Fotografía de una realidad lejos de la visibilidad

"Anelo" continúa su historia de vivencias con "el Alacrán", que presa de las enfermedades, fue desgastándose poco a poco, hasta decirle adiós a Ana, sin antes dejarla marcada para siempre.
"Anelo" se dedica a ayudar indigentes en Lerdo, Durango.
"Anelo" se dedica a ayudar indigentes en Lerdo, Durango. (Ana González Díaz)

Lerdo, Durango

Ana platica que al principio era solo el Alacrán, dice que ella sólo se centraba en la amistad con él, fue hasta la universidad que se involucró con más historias.

Anelo descubrió la fotografía como una vía de explicar una realidad que conoce por medio del Alacrán, con capturas y sin saberlo comienza a inmortalizar los rostros de indigentes.

Polo, el Bomber Man, Camacho, Javier, entre otros, se incrustaban a su vida y se hacían visibles ante sus ojos. A ellos les llevaba de comer e intentaba sacarles plática.

"Las fotos eran naturales, porque eran al chingazo, no es una profesionalización, si podía iba cargando la cámara y en el mismo braseo tiraba el disparo".

"La fotografía influyó mucho y como me gustó ese rollo, empiezo a tener como un archivo, tengo fotografías de cerca 40 indigentes de Torreón, Gómez y Lerdo". 

Comparte que de algunos sólo conserva una captura, pues no los ha visto de nuevo, dice que muchos van de paso.

A su amigo Inés cada vez tenía menos oportunidad de verlo, Ana dejó de trabajar en el puesto, el tiempo de estar en la escuela también le acortaron los momentos con él.

Un día el Alacrán le pidió que lo acompañara a una casa en donde le daban de comer, se trata de un comedor que se encuentra en el centro de Lerdo, llegaron tarde, Ana comenta que el Alacrán no tenía noción del tiempo y ya estaba cerrado.

Al lugar al que acudieron se trata de la asociación "YhvhJhanun Vera Jhum", que significa Dios es clemente y misericordioso.

Anelo acudiría tiempo después a conocer el lugar como parte de su interés en el tema y también como parte de una investigación que realizaba en la escuela.

El líder de la asociación se llama Marcial Aguilar, en quien Ana descubrió una gran conexión "cuando yo hable con Marcial, vi mi mente en sus palabras, entonces me encariñe mucho con la labor de la asociación".

Adiós Alacrán

Anelo compartió que Inés pasaba del asilo al hospital, ella varias veces propuso su ayuda a la familia del Alacrán, la cual aceptó que Ana lo cuidara en ocasiones, incluso había intercambiado números de teléfonos con uno de los integrantes.

En el mismo texto que Ana escribiría para una exposición que armaría tiempo después, expresa uno de los momentos cuando fue a visitarlo al asilo:

"Seguí visitando al Alacrán, pero mis visitas eran ahora, verdaderamente distantes. Cada vez lo encontraba más malhumorado y gastado, lo que me llenaba de tristeza e impotencia".

"De pronto llegué y lo encontré en silla de ruedas, incapaz de hacerla andar él mismo, después perdió la vista también. Todo parecía acabarse más rápido allí dentro".

Anelo había quedado de cuidar a Inés una mañana, el acuerdo con uno de los familiares ya había sido sellado, sin embargo en la madrugada recibió una llamada.

"Recibo la llamada, abro una página de word y empiezo a escribir los textos que acompañan mi exposición".

La voz del otro lado, le informó que Inés, el Alacrán, su amigo, había fallecido.

"Fue un gran dolor, él cambio un chorro mi vida, sin embargo no pude llorar. Tiempo después decidí hacer una exposición, reuniendo historias".

Expresa que su intención es, que por medio de sus fotos, poder mostrar una perspectiva de la sociedad en general, dice, una sociedad humanizada.

En uno de sus textos titulados "Y te fuiste, Alacrán", Anelo plasma:

"Saber que te he perdido, que te has ido y no hay regreso; saberte lejos sin saber dónde, saber que tu existencia se me ha ido de este mundo palpable en donde podía encontrarte; perderte me ha hecho sentir una carencia de sentires. No sé qué siento. No conozco las palabras que lo expliquen y no logro inventar las adecuadas".

"Todo tiene sentido yo llegué aquí por el Alacrán, el afinó mi rumbo y finalmente puedo estar aquí y conocer el amor de mi vida".

El destino le tenía preparada una sorpresa a aquella niña de 16 años que se enamoró pronto de la esencia del personaje del Alacrán, fue él quien la llevó de la mano al camino que ahora habita. 

Anelo continuó visitando el comedor, al que el Alacrán pidió lo acompañara un día, fue ahí que conoció al hijo de Marcial.

Yered (hijo de Marcial) y Ana se convirtieron en padres el pasado 31 de diciembre.

El Alacrán sigue siendo su inspiración y continúa en esta labor, con su don de poder ver a esa parte de la sociedad que prácticamente camina como invisible, como oculta, pero que están ahí atesorando historias y vivencias.

En el último párrafo de la exposición Anelo regala estas palabras:

"Mapimí, El Palmito y Lerdo más que nada, hemos perdido el cuerpo de un personaje maravilloso. Tu recuerdo queda vivo en mí y en los que te conocimos, y orgullosamente me atrevo a decir que también en aquellos que me han escuchado hablar de ti con el entusiasmo que siempre lo he hecho".