El lago de Chapala está inmerso en extinciones

Diez de 29 especies nativas de peces no se han vuelto a capturar, lo que es indicio de posibles extinciones locales, debido a la contaminación y el mal manejo de la cuenca.

Guadalajara

Medio siglo de alta presión humana sobre los recursos de la cuenca Lerma-Chapala ya dejan saldos negativos en la riqueza biológica del mayor lago natural del país: investigadores en ictiofauna (peces) reportan la posible desaparición de diez de las 29 especies nativas del embalse, un costo que además de alterar los procesos ecológicos, significa un duro problema para los pescadores que se proveen cotidianamente del embalse.

“El lago de Chapala representa uno de los más importantes centros de evolución y distribución de peces en México […] 17 especies del lago generan empleo para 1,699 pescadores en una pesquería de tipo artesanal y son fuente de alimento local y regional”, señalan en su artículo Peces del lago de Chapala los investigadores Rodrigo Moncayo Estrada y Carlos Escalera Gallardo (ver http://www.biodiversidad.gob.mx/region/EEB/pdf/EE_MICHOACAN_2005.pdf).

Agregan: “Desafortunadamente, el lago […] presenta una impresionante degradación ambiental, situación que se refleja en su fauna íctica. De las 28 [sic] especies de peces nativos que se habían registrado hasta la década de 1960, en la actualidad sólo se encuentran 18; de continuar la misma tendencia, se calcula que todas las especies habrán desaparecido en el 2020”.

¿Cómo fue el proceso? “Entre los años de 1960 a 1980 se perdió 7 por ciento de las especies; sin embargo, de 1980 al 2000 se alcanzó 40 por ciento [de pérdida], lo cual es reflejo del acelerado deterioro y la mala planeación en el uso de estos humedales”. Cuando fue elevado a categoría de sitio Ramsar, en 2009, la desaparición ya era un hecho. “Otro aspecto crucial es la sobreexplotación regional de los acuíferos y del río Lerma, lo cual ha provocado un descenso del lago y ha modificado el comportamiento reproductivo y alimentario de los peces. Diferentes análisis han mostrado que ante el decremento del volumen se tiene un incremento en contaminantes, sales y nutrientes. Una de las soluciones sería establecer un ordenamiento ecológico de la cuenca Lerma-Chapala, estructurar claramente los criterios de análisis, evaluación y toma de decisiones y, prioritariamente, crear un control del nivel del lago de Chapala”, advierten.

Se trabajó sobre el tema, pero diversos secretarios federales del ambiente frenaron normas para ordenar la región aludiendo, de forma inexplicable —por ser responsables de la cartera ambiental, no económica—, que una medida de control estricto colapsaría la economía regional.

En el aspecto de la falta de una política integral de conservación de la región coincide el biólogo Alejandro Juárez Aguilar, quien encabeza una organización ciudadana que ya ha echado raíces en la zona: el instituto de desarrollo ambiental Corazón de la Tierra, que además de trabajar con comunidades de la cuenca propia del lago, ha liderado la realización de un estudio pionero sobre su contaminación: “Caracterización y diagnóstico de la contaminación en la Subcuenca Chapala e instrumentos de participación plural para su prevención y control”.

Allí se destaca el papel de la “contaminación de área” que no es tratada en las plantas saneadoras que se han instalado en los últimos 25 años a lo largo y ancho de la región de 51 mil kilómetros cuadrados, e incluso en la cuenca directa que sólo abarca fracciones de Jalisco y Michoacán.

“Los contaminantes que más entran al lago en este momento son los pesticidas, los fertilizantes; mucha gente dice, qué tiene de malo que entren fertilizantes, si son buenos para las plantas, y es cierto, pero en cierto nivel; que haya nutrientes en el lago que mantienen la producción de plancton, como alimento de peces, pero cuando es excesivo hay una variación en las poblaciones de algas y plantas acuáticas; las etapas cuando el lirio ha sido abundante es porque tiene nutrientes a morir, y cuando no hay lirio se abre la puerta a que haya explosiones de algas que se reproducen mucho y se acaban los nutrientes, se mueren las algas, se descomponen y acaban con el oxígeno en el agua”, lo que detona procesos de mortandad entre las otras especies, explica Juárez Aguilar.

El otro tema de preocupación son las sustancias activas de los pesticidas, “algunos son extremadamente tóxicos para el plancton, para peces o para aves, y Chapala depende de la producción de plancton, y con esto podemos tener un efecto en cadena […] del total de sustancias de pesticidas que pudimos localizar, 60 por ciento tienen extrema toxicidad, algunos son extremadamente altos para plancton, peces y aves, el lago es un ecosistema, aunque la gente lo ve en la lógica de como si fuera una alberca, y sólo le preocupa si tiene mucha agua; pero al funcionar como ecosistema las partes que lo componen son afectadas, todos los elementos están ligados, y aquí habrá afectaciones pero no sabemos cómo se van a generar, puede haber eso decrecimiento de una especie de pez en particular, o puede haber intoxicación de aves migratorias o residentes; de ahí puede rebotar y tener efectos en la salud humana”, pone en relieve.

Y sin embargo, estos elementos no se monitorean y “desconocemos cómo están afectando, lo cual indica que es urgente el control de las sustancias más toxicas, lo cual no se le puede dejar solo a los agricultores, tiene que haber generación de políticas, a nivel federal y estatal, respaldadas por los municipios, para migrar a otras formas de producción; no es si se debe o no tener actividad agrícola, la cuestión es cómo mantener la cuestión agrícola sin afectar al ecosistema, entendiendo la lógica de cuenca”.

¿Cómo van esos tóxicos al lago? Por procesos erosivos. Se calculan que cada año penetran más de cien mil toneladas de limos al lecho del lago, cuya composición es variada y tiene que ver con el paquete tecnológico que utilizan los productores (ver tabla anexa). Se agrava con plantaciones que se hacen en los espacios desecados del mismo vaso. Es un problema enorme que tiene que ver con que ciertas formas de vidas, como se advierte, ya no hayan podido prosperar. Chapala está inmerso en procesos de extinción.

Claves

Desaparición gradual

- La ictiofauna (peces) del lago “está compuesta por 29 especies, agrupadas en nueve familias; de ellas, cuatro familias y 15 especies son comerciales y como ejemplo encontramos: Cyprinidae (carpas), con cuatro especies; Ictaluridae (bagres), con tres especies; Atherinidae, son siete especies que incluyen a los charales y a los pescados blancos con cuatro y tres especies;  y finalmente la familia Cichlidae (tilapia) con una especie”

- En total “se tienen identificados para el lago 9 familias de peces, con 29 especies nativas y 4 introducidas”, según la ficha informativa que fundamentó la designación del embalse como sitio Ramsar de importancia internacional

- De esas especies de peces, diez probablemente extintos, según los investigadores Rodrigo Moncayo Estrada y Carlos Escalera Gallardo, no se les ha capturado desde 1990 en el lago. En su mayoría carecen de nombre común aunque algunos tienen valor comercial:

- Esas especies son, por su nombre en latín: Lampetra spadiceus (los pescadores le llamaban anguila), Notropiscalientis (un tipo de carpa), Notropis sallei (otro tipo de carpa), Scartomyzon austrinus (matalote), Menidia o Chirostoma arge (charal prieto), Allotoca dugesii, Allophorus robustus, Skiffia multipunctata, Skiffia lermae, Zoogoneticus quitzoensis

- “El lago de Chapala tiene peces endémicos del lago: el charal y el pez blanco, que son especies nativas de Chapala y que se encuentran en peligro de extinción, ello debido a los bajos caudales de agua del lago lo que deja más zonas descubiertas y en consecuencia disminuyen las zonas de desove”, sigue la ficha Ramsar

- También desaparecen “las cuevas de los bagres y las zonas de raíces y rocas utilizadas por especies como el charal, el pez o pescado blanco campamacho, el pescado blanco bocanegra (Menidia consocium), el blanco trompudo (Menidia promelas) y el bagre de Chapala (Ictalurus dugesii), entre otras especies de peces no amenazados pero con su hábitat ecológicamente amenazado por diversos factores”, añade

Problema social

Independientemente de la calidad de los limos que bajan al lago de Chapala, las actividades productivas son onerosas en términos ecológicos y económicos para toda la región: “En algunas zonas se pierde 700 por ciento más de suelo de lo que se debería, es un volumen tremendo, no hablamos de 15 por ciento sino de 700 por ciento más suelo de lo que debería perderse en condiciones naturales, […] es real que las zonas agrícolas pierden muchos menos suelo que las zonas donde se han desmontado laderas para hacer cultivo de sobrevivencia; son circunstancias que implican también una cuestión social”,
apunta el director de Corazón de la Tierra.

El reto, añade Juárez Aguilar, “es que hay zonas desmontadas en laderas y se trata de ver cómo las recuperamos, y cómo permitimos que la gente siga teniendo un ingreso, porque es una cultura de sobrevivencia, no es para generar una gran venta, y muchas ocasiones es maíz y frijol, y punto. Y encontramos que le invierten de 40 a 50 por ciento más en paquete tecnológico por hectárea, o sea, su rentabilidad económica es menor porque es un suelo que está muy pobre, que si no le meten sustancias químicas no puede producir…”.




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