El lado rosa en el transporte color verde

Sólo tres chicas laboran entre 600 trabajadores que darán vida a este sistema metropolitano.
La supervisión de obra, su principal labor.
La supervisión de obra, su principal labor. (Cortesía)

Pachuca

Entre maquinaria, señalizaciones y polvo, a ellas todo les pinta color rosa, aún con sus chalecos verde fosforescente y los obligatorios cascos blancos. Caminan en sentido contrario por Revolución, detrás del Secretario de Obras, mientras éste muestra a los periodistas los avances del Tuzobús.

Las 110 palmeras, completitas, ¿eh? y una última maquillada a esta avenida que desde hoy viernes estará abierta de nuevo a la circulación. Hasta se va a permitir la estacionada pegaditos a la acera, como antes, aunque provisionalmente, anuncia el funcionario, festejado por comerciantes de la zona. Ellas, discretas, sólo supervisan los detalles. Eso es parte de su trabajo.

Aquí hay dos de las únicas tres mujeres que laboran entre los 600 trabajadores del proyecto Tuzobús. Sólo  falta Mercedes Mondragón, que está en otras labores.

Miriam Yaél Callejas Vega, una joven de 24 años, es Arquitecta del Tec de Pachuca y está a cargo de verificar los procedimientos constructivos, además de cuestiones de ecología y colaborar en el proyecto de un parque temático de minería.

Coincide con la Ingeniera Mariana Hernández, de sólo 22 años, quien también labora en esta obra, sobre el respeto y buen ambiente de trabajo con cientos de trabajadores varones. “Sólo que sí hay mucha presión”, dice Miriam. Tienes que andar todo el día de arriba abajo, desde Téllez hasta Revolución”.

Yo aquí hago supervisión de obra, apunta Mariana. “estuve apoyando en el dren pluvial que está en la calle 18 de Julio, y en los trabajos principalmente de Avenida Revolución. Verifico desde la hechura del concreto, que venga con las especificaciones que se requieren, que se realicen bien los trabajos sin ningún problema en cuanto a material.

Alguna vez a la Ingeniera le tocó “corregir” a los trabajadores por algún detalle, pero “ellos afortunadamente ponen de su parte, y respetan la decisión que se toma. Mucha gente puede pensar que por el hecho de ser mujeres nos faltan al respeto aquí en la obra, pero no, al contrario. A mi familia y especialmente a mi papá le costó trabajo al principio aceptar que yo me dedicara a esto, pero ahora está feliz y orgulloso de la labor que desempeño. Yo me siento muy bien y satisfecha porque es una de las áreas que más ayudan a la población a cubrir sus necesidades”

Miriam secunda: “a mi familia como que le sorprende esa situación. Pero pues en el ramo de la construcción vas a encontrar a puros hombres. Yo siento padre. Incluso recibo buenos comentarios de mis amigas, que trabajan en otras áreas de iniciativa privada”.

Y así continuó el recorrido de casi un kilómetro. Fotógrafos y camarógrafos retratan incansablemente coladeras (ahora de plástico reciclado, antiladrones de fierro pa’l kilo) y los volardos (esos topes que dividen el carril) con algo previsible: serán verdes, no rosas.