'Tememos por nuestra vida; van 3 veces que nos asaltan'

Una de las medidas de seguridad ha sido implementar barrotes de acero. Vecinos y comerciantes se han quejado de la situación; sin embargo, no han tenido respuesta.
Una tienda de abarrotes permanece enjaulada tras varios asaltos al establecimiento.
Una tienda de abarrotes permanece enjaulada tras varios asaltos al establecimiento. (Roberto Alanís)

Monterrey

Aunque cualquier negocio puede ser blanco de los delincuentes, colonias como Monte Kristal, Villas de San Francisco y Los Cometas, ubicadas en el municipio de Juárez, han sido el destino preferido de los ladrones.

Gran cantidad de negocios de esta área han sido abandonados, mientras otros se encuentran rodeados de barrotes de acero, como medio de protección, como si estuvieran enjaulados.

Éste último es el caso de la tienda de abarrotes Súper González, ubicada en el fraccionamiento Monte Kristal, donde María Guadalupe, quien ha trabajado en el negocio por más de tres años, ha sido víctima de dos asaltos a mano armada.

Lupita, como es nombrada de cariño por los vecinos, cuenta que, tras la visita de un delincuente, quien la amagó con un cuchillo, el dueño del negocio decidió instalar barrotes alrededor del mostrador; sin embargo, eso no fue impedimento para que la situación se volviera a repetir, ahora con seis ladrones armados con pistolas.

"Fue más o menos hace un año, como por eso de las 12 :00, estábamos dos compañeros, un proveedor, dos niños que estaban en la sala y yo, y de repente llegaron unos seis tipos, todos con pistola", recuerda.

Pese a que el negocio donde trabaja para ese entonces ya estaba protegido con barrotes, desde hace poco más de un año, uno de los delincuentes aprovechó que un proveedor de producto se encontraba metiendo mercancía al mostrador para ingresar hasta donde ella estaba, y amagar a los presentes con un arma.

"Ya estaba cerrado con los barrotes, pero como estaba el surtidor pasando mandado, vieron que estaba abierto y aprovecharon. Llegó uno hasta donde yo estaba y puso la pistola frente a mí y pues nos gritaron que al suelo todos", dijo.

La empleada recordó que otro de sus compañeros, junto con dos niños se encontraban al fondo de la tienda, donde hay una sala de descanso.

Lupita cuenta que el delincuente se metió hasta esa área, por lo que su compañero rápido salió y le dijo que sólo estaban él y los niños, y que no les hiciera nada a ellos, y aunque los niños salieron ilesos, a él no le tocó la misma historia.

Y es que, según relató en entrevista, su compañero fue agredido por los delincuentes.

"Encontraron al muchacho, porque él estaba adentro con los niños. Él los vio que iban con él y salió y les dijo 'no, ya no hay nadie', y se lo trajeron a él a trancazos", recuerda.

Tras aproximadamente 10 minutos de terror, en los que los ladrones golpearon a su compañero y al proveedor, los delincuentes se hicieron del total de la caja, aproximadamente unos 12 mil pesos, para posteriormente darse a la fuga.

"A nosotras gracias a Dios no nos hicieron nada, yo creo que por ser mujeres, también a los niños los respetaron, pero el mal trago y el sufrimiento nadie nos lo quita", dijo la empleada de la tienda de abarrotes.

Pese a que interpusieron una denuncia, las autoridades nunca encontraron a los delincuentes. "Ya van como unas tres veces que nos asaltan el negocio, y se siente bien feo, porque temes por tu vida. Incluso, la otra vez al dueño del negocio lo asaltaron aquí afuera y lo golpearon la cabeza", dijo.

Cabe señalar que el nivel de inseguridad que viven tanto habitantes, como comerciantes de estas colonias es muy evidente, pues decenas de negocios lucen abandonados.

En un recorrido hecho por MILENIO Monterrey se pudo constatar que vulcanizadoras, papelerías, talleres mecánicos, tiendas de abarrotes, estéticas, ferreterías, tortillerías, y hasta casas, se encuentran totalmente inhabitados a causa de los constantes asaltos y robos.

Pero los establecimientos que han sobrevivido lo han hecho por las medidas de seguridad que los propios dueños han decidido instalar en ellos, como barandales y barrotes de fierro.

Y es que no importa el día de la semana, o si es de día o de noche, el cliente que busque ser atendido en uno de estos establecimientos, tendrá que tocar un timbre y esperar a que se le atienda por medio de una pequeña ventana.

Incluso se pudo observar que en colonias aledañas, las cuales fueron vendidas como "cerradas", lucen solas y llenas de grafiti. Sobre el tema de vigilancia se puede decir que no hay quien controle la entrada o salida de los visitantes.

Cabe señalar que aunque los comerciantes y vecinos refieren que ya se han quejado con las autoridades municipales, tras el paso de los años, la situación va de mal en peor; ahora tienen que decidir si viven, o sobreviven, enjaulados, en sus propios lugares de trabajo.

HMR