que promover la cultura no deja nada o que emprender un negocio es imposible, ¿qué aportan a la región los que lo logran?

Primero que nada generas una oferta. De pronto te das cuenta que hay una compañía que tiene ocho años trabajando y los puedes ver cuatro o cinco veces al año dejando algo en la escena teatral. En cuestión de la pizzería no es un restaurante cinco estrellas, pero es algo que vale la pena probar.

¿Qué debe evitar alguien que quiere incursionar en lo cultural o gastronómico? Irse a medias tintas. Si vas hacer algo hay que hacerlo bien y con el corazón. Tal vez no sea lo mejor del mundo, pero sí lo mejor que puedes hacer.

dcr